Así debes acercarte a un perro que no conoces: el “saludo” que te evitará más de un mordisco

Así debes acercarte a un perro que no conoces: el “saludo” que te evitará más de un mordisco

Salir a pasear al perro y que alguien se acerque directamente a acariciarlo es una escena muy habitual. También lo es que quienes adoran a los perros no puedan resistirse a saludar a cada uno que se cruzan por la calle.

La mayoría de las veces no pasa nada. Muchos perros son sociables y aceptan las caricias de personas desconocidas sin problema. Pero debemos saber que no todos reaccionan igual. Para algunos, el contacto con extraños puede resultar estresante y, además, acercarse sin cuidado también puede acabar en un susto o incluso en un mordisco.

Por eso, antes de tocar a un perro que no conocemos, conviene pararse un momento y observar la situación. Un gesto tan sencillo como preguntar a su cuidador o acercarse con tranquilidad puede marcar la diferencia. Así no solo evitaremos incomodar al animal, sino que también reduciremos el riesgo de una reacción inesperada.

El error que casi todos cometemos al tocar a un perro desconocido

Aunque parece una obviedad, lo cierto es que no se suele pedir permiso al cuidador antes de tocar a su perro. Y es básico. Al fin y al cabo, es quien mejor conoce al animal y quien puede decirnos si en ese momento es adecuado acercarse o no. Muchos perros aceptan el contacto sin problema, pero otros pueden haber sufrido maltrato y temer a las personas, padecer alguna patología que les cause dolor o ser perros de trabajo o asistencia que están en fase de entrenamiento.

En algunos países se ha popularizado que los perros lleven collares o distintivos de colores, cada uno indicativo de una situación. Solo el verde significaría que los desconocidos pueden acercarse a tocarlo. Pero, en ausencia de esta información, nuestra obligación es preguntar al cuidador.

Este paso es necesario porque, aunque acariciar a los animales aporta beneficios para las personas y para los propios perros, las caricias de una persona desconocida consiguen el efecto contrario, causando un estrés innecesario al animal. Además, un perro que se ve amenazado por un contacto directo que no quiere puede reaccionar paralizándose, huyendo o atacando. Así, tocar a un perro desconocido es exponerse a recibir un mordisco.

Cómo acercarte a un perro desconocido sin asustarlo

Incluso recibiendo la aprobación del cuidador, no debemos acercarnos al perro directamente de frente y mirándole a los ojos. Para él, esta actitud podría suponer una amenaza y reaccionar en consecuencia (inmovilización, huida o ataque).

Por esta razón, para evitar un susto es mejor aproximarse de lado, poco a poco y sin fijar la mirada en el animal, pendientes siempre de su reacción. Solo seguiremos avanzando si esta es positiva, es decir, el perro se mantiene tranquilo en nuestro acercamiento.

En caso contrario, si se revuelve o muestra algún signo de potencial agresividad (eriza el pelo, muestra los dientes, etc.), debemos parar. Siempre hay que respetar su decisión. No se debe forzar ninguna interacción. En este sentido, no debemos intentar tocar a un perro atado, a una hembra con sus cachorros o cuando están dormidos o comiendo.

El gesto con la mano que tranquiliza a un perro desconocido

Cuando nos estamos acercando al perro, debemos extender la mano abierta con la palma hacia él, mostrándosela y manteniéndola por debajo de su cabeza. Si nos aproximamos con el brazo más alto y la mano abierta, pero con la palma hacia el suelo, ya directamente para tocarlo de arriba a abajo, el perro puede sentirse intimidado.

Es importante no tocarlo directamente, sino acercar la mano como hemos dicho y esperar a que sea él quien se acerque a olfatear. El olfateo es la mejor señal. Acostumbra a indicar que el perro está tranquilo y receptivo. Un perro estresado no olfatea. Por eso podemos interpretarlo como su permiso para seguir avanzando.

Muévete despacio y habla suave para no asustarle

En todos los pasos que demos para aproximarnos a un perro, esté solo o con su cuidador, es fundamental que vigilemos nuestros movimientos, así como el tono de nuestra voz. En otras palabras, debemos conducirnos siempre con calma, sin realizar ningún gesto brusco que pueda suponer una amenaza para el perro.

Igualmente, si queremos ir hablando debemos hacerlo en un tono suave, evitando gritos o tonos excesivamente agudos que puedan resultar molestos para el animal. Hay que mantener estas precauciones durante toda la interacción.

Dónde acariciar a un perro que no conoces (y dónde no)

Una vez que hemos conseguido el contacto con el perro, debemos limitarnos a acariciar las zonas que le resultan confortables para ser tocadas por desconocidos. Básicamente, pasaremos la mano abierta por la parte superior de la cabeza y el lomo. Y no lo haremos por mucho tiempo. Es mejor esperar la reacción del animal. Si quiere que lo sigamos acariciando, nos lo hará saber.

En este caso, podríamos acariciar los laterales de la cara y el pecho. Las orejas, las patas o, sobre todo, la zona central son partes del cuerpo delicadas y sensibles que debemos evitar. Incluso aunque el perro se tumbe boca arriba, es mejor acariciar el pecho y no descender la mano hasta la barriga.

En definitiva, antes de tocar a un perro desconocido debemos preguntarle a su cuidador. Si nos lo permite, haremos una aproximación suave, de lado y con la palma extendida hacia el animal para animarlo a olfatearnos. Solo si su actitud es receptiva podremos acariciarlo, siempre en las zonas menos comprometidas. De esta forma, evitaremos generarle estrés y reduciremos el riesgo de que nos muerda.

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Bibliografía
  • Morris, Desmond (1994): Observe a su perro. Barcelona: Plaza & Janés.