Los gatos pueden llegar a establecer vínculos muy estrechos con las personas, buscar su compañía e incluso reclamar caricias a diario. Peo eso no significa que todos disfruten siendo abrazados o besados como lo haría un perro o una persona. De hecho, interpretar correctamente su lenguaje corporal resulta esencial para respetar su bienestar.
Así lo explica el veterinario Carlos Gutiérrez, que advierte en uno de sus populares vídeos de YouTube que las muestras de afecto humanas no siempre son entendidas de la misma forma por los felinos y que el exceso de mimos puede acabar generando estrés.
Respetar las preferencias individuales de cada gato es uno de los pilares fundamentales para garantizar su bienestar. La ciencia coincide en que no existe un único comportamiento felino: cada animal desarrolla una tolerancia distinta al contacto físico en función de su personalidad, su socialización y sus experiencias previas.
Carlos Gutiérrez, veterinario: “Entre los gatos no existe nada parecido a los besos y los abrazos”
Carlos Gutiérrez comienza desmontando una de las ideas más extendidas entre los propietarios. "Lo primero que tenemos que entender es que ellos no ven este tipo de actividades de la misma forma que lo hacemos las personas", explica.
El veterinario señala que, en condiciones normales, los gatos no utilizan los besos ni los abrazos como forma de comunicación entre ellos. "En sus relaciones no hay nada que se parezca al tema de los besos y los abrazos", afirma.
Incluso aclara que uno de los comportamientos que muchas personas interpretan como una muestra de cariño felina tampoco tiene exactamente ese significado. "Ni siquiera el tema del lamido o del acicalado mutuo se puede considerar como una forma de beso entre gatos, porque para ellos es una forma de señalar quién está más arriba y quién está más abajo en la jerarquía social. El gato que acicala es el gato que domina".
Eso no significa que un gato nunca pueda aprender a disfrutar de estas demostraciones humanas de afecto. La convivencia cambia parte de esa percepción. "Cuando nuestros gatos conviven con nosotros en una estrecha relación dentro de casa, es posible que con el paso del tiempo aprendan que esa es una forma de afecto de nosotros hacia ellos", explica Gutiérrez.
Ronroneos, roces y lamidos: así responde un gato cuando disfruta de tus mimos
El veterinario insiste en que no todos reaccionan igual. "Generalmente, no solamente les damos un beso o un achuchón; después también les acariciamos y hacemos que estén a gusto. Por eso ellos pueden verlo como una actitud positiva".
En esos casos, algunos gatos incluso responden al afecto utilizando su propio lenguaje corporal. "Podemos ver gatos que disfrutan de ese momento, ronronean, se sienten a gusto e incluso te devuelven esa muestra de cariño de formas que ellos sí utilizan, como darte con la cabecita, rozarse contra ti o incluso algunos pueden llegar a imitarnos mediante el lamido", aclara Gutiérrez.
Los conocidos "cabezazos" o head bunting forman parte del repertorio social del gato y constituyen una forma habitual de reforzar vínculos mediante el intercambio de feromonas faciales.
Orejas hacia atrás y bigotes tensos: las señales de que tu gato no quiere más abrazos
El problema aparece cuando el propietario interpreta que todos los gatos desean el mismo nivel de contacto físico. "Hay grupos de gatos que no lo llevan nada bien", advierte Gutiérrez.
Muchos propietarios creen que, mientras el gato no huya, está disfrutando del momento. Sin embargo, los especialistas recuerdan que los felinos suelen expresar el malestar mediante señales muy sutiles. "Cuando nos acercamos y les rodeamos con nuestros brazos suelen ponerse bastante tensos. Incluso aunque no se marchen del sitio pueden empezar a mostrar signos de estar contrariados", advierte Gutiérrez.
El veterinario enumera algunos de esos indicadores:
- Aplanan las orejitas
- Ponen los bigotes rectos
- Te apartan la cabeza
- Te empujan con la pata
El mensaje que el animal intenta transmitir es claro: "Te está diciendo: "Humano, déjame un poquito en paz; si quieres acaríciame debajo de las mejillas, que eso me encanta", sostiene el veterinario.
Reconocer estas señales tempranas permite evitar situaciones de estrés y reduce significativamente el riesgo de arañazos o mordiscos defensivos.
No todo es cariño: dar demasiados premios y atender cada maullido puede reforzar malos hábitos
Para Gutiérrez, la clave no consiste en dejar de demostrar afecto, sino en hacerlo respetando la personalidad de cada animal. "Si vemos que nuestro gato responde afectuosamente a nuestros besos y abrazos, sí podemos hacerlo. Pero, lógicamente, dentro de un límite", argumenta. Ese límite aparece cuando el contacto físico empieza a interferir en la rutina natural del gato.
"No podemos estar todo el día dándole besos. Si siempre despiertas a tu compañero felino de sus siestas para darle besitos y abracitos, igual le deja de hacer gracia", añade.
Los gatos pueden dormir entre 12 y 16 horas diarias, e incluso más en cachorros y animales de edad avanzada. Ese descanso es fundamental para su equilibrio físico y emocional, por lo que interrumpirlo constantemente puede alterar sus patrones naturales.
El veterinario también recuerda que existe otro tipo de exceso de mimos que nada tiene que ver con el contacto físico. "Muchas veces mimar al gato significa darle demasiados caprichos, muchos premios, estar siempre pendientes de cuando maúlla o levantarnos a las cinco de la mañana para darle de comer".
Responder siempre a esas demandas puede favorecer conductas insistentes y convertir determinados comportamientos en hábitos difíciles de corregir.
Seguirte por casa, dormir cerca o rozarse contigo: así demuestra cariño un gato
Una de las mejores formas de fortalecer el vínculo con un gato consiste en observar cómo expresa él mismo el afecto.
Algunos buscan sentarse cerca de su propietario; otros prefieren dormir en la misma habitación, rozarse con las piernas, seguir a la persona por la casa o frotar la cabeza contra sus manos. Son formas naturales de comunicación que no siempre implican aceptar abrazos o besos.
Por eso, Carlos Gutiérrez concluye que no existe una única manera correcta de querer a un gato. Hay felinos que disfrutan del contacto físico intenso y otros que prefieren mantener cierta distancia. Respetar esas diferencias no debilita la relación. Al contrario, fortalece la confianza y permite construir un vínculo basado en el bienestar del animal y no únicamente en las necesidades afectivas de las personas.
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