Carlos Gutiérrez, veterinario: “Prohibir la cría de ciertas razas de gatos no acaba con el problema, hay que frenar la demanda”

Carlos Gutiérrez, veterinario: “Prohibir la cría de ciertas razas de gatos no acaba con el problema, hay que frenar la demanda”

“No todo vale. No porque queramos tener un gato con determinadas características tenemos que hacerle sufrir durante toda su vida”. Así lo explica Carlos Gutiérrez, veterinario y divulgador especializado en animales de compañía, en un vídeo publicado en su canal de YouTube Mascotas y Familias Felices en el que analiza las restricciones que distintos países están imponiendo a la cría y tenencia de determinadas razas de gatos.

Uno de los casos más recientes es el de Países Bajos, donde desde el 1 de enero de 2026 está prohibido adquirir y tener nuevos gatos con orejas plegadas y gatos sin pelo funcional, características presentes en animales como el Scottish Fold y el Sphynx. Los ejemplares anteriores a esa fecha pueden continuar con sus familias si cumplen las condiciones establecidas por la normativa.

El Scottish Fold, el Sphynx, el persa y el Manx pueden sufrir problemas de salud relacionados con sus rasgos físicos

Gutiérrez comienza opinando sobre el Scottish Fold, conocido por sus características orejas dobladas. “Para tener las orejas rizadas estamos afectando a todos los cartílagos de su cuerpo”, explica.

La evidencia científica relaciona ese aspecto con una variante dominante del gen TRPV4, asociada a la osteocondrodisplasia. Puede ocasionar alteraciones del cartílago y el hueso, deformaciones y enfermedad articular, aunque la gravedad y la aparición de signos clínicos no son iguales en todos los ejemplares.

“Aunque nos parezcan muy monos solamente por esas orejillas, eso puede tener muchísimas implicaciones en la salud del gato”, advierte el veterinario.

Otro ejemplo es el Sphynx. Gutiérrez recuerda que el pelo cumple funciones de protección y destaca además la importancia de los bigotes como órganos sensoriales. Las autoridades neerlandesas consideran que la falta de un pelaje funcional puede dificultar la regulación de la temperatura, mientras que la ausencia de vibrisas limita capacidades sensoriales esenciales. Estos animales también pueden ser más vulnerables a determinados problemas cutáneos.

Gutiérrez incorpora al debate al persa y su cara extremadamente achatada. “Las fosas nasales dentro están muy reducidas, les impide, por ejemplo, respirar en condiciones”, señala. La investigación sobre gatos braquicéfalos ha encontrado una asociación entre una conformación craneal más extrema y alteraciones como la reducción de determinados espacios de las vías respiratorias, además de problemas oculares y dentales.

También menciona al Manx, cuya ausencia total o parcial de cola puede ir acompañada en algunos ejemplares de anomalías vertebrales, neurológicas y locomotoras.

Prohibir la cría no basta para frenar la demanda de gatos con rasgos extremos

Una parte central del argumento de Gutiérrez es la diferencia entre prohibir la cría y prohibir la tenencia. En el primer caso se impide producir esos animales dentro de un territorio, pero todavía existe la posibilidad de adquirirlos en otro país.

“Está muy bien prohibir la cría, pero eso no termina con el problema, porque puedes comprar el gato o el perro en cualquier otro país de tu entorno”, sostiene el especialista.

Por eso considera especialmente relevante la decisión neerlandesa. “Prohibir la cría de ciertas razas de gatos no termina con el problema; hay que atacar la demanda. Y cuando se prohíbe la tenencia justamente se ataca la demanda. Esa es una medida muy importante”, afirma.

El Gobierno de Países Bajos utiliza un razonamiento similar: impedir que se incorporen nuevos ejemplares con esas características a los hogares busca reducir el mercado que mantiene su reproducción.

Gutiérrez considera que la experiencia con determinadas razas de perros debería servir como advertencia. Durante generaciones, la búsqueda de cuerpos cada vez más pequeños, cabezas grandes o hocicos muy cortos ha llevado en algunos casos a conformaciones que dificultan funciones normales.

“No debemos caer en el mismo error con los gatos”, afirma. Para el veterinario, no existe una justificación suficiente para crear nuevas variedades únicamente para obtener un aspecto llamativo cuando ese objetivo puede ocasionar problemas de bienestar, adaptación o comportamiento.

Qué ocurre en España y el caso de los gatos híbridos

España no cuenta actualmente con una prohibición general de tenencia del Scottish Fold, Sphynx o persa equivalente a la neerlandesa. Sin embargo, la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales prohíbe “actuaciones o prácticas de selección genética que conlleven problemas o alteraciones graves en la salud del animal”.

Una cuestión distinta es la de los híbridos con felinos silvestres. Gutiérrez pone como ejemplo al Savannah, cuyo origen está en cruces entre gatos domésticos y el serval africano. También menciona al bengalí. “Estos descendientes siguen manteniendo actitudes muy marcadas de sus antecesores silvestres, porque lo tienen muy cerquita”, sostiene.

En las primeras generaciones, la proximidad genética con especies silvestres plantea cuestiones relacionadas con el comportamiento, la adaptación al entorno doméstico y la propia regulación de su tenencia.

En España, la Ley 7/2023 establece un listado positivo para las especies silvestres que pueden mantenerse como animales de compañía. Mientras se desarrolla, además, mantiene restricciones para determinados mamíferos silvestres, entre ellos los que superen los cinco kilos de peso adulto. Por eso mismo la situación jurídica de los híbridos exige atender a su origen y características y no puede resumirse afirmando que cualquier Savannah está automáticamente prohibido.

Para Gutiérrez, el objetivo final no debería ser señalar a los animales: “No se trata de poner el foco en los gatos, independientemente de la raza que sean. Estamos poniendo el foco precisamente en los humanos”, resalta.

Su propuesta consiste en actuar antes de que determinadas características extremas continúen consolidándose por motivos estéticos. Si el consumidor deja de poder adquirir animales cuya propia morfología compromete seriamente su bienestar, argumenta, desaparece buena parte del incentivo económico para producirlos. De ahí su defensa de normas que establezcan límites a la cría y comercialización: el aspecto deseado por una persona, sostiene, no debería conseguirse a costa de la salud del gato.

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