Escuchar el océano puede revelar comportamientos animales difíciles de observar desde un barco. Investigadores de la Florida Atlantic University (FAU) utilizaron un vehículo autónomo equipado con sensores acústicos para estudiar a los delfines de la costa atlántica de Florida y descubrieron que los lugares donde se comunican socialmente no coinciden necesariamente con aquellos en los que buscan alimento.
El resultado es una especie de mapa acústico del comportamiento de los delfines, capaz de señalar posibles zonas de alimentación y espacios importantes para sus relaciones sociales sin necesidad de observar directamente a los animales. El estudio fue publicado en la revista científica PeerJ.
Las grabaciones establecen que los delfines utilizan dos tipos de sonidos para comunicarse
La investigación analizó el paisaje sonoro de la plataforma continental de la costa este de Florida. Durante dos meses, un wave glider, un vehículo autónomo impulsado por las olas y equipado con una grabadora submarina, recogió datos sobre los sonidos de los cetáceos y las condiciones ambientales.
En total se analizaron 14.974 archivos, equivalentes a casi 62 horas de grabación. Los investigadores detectaron delfines en 1.691 registros. Los silbidos aparecieron en el 55,4% de esas detecciones, los sonidos relacionados con la ecolocalización en el 29,5% y ambos simultáneamente en el 15,1%.
Los dos tipos de sonidos cumplen funciones diferentes. Los silbidos tienen un papel fundamental en la comunicación social, mientras que los rápidos clics de ecolocalización funcionan como un sofisticado sonar: el animal emite sonidos y analiza sus ecos para orientarse y localizar objetos y posibles presas.
Los mapas mostraron que los silbidos se concentraban especialmente cerca de la costa, con áreas destacadas próximas a St. Augustine y Ponce Inlet. La ecolocalización presentó otro patrón, desde Melbourne hasta Ponce Inlet y también mar adentro, hacia Long John Reef.
El delfín mular es la especie más estudiada y la que emite un silbido más característico
Los investigadores hablan todo el tiempo de delphinids (delfínidos) y no de una única especie. El método utilizado detecta silbidos y ecolocalizaciones, pero esos registros no permiten atribuir con seguridad cada sonido a una especie determinada.
En la costa atlántica de Florida pueden encontrarse varias especies de delfínidos. Entre ellas figura el delfín mular o nariz de botella (Tursiops truncatus), muy habitual en aguas costeras de Florida, además de especies más oceánicas.
El propio equipo de FAU ya había empleado esta tecnología para estudiar la presencia general de delfínidos en la plataforma oriental de Florida, precisamente porque la identificación acústica a nivel de especie presenta limitaciones.
El delfín mular es, en cualquier caso, una de las especies mejor estudiadas del estado. Las investigaciones desarrolladas durante décadas en Sarasota Bay, en la costa occidental de Florida, han demostrado que estos animales forman sociedades complejas y mantienen relaciones durante años.
Cada ejemplar desarrolla además un silbido característico, una señal individual que funciona de manera comparable a un identificador acústico. La base de datos de Sarasota reúne grabaciones de 293 individuos obtenidas a lo largo de décadas.
El mapa acústico revela dónde están las zonas de caza de los delfines
Uno de los resultados más interesantes apareció al comparar los clics de ecolocalización con los sonidos producidos por los peces. Las zonas donde los delfines parecían buscar alimento coincidían en parte con lugares donde abundaban peces soníferos, especies capaces de producir sonidos.
Esto plantea una posibilidad fascinante: los delfines podrían no depender exclusivamente de su ecolocalización para encontrar comida, sino también escuchar directamente a sus presas. La hipótesis tiene antecedentes científicos. Experimentos realizados con delfines mulares salvajes en Sarasota ya demostraron que podían responder a vocalizaciones de peces, proporcionando evidencia de que la escucha pasiva puede ayudarles a localizar alimento.
Los investigadores encontraron incluso lugares donde los sonidos de los peces disminuían cuando aparecían señales de delfines. Una explicación que deberá investigarse es que algunas presas puedan guardar silencio al detectar la proximidad del depredador, pero que sirve para entender dónde viven los delfines y dónde buscan el alimento.
El ruido de los barcos provoca cambios importantes en la comunicación de los delfines
El trabajo de la FAU tiene una aplicación directa para la conservación. El sonido de las embarcaciones puede enmascarar las señales de los delfines, dificultando su comunicación y también la capacidad de los investigadores para detectarlos. El problema adquiere especial importancia porque algunas de las zonas con abundantes silbidos coinciden con áreas sometidas a intenso tráfico marítimo.
Los mapas acústicos podrían servir así para identificar áreas especialmente importantes para alimentarse o socializar y comprobar dónde coinciden con las actividades humanas. Además, los vehículos autónomos pueden trabajar durante semanas y cubrir superficies mucho mayores que las campañas tradicionales realizadas desde barcos.
El hallazgo cambia también la manera de entender el hábitat de estos cetáceos: un mismo espacio marino puede cumplir funciones completamente diferentes dependiendo de si los animales buscan comida, navegan o se comunican. Escuchar qué hacen bajo el agua permite acercase a una geografía que hasta ahora permanecía prácticamente invisible.
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