Muchos tutores de gatos han vivido una experiencia similar: llega un felino a casa y, al poco tiempo, los ratoncitos y las ratas han desaparecido del vecindario. Se podría pensar: “¡Qué listo es mi gato, las ha cazado!”. Sin embargo, la ciencia lleva años demostrando que eso no es exactamente lo que ocurre. Las ratas no desaparecen cuando llega un gato, simplemente se vuelven invisibles.
En 2018, el ecólogo Michael H. Parsons, de la Universidad de Fordham (Nueva York), publicó en la revista Frontiers in Ecology and Evolution un estudio que nadie había hecho antes: documentar con cámaras lo que realmente sucede cuando los gatos y las ratas se ven obligadas a compartir un mismo espacio. Los resultados son sorprendentes y ayudan a desmontar un mito que hemos alimentado durante siglos.
El “efecto invisibilidad”: por qué creemos que los gatos cazan ratas
Lo que descubrió Parsons no fue una cacería salvaje, sino algo parecido al juego del escondite. Su equipo llevaba tiempo estudiando una colonia de más de cien ratas en una planta de reciclaje ubicada en Brooklyn. Un día aparecieron varios gatos callejeros y decidieron quedarse a vivir allí, momento que aprovecharon los investigadores para filmar lo que iba a suceder después.
El resultado fue revelador. Con la presencia de los gatos, las ratas ni eran cazadas por ellos ni tampoco huían: pasaban un 20 % más de su tiempo en zonas donde se sentían seguras y permanecían muchas más horas escondidas en sus madrigueras.
Es decir, las ratas seguían allí, pero se hacían mucho menos visibles para cualquier observador humano. Ese es el mecanismo que explica por qué el mito funciona tan bien: si dejas de ver ratas, asumes que el gato se las ha comido. Pero la población de roedores permanecía intacta.
Solo 2 capturas en 79 días: las cifras que demuestran que los gatos no son cazadores de ratas
El equipo de Parsons analizó 306 grabaciones a lo largo de 79 días. Aunque había varios gatos conviviendo a diario con la colonia de roedores, los investigadores solo registraron 20 acechos, 3 intentos reales de caza y 2 capturas. Son cifras realmente bajas y eso, según Parsons, tiene una explicación: “Las ratas reaccionan ante los gatos como cualquier presa cuando se sienten amenazadas por un depredador: exageran el peligro”. Y eso les lleva a exponerse menos.
En el tercer intento de captura, un gato persiguió a otra rata al salir de su escondrijo, pero el felino se cansó de perseguirla y se marchó antes de atraparla.
¿Por qué los gatos han intentado cazar en tan pocas ocasiones a los roedores? Una de las razones podría ser que las ratas urbanas son presas que no lo ponen nada fácil. Una rata parda adulta supera los 300 gramos y ese peso lógicamente responde a un tamaño que es diez veces más grande que el que tiene un ratón doméstico. Los gatos prefieren cazar roedores más pequeños, como ratones. Así evitan que les arañen o muerdan. También reducen el riesgo de salir malheridos en una pelea.
Gregory Glass, investigador de la Universidad de Florida, lo ha explicado con claridad en Scientific American. Cuando una rata se convierte en adulta, es demasiado grande y agresiva como para que un gato quiera enfrentarse a ella. De hecho, según Glass, no es extraño ver a gatos y ratas comiendo del mismo cubo de basura, cada uno a lo suyo, como si el otro no existiera.
La historia que desmonta el mito: los humanos que domesticaron al gato ni siquiera sabían qué era una rata
Eneko Arrondo, investigador de la Universidad de Granada, ha explicado en un artículo publicado en The Conversation por qué el mito del gato cazador de ratas tampoco tiene base histórica.
Los gatos fueron domesticados en Oriente Próximo hace unos diez mil años. Y aquí viene el dato clave: en aquella época y en aquella región, las ratas no existían. Los humanos que domesticaron a los primeros gatos nunca habían visto una rata. La rata negra llegó mucho después procedente de la India y la rata parda hizo lo propio desde la lejana China.
Es decir, cuando los primeros gatos empezaron a convivir con los humanos, las ratas ni siquiera estaban allí. Así que resulta imposible que los humanos hubieran domesticado a los felinos para cazar a estos roedores.
Ni gatos ni trampas: los perros que realmente se encargaban de las ratas
Y si no fueron los gatos los encargados de luchar contra las ratas, ¿quién se ocupó de esa tarea? La respuesta sorprende: los perros.
Según el investigador Arrondo, los humanos siempre han confiado más en los perros que en los gatos para mantener a raya a las ratas. Y basta con fijarse en los nombres de algunas razas para entenderlo: el rat terrier norteamericano se llama así, literalmente, porque fue criado para cazar ratas en granjas y almacenes.
Pero el ejemplo más llamativo está en España. El ratonero bodeguero andaluz es una raza que nació en las bodegas de Jerez entre los siglos XVIII y XIX. Los comerciantes ingleses de vino trajeron consigo fox terriers y los cruzaron con perros ratoneros de la zona. El resultado fue un perro ágil y rápido, pensado para cazar ratas dentro de las bodegas. Y con una característica muy particular: el color blanco de su pelaje, que permitía a los bodegueros verlos moverse entre las barricas, en espacios donde apenas entraba la luz.
Tu gato no caza ratas, pero sí necesita sentir que caza
Si las ratas no son su presa habitual, ¿qué cazan los gatos en realidad? Un macroestudio publicado en Nature Communications en 2023 analizó la dieta de gatos de todo el mundo que viven en libertad e identificó más de 2.000 especies diferentes que forman parte de su menú.
El resultado es llamativo: de todas esas especies, casi la mitad son aves. Les siguen los reptiles y, en tercer lugar, los mamíferos, donde entran los roedores pero también muchos otros animales pequeños. Es decir, las ratas no tienen casi presencia en la dieta de un gato. Para que nos hagamos una idea: incluso en una ciudad como Nueva York, donde hay ratas por todas partes, los gatos callejeros apenas las comen.
Pero que tu gato no cace ratas no significa que haya perdido su instinto cazador. Todo lo contrario. Jaume Fatjó, veterinario y experto en comportamiento animal de la Universitat Autònoma de Barcelona, lo tiene claro: “El gato doméstico necesita sentir que caza para estar bien”. Un truco sencillo es esconder pequeñas porciones de comida por la casa para que las busque y las descubra. Así mantiene activo su instinto cazador de una forma segura y divertida. También es recomendable que juegues con tu felino utilizando la típica caña para gatos, ya que es otro de los juguetes que estimula su instinto.
Así que la próxima vez que dejes de ver ratas por el vecindario, ya sabes: no es que tu gato las haya cazado. Es que se han refugiado mejor. Eso sí, escóndele algún premio por la casa de vez en cuando o juega con él. Te lo agradecerá.
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