Estas son las razas de perro que más roban en Europa y por qué las buscan las mafias

Estas son las razas de perro que más roban en Europa y por qué las buscan las mafias

El robo de perros ha dejado de ser un delito oportunista para convertirse en un negocio cada vez más organizado en varios países europeos. Las investigaciones policiales y los registros de aseguradoras y bases de identificación animal muestran que los delincuentes no actúan al azar: seleccionan determinadas razas por su elevada demanda, su precio de mercado o su potencial para alimentar redes de cría clandestina.

Aunque España no dispone de una estadística oficial que detalle los robos por raza, los expertos consideran que las tendencias detectadas en países como Reino Unido, Francia o Bélgica son extrapolables, ya que responden a un mercado ilegal que opera a escala internacional.

El problema preocupa también a las instituciones europeas. La Unión Europea aprobó este año el primer reglamento común sobre bienestar, identificación y trazabilidad de perros y gatos, precisamente con el objetivo de dificultar el comercio ilícito y facilitar el seguimiento de los animales a través de sistemas interoperables de identificación.

Bulldog francés, chihuahua y yorkshire: los perros más buscados por los ladrones

Los registros elaborados por aseguradoras británicas, bases oficiales de identificación belgas y asociaciones protectoras francesas coinciden en señalar que existe un grupo de razas especialmente vulnerable.

El bulldog francés encabeza la mayoría de los listados europeos. Su enorme popularidad, especialmente en las ciudades, y su elevado precio -que puede superar los 2.500 euros en determinados mercados ilegales- lo convierten en el principal objetivo de los ladrones. A ello se suma que su reproducción resulta compleja, lo que incrementa aún más el valor de ejemplares destinados a la cría clandestina.

También aparecen de forma recurrente el chihuahua y el yorkshire terrier. Su pequeño tamaño facilita que puedan ser sustraídos en cuestión de segundos en parques, terrazas o a la puerta de un comercio, sin despertar demasiadas sospechas. Los delincuentes aprovechan descuidos de los propietarios para ocultarlos rápidamente y abandonar el lugar antes de que la víctima pueda reaccionar.

Las estadísticas más recientes muestran además un incremento del robo de perros de trabajo y de presa, como el staffordshire bull terrier, el staffordshire terrier americano (amstaff), el pastor belga malinois y el pastor alemán, especialmente cuando se trata de cachorros o ejemplares jóvenes. En estos casos, el interés suele estar relacionado con la reproducción ilegal, el adiestramiento para actividades ilícitas o, en algunos países, el circuito clandestino de peleas de perros.

Otra raza cuyo riesgo ha aumentado es el téckel o perro salchicha. Su enorme popularidad en los últimos años ha disparado la demanda y, con ella, el interés de las mafias especializadas en la reventa de animales de raza.

Qué ocurre con los perros robados: reventa, cría clandestina y traslado a otros países

El principal motivo sigue siendo económico. El comercio ilegal de animales de compañía mueve millones de euros cada año en Europa y presenta un riesgo relativamente bajo para las organizaciones criminales si se compara con otros delitos contra el patrimonio.

Los perros robados pueden acabar en diferentes circuitos. Algunos son revendidos a compradores que desconocen su origen; otros se utilizan para criar camadas de forma clandestina, mientras que determinados ejemplares son destinados a actividades ilegales o trasladados rápidamente a otros países para dificultar su localización.

La Unión Europea reconoce precisamente que el crecimiento de las ventas por internet y el tráfico transfronterizo han favorecido estas redes, motivo por el que el nuevo reglamento obliga a reforzar la identificación mediante microchip, el registro de perros y gatos y la verificación de los anuncios publicados en plataformas digitales.

Aunque no existen datos oficiales que cuantifiquen el número de perros robados cada año en España, el fenómeno preocupa a las autoridades por su conexión con el comercio ilegal de mascotas y por la facilidad con la que un animal puede ser trasladado fuera del país en pocas horas.

El microchip puede ayudarte a recuperar a tu perro robado, pero solo si has actualizado este dato

La principal herramienta para combatir estos delitos sigue siendo el microchip. La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales establece que perros, gatos y hurones deben estar identificados mediante microchip e inscritos en el registro correspondiente de cada comunidad autónoma. Esa identificación constituye la prueba fundamental para acreditar la titularidad del animal en caso de desaparición o robo.

La normativa europea aprobada en 2026 refuerza todavía más este sistema al establecer normas comunes para la identificación y la trazabilidad de perros y gatos en todos los Estados miembros. El objetivo es dificultar que un animal robado pueda cambiar fácilmente de propietario o ser comercializado con documentación falsa.

El microchip solo resulta eficaz si los datos del propietario están correctamente actualizados. Un teléfono antiguo o un cambio de domicilio no comunicado puede retrasar o incluso impedir la localización del responsable legal del animal.

Qué hacer en las primeras horas si te roban el perro: denuncia, microchip y cámaras

La rapidez de actuación puede marcar la diferencia. Los especialistas recomiendan denunciar inmediatamente los hechos ante la Policía Nacional o la Guardia Civil, aportando el número de microchip, fotografías recientes y cualquier documentación que acredite la propiedad del animal.

También conviene comunicar la desaparición al registro autonómico de identificación animal y avisar al veterinario habitual para que quede constancia del robo. Las protectoras, refugios y clínicas veterinarias de la zona pueden desempeñar un papel importante si el animal aparece abandonado o alguien intenta identificarlo.

Los expertos aconsejan, además, recopilar toda la información posible sobre el momento de la desaparición, revisar cámaras de seguridad cercanas y difundir el caso con prudencia en redes sociales, evitando publicar datos que puedan ser aprovechados por personas que intenten solicitar dinero a cambio de información falsa.

No es bueno dejar al perro atado en la puerta de un establecimiento, permitir que permanezca solo en jardines visibles desde la calle o publicar en tiempo real las rutas habituales de paseo cuando se trata de razas especialmente demandadas. Cada vez más propietarios recurren también a collares con dispositivos GPS, que no sustituyen al microchip pero pueden facilitar una localización inmediata durante las primeras horas.

La combinación de identificación obligatoria, denuncia rápida y colaboración con veterinarios y fuerzas de seguridad sigue siendo, por ahora, la estrategia más eficaz para aumentar las posibilidades de recuperar un perro robado y dificultar la actividad de unas redes criminales que encuentran en el comercio ilegal de mascotas un negocio cada vez más rentable.

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