España ha alcanzado un avance sin precedentes en la gestión de recursos sociales con el primer ingreso de un gato en una residencia pública para personas sin hogar. Por desgracia, las personas sin hogar abundan en nuestra sociedad. Aunque sobre ellas circulan tópicos, como que siempre son delincuentes o adictos a diferentes sustancias, lo cierto es que cualquier persona podría acabar en situación de calle, por ejemplo, si pierde su empleo.
Para intentar ayudar a estas personas las administraciones ofrecen distintos recursos, como los centros residenciales, de distinta naturaleza, donde se suelen poder quedar un tiempo mientras mejoran su situación. Pero existe un problema: en estos centros estaba prohibida la entrada de animales de compañía.
Un precedente sin igual: el fin de la exclusión para los gatos en centros residenciales públicos
Tras años de lucha desde distintos colectivos, hasta el momento se había conseguido que los perros, desde el año 2016, sí pudiesen acompañar a sus cuidadores en centros para personas sin recursos, primero en los de ámbito privado, como albergues o pisos sociales, y, a partir de 2022-2023, también en centros de gestión pública.
Pero los gatos todavía eran una asignatura pendiente. Por este motivo, consideramos un hito que, por fin, se haya podido recibir a un gato en un centro residencial público, en este caso, se trata de un centro de larga estancia de Barcelona.
Conocemos la noticia gracias a FAADA, una Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales que ha participado en este logro. Como explican, se ha logrado después de “años de esfuerzo y trabajo conjunto”, y supone todo un hito al ser el primer gato que lo logra en toda España.
Un incendio, largas esperas y redes de apoyo: el difícil camino hasta conseguir el ingreso
La historia que cuenta FAADA, que, esperamos, siente un precedente y abra las puertas a estos centros a todas las personas y gatos que lo necesiten, habla de lucha, trabajo y un camino difícil, pues el traslado al centro de M. y su gato Age estaba previsto para finales del 2025, pero, por un incendio en el centro de destino, no pudo hacerse efectivo hasta ahora.
En este tiempo, ¿cómo pudo esta persona hacerse cargo de su gato? Desde FAADA explican que tuvo que apoyarse en personas de su red de contactos para que fueran ellas las que cuidasen de su gato mientras llegaba el ansiado momento del ingreso en el centro.
Pero no todo el mundo puede contar con estos apoyos, lo que deja a los gatos desprotegidos, pero, también, a sus cuidadores, ya que les impide acceder a recursos que podrían favorecer, mucho, su calidad de vida y su integración en la sociedad. Además, sentirse incapaces de cuidar de su gato, en numerosas ocasiones su única compañía, puede perjudicar a nivel psicológico y repercutir en la autoestima.
Convivencia segura y responsable: los gatos de los centros reciben asistencia veterinaria
Antes de entrar en el centro, el gato Age fue identificado con microchip, esterilizado, desparasitado y vacunado, es decir, está al día en cuanto a requisitos veterinarios, así como respecto a la legislación vigente, pues la actual Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, obliga a los cuidadores a identificar con microchip a todos los gatos y a esterilizados antes de que cumplan los seis meses de edad.
También deben recibir las desparasitaciones y las vacunas pertinentes para preservar su salud y la de los demás. No hay que olvidar que algunos parásitos podrían afectar también a las personas o a otros animales. Por este motivo, la higiene y los cuidados veterinarios son imprescindibles para garantizar una convivencia segura.
Además, según señala FAADA, la red de estos centros cuenta con un convenio de colaboración multidisciplinar para la atención veterinaria. Igualmente, disponen de una subvención para comprar pienso, que pueden solicitar todos aquellos centros en los que ya están viviendo animales de compañía. Estas medidas aseguran que los perros y los gatos residentes estén bien alimentados y con todas sus necesidades veterinarias cubiertas.
Mantener a los animales junto a sus cuidadores es una cuestión vital
Como ya hemos comentado, muchas personas que estaban en la calle con sus animales no accedían a recursos, como los centros, porque se les obligaba a dejarlos fuera. Es decir, tenían que escoger entre tener un techo o seguir con sus compañeros animales, en ocasiones, su única familia. Esta decisión hacía que muchos prefiriesen quedarse en la calle antes que abandonarlos o deshacerse de ellos, con los perjuicios de los que ya hemos hablado.
Por este motivo, el hito que supone que un gato pueda entrar a vivir en un centro residencial va a suponer una enorme diferencia (y alivio) para muchas personas. Aunque el recurso sea una solución temporal como hogar de tránsito, puede ser la base de un cambio y una mejora en la vida, una inclusión social que no rompe los vínculos afectivos establecidos hasta el momento, en este caso, con un animal. No es una cuestión menor: los gatos pueden ser para sus cuidadores un elemento fundamental en su autoestima, autopercepción y, en general, salud mental.
En definitiva, si hasta el momento solo los perros podían acompañar a sus cuidadores en los centros residenciales públicos, desde ahora esta posibilidad está abierta también a los gatos. Con apoyo para garantizar sus cuidados, la medida permitirá beneficiar a muchas personas, que verán ahora más cerca la posibilidad de salir de su situación de exclusión social, sin perder el vínculo con su compañero.
Si deseas leer más artículos parecidos a Hito histórico en España: Age, el primer gato que logra entrar en un centro residencial para personas sin hogar, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Curiosidades del mundo animal.
- Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, BOE núm. 75, de 29 de marzo de 2023. Disponible en https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2023-7936