Las imágenes grabadas en la localidad jienense de Úbeda han generado una enorme indignación entre miles de personas. En ellas puede verse cómo una mujer entra en un jardín público y vacía los recipientes con agua y comida destinados a una colonia felina mientras es grabada por un vecino que intenta impedirlo.
Durante la discusión, la propia mujer reconoce ante la cámara que retira el agua y el alimento a los animales de forma habitual, al tiempo que profiere insultos contra quien registra la escena. El vídeo, difundido inicialmente por el Partido Animalista PACMA, ha superado ampliamente el millón de visualizaciones en redes sociales y ha provocado una intensa reacción ciudadana.
Según ha explicado PACMA, los recipientes habían sido colocados por el gestor autorizado de la colonia, una figura contemplada dentro de los programas municipales de gestión ética de gatos comunitarios.
La formación animalista calificó de "intolerable" retirar deliberadamente el agua a los animales en plena época de altas temperaturas y recordó que las colonias controladas dependen precisamente de personas acreditadas que se encargan de proporcionar alimento, agua, vigilancia sanitaria y seguimiento de los ejemplares.
Aunque por el momento no se conocen las posibles consecuencias legales del caso, el episodio ha servido para poner sobre la mesa una cuestión que genera frecuentes conflictos vecinales: hasta qué punto está protegida una colonia felina y qué obligaciones existen respecto a estos animales que viven en libertad.
La ley protege las colonias felinas: qué puede pasar si alguien retira sus bebederos o comederos
La aprobación de la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales supuso un cambio profundo en la gestión de los gatos comunitarios en España. La norma reconoce oficialmente la existencia de las colonias felinas y obliga a las administraciones locales a desarrollar programas de gestión ética mediante el conocido método CER (captura, esterilización y retorno).
Este sistema persigue estabilizar la población felina, mejorar su estado sanitario y reducir progresivamente los conflictos con la ciudadanía. Para ello, los ayuntamientos suelen designar gestores de colonia -muchas veces voluntarios formados y acreditados- encargados de alimentar a los animales, proporcionarles agua limpia, controlar su estado de salud y colaborar con los servicios veterinarios municipales.
En este contexto, interferir deliberadamente con el trabajo de estos gestores puede suponer mucho más que una simple disputa vecinal. Impedir el acceso al agua, destruir los puntos de alimentación o acosar a los animales dificulta el funcionamiento del programa de gestión y puede comprometer seriamente el bienestar de la colonia.
Durante las olas de calor, el acceso permanente al agua resulta esencial para evitar cuadros de deshidratación, golpes de calor y otras complicaciones que pueden resultar mortales, especialmente en cachorros, animales ancianos o ejemplares enfermos.
Más de 35 grados y poca agua: el cóctel que dispara el riesgo de deshidratación en los gatos
A diferencia de otras especies, los gatos suelen beber poca cantidad de agua de forma natural, una característica heredada de sus antepasados del desierto. Precisamente por ello necesitan disponer de agua fresca durante todo el día para mantener un correcto equilibrio hídrico.
Durante el verano, cuando las temperaturas superan ampliamente los 35 grados en muchas zonas de España, la pérdida de líquidos aumenta considerablemente y el riesgo de deshidratación se dispara.
Los veterinarios advierten de que los primeros síntomas pueden incluir apatía, jadeo, encías secas, pérdida de elasticidad de la piel o debilidad, aunque en los casos más graves pueden aparecer alteraciones renales, fallo multiorgánico e incluso la muerte.
Los gatos comunitarios presentan además una dificultad añadida: dependen de los puntos de agua que mantienen los cuidadores autorizados, ya que muchas fuentes naturales desaparecen durante el verano y el acceso a agua limpia en entornos urbanos suele ser muy limitado.
La guerra vecinal por las colonias felinas se extiende: agua retirada, refugios destruidos y gatos desplazados
Lo ocurrido en Úbeda no constituye un episodio aislado. Desde la entrada en vigor de la Ley de Bienestar Animal, numerosas ciudades españolas han registrado numerosos conflictos entre gestores de colonias felinas y vecinos que rechazan su presencia. En muchos casos, las disputas han girado precisamente en torno a la retirada de recipientes con agua y comida, la destrucción de refugios o la reubicación de los animales al margen de los programas oficiales de control.
PACMA denunció ya varias veces que varios gatos comunitarios permanecieron temporalmente sin agua ni alimento después de que los recipientes colocados por la persona autorizada para gestionar la colonia fueran retirados y arrojados a la basura en plena ola de calor. La organización pide consecuentemente a los autoridades que garanticen el correcto funcionamiento del programa CER y eviten nuevas interferencias en el trabajo de los cuidadores.
Paradójicamente, el propio Ayuntamiento de Úbeda ha reforzado este año su apuesta por la gestión ética de las colonias felinas. El consistorio informó en marzo de la distribución de más de 4.200 kilos de pienso para alimentar a 834 gatos censados y coordina el trabajo de decenas de personas voluntarias dentro del proyecto CER, que incluye alimentación, esterilización y seguimiento veterinario de los animales. Además, la información municipal recuerda que la aplicación de este método forma parte de las competencias de protección animal del municipio.
Para los especialistas en bienestar animal, estos episodios evidencian que la principal dificultad ya no reside en la ausencia de legislación, sino en lograr una convivencia entre vecinos y colonias felinas basada en el cumplimiento de la norma y en la información sobre el papel que desempeñan estos programas para controlar la población de gatos de forma ética y eficaz.
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