Los perros llevan miles de años conviviendo con los humanos, pero eso no significa que hayamos aprendido a interpretar correctamente todas sus señales. De hecho, muchas de las conductas que consideramos “obvias” pueden tener significados muy diferentes a los que les atribuimos desde nuestra perspectiva humana. Así, un gesto que interpretamos como afecto, como el lamido, puede esconder un significado completamente distinto.
El educador y etólogo canino Juan Manuel Liquindoli desmonta esa idea de una forma clara y contundente: “El lamido no siempre es amor”. A partir de ahí, el experto insiste en una idea clave para entender mejor a los perros: no quedarse con el gesto aislado, sino analizar siempre el contexto completo en el que ocurre.
El lamido en perros no siempre es una muestra de cariño
Según Juan Manuel Liquindoli, este comportamiento no puede interpretarse de forma automática como una señal de afecto. Tal y como advierte en su vídeo, compartido en su perfil de Instagram, “el lamido puede ser afiliativo, pero también puede ser una forma de calmarse, de gestionar la ansiedad o de pedir espacio”.
Por eso, los perros no solo lamen cuando quieren mostrar su amor a otro individuo. El experto explica que este gesto puede darse en situaciones de alta activación emocional, como el juego intenso, la excitación o incluso el estrés. En algunos casos, aparece cuando el perro se siente sobrepasado o no sabe cómo gestionar lo que está ocurriendo a su alrededor.
El significado oculto detrás de los lamidos de los perros
Cuando el lamido aparece en situaciones de tensión o incomodidad, los expertos en comportamiento canino lo interpretan como una “señal de calma”. Según la etología, las señales de calma son una forma que tienen los perros de intentar rebajar la tensión, gestionar lo que están sintiendo o comunicar que una situación les incomoda. Bostezar, girar la cabeza o relamerse son algunas de las más habituales en este tipo de contextos.
Juan Manuel Liquindoli pone un ejemplo muy común para explicarlo: “Vemos muchos perros lamiendo mientras los abrazan y no siempre es un «te quiero»”. Tal y como señala el educador canino, este tipo de situaciones pueden resultar incómodas e incluso amenazantes para algunos perros.
Aunque para nosotros un abrazo sea una muestra de cariño, muchos perros lo viven de una manera muy diferente. Al limitar su movilidad y reducir sus posibilidades de alejarse, se sienten atrapados y pueden experimentar nerviosismo, estrés o incomodidad, especialmente si no pueden escapar.
Mientras algunos reaccionan marcando distancia, otros intentan gestionar la situación con señales más sutiles, como lamer a la persona que los está abrazando. En estos casos, el gesto no estaría expresando afecto, sino que actuaría como una señal para comunicar que no se sienten cómodos con esa interacción y necesitan espacio.
El educador también advierte sobre las interacciones entre perros y niños, ya que muchas de estas señales pasan desapercibidas en estos casos. Un lamido insistente, acompañado de tensión corporal u otras señales como el bostezo, puede estar indicando que el animal no se siente cómodo en ese momento.
Cómo interpretar correctamente el lamido de un perro
Si hay una idea clave en el discurso de Liquindoli es esta: el comportamiento de un perro no se interpreta de forma aislada, sino dentro del contexto en el que aparece. Por tanto, en el caso del lamido, no basta con fijarse en el gesto en sí: hay que observar todo lo que lo rodea.
La postura corporal del perro, la tensión muscular, la dirección de la mirada o el tipo de interacción que está teniendo en ese momento son piezas fundamentales para entender qué está queriendo comunicar. Un lamido acompañado de rigidez corporal o señales claras de evitación no transmite lo mismo que uno en un estado totalmente relajado.
Siguiendo el ejemplo del abrazo, si un perro empieza a lamer de forma insistente mientras es sujetado sin posibilidad de apartarse, puede estar mostrando incomodidad o necesidad de espacio. En cambio, en un entorno tranquilo, con el cuerpo relajado y sin signos de tensión, ese mismo gesto puede encajar más dentro de una interacción afiliativa o de vínculo.
Más comportamientos de los perros que no significan lo que creemos
El lamido no es el único comportamiento que solemos interpretar de forma equivocada. En el mismo vídeo, Liquindoli también menciona otros gestos habituales que suelen leerse desde una perspectiva humana, que no siempre encaja con lo que realmente quiere transmitir el perro.
Uno de los más comunes es el movimiento de la cola. Aunque tendemos a asociarlo automáticamente con felicidad, en realidad puede expresar otras emociones. Como explica el experto, se trata de un indicador de activación emocional, por lo que “un perro puede moverla por felicidad, pero también por nervios o por tensión”. Por eso, la clave vuelve a estar en el resto de señales que manifieste el animal.
Algo similar ocurre con la llamada “mirada de culpa”. Según Liquindoli, “los perros no pueden sentir culpa como nosotros”. Por tanto, esa expresión no refleja un sentimiento de culpa real, sino que se trata de una respuesta a nuestra postura, tono de voz o reacción. En ese momento, el perro no está evaluando moralmente lo que ha hecho, sino interpretando el estado emocional de su tutor.
Por último, el experto insiste en que el gruñido tampoco debe entenderse como un signo de agresividad gratuita. En realidad, es una forma de comunicación muy clara: el perro está indicando que algo le incomoda o que necesita distancia.
En conclusión, entender lo que comunican los perros no depende de un gesto aislado: es preciso aprender a leer el conjunto de señales que acompañan a cada comportamiento.
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