Que el vínculo entre perros y humanos es impresionante parece una realidad que nadie discute. Muchos cuidadores señalan, asombrados por la conexión que llegan a establecer con ellos, que “solo les falta hablar”. Pero esta comunicación tan estrecha que se crea entre los animales y sus cuidadores no es tan solo una impresión exagerada. Las investigaciones científicas al respecto demuestran que los perros son capaces de leer el estado de ánimo de las personas e incluso de consolarlas. De este tema habla el educador canino Juan Manuel Liquindoli en sus redes sociales.
Uno de los aspectos más llamativos de esta capacidad es que los perros no solo reconocen nuestras emociones, sino que también pueden responder al malestar que perciben. Como explica Liquindoli, “no solo pueden percibir nuestro malestar, también pueden consolarnos”. Para entender cómo lo hacen, hay que fijarse en las distintas señales que utilizan para interpretar cómo nos sentimos.
La relación entre perros y humanos, una amistad a través del tiempo
La domesticación de los perros, es decir, el inicio de su convivencia con los seres humanos, tuvo lugar hace miles de años. No se sabe exactamente cómo sucedió, quizás un cachorro huérfano fue criado por un grupo de humanos o algunos ejemplares adultos comenzaron a ayudar en la caza. El caso es que se creó un vínculo tan especial que ha llegado, con toda la fuerza, hasta nuestros días.
Durante estos miles de años, los perros nos convirtieron en sus referentes, es decir, nos pusieron en el centro de su mundo, como animales sociables y de manada que son. Nos transformamos en parte de su familia y eso los impulsó a buscar comunicarse con nosotros y a entendernos. Los perros nos observan y el fruto de esa observación continua es su capacidad para identificar nuestros estados de ánimo.
Así, saben cuándo estamos alegres, tristes o al borde de un ataque de nervios. De hecho, si nosotros también los observamos con atención, veremos cómo su propio estado de ánimo se acompasa con el nuestro. Por ejemplo, si en un paseo detectamos un perro a lo lejos y nos tensamos pensando en la reacción que tendrá el nuestro, lo habitual es que este reaccione con la misma tensión, incluso antes de ver él mismo a su congénere.
Lo mismo si durante una consulta veterinaria estamos alterados. El perro también se pondrá nervioso. Al contrario, si saltamos de alegría, no es raro que nuestro perro se sume a la fiesta. De todas formas, cada ejemplar tendrá su propia personalidad. No todos son igual de sensibles a nuestros estados de ánimo ni con todos establecemos el mismo vínculo.
Los perros se acercan a las personas que lloran para ofrecerles compañía
Sobre la empatía canina habla el educador Juan Manuel Liquindoli en sus redes sociales para explicar que está demostrada en diversos estudios. Pero va un paso más allá: los perros no solo pueden ser conscientes de cómo nos sentimos, además, señala Juan Manuel, también pueden consolarnos.
El educador habla en uno de sus vídeo de un estudio de hace unos años, en concreto de 2012, que colocó frente a unos perros diferentes personas desconocidas y los propios cuidadores mostrando distintos estados de ánimo. Algunos lloraban, otros tarareaban o hablaban. La respuesta de los perros fue acercarse “significativamente más” a las personas que lloraban, aunque fuesen desconocidas para ellos.
Liquindoli matiza que hacer que estas personas tarareasen servía de prueba para saber si los perros se acercaban al humano solo porque escuchaban “algo raro” o distinguían perfectamente el llanto. Los resultados indicaron que la respuesta canina obedecía a la empatía, a que sentían el malestar en las personas y se aproximaban a ellas, comportándose de manera distinta. En palabras de Liquindoli, “parecen saber que necesitamos compañía”.
Así reconocen los perros nuestro estado de ánimo
Juan Manuel nos lanza una pregunta: “¿Cómo sabe un perro que estamos tristes?”. En principio, no se percatan de ello por un único comportamiento humano, sino que son capaces de examinar diferentes elementos. Como indica Liquindoli, pueden fijarse en la expresión de nuestro rostro y en nuestra voz, que les da “información emocional”. Es lo que se conoce con el nombre de “integración heteromodal”.
En otras palabras, todos los datos sobre nuestro estado anímico que les transmitimos, consciente o inconscientemente, son interpretados por el perro para obtener una visión general de cómo nos encontramos, una información que, sobre todo, recibe a partir de su sentido estrella: el olfato. Además, hay que saber que todos nuestros cambios a nivel emocional producen modificaciones químicas. Los perros nos “huelen” si estamos tristes o contentos.
De hecho, también hay experimentos sobre olores humanos, como añade Liquindoli. En ellos se detecta que son capaces de reconocer los diferentes estados y, todavía más allá, actuar de distinta manera ante ellos, algo que se ha podido medir incluso en sus parámetros fisiológicos. “Nuestro estado emocional también puede afectar al suyo”, concluye Liquindoli, que añade que los resultados demuestran que esta “sincronización emocional” se va haciendo más fuerte cuanto más tiempo se pasa con el perro.
En definitiva, la relación que comenzó hace miles de años entre perros y humanos ha llevado a que se cree un estrecho vínculo entre ambas especies. Los perros se han especializado en observar y comprender a los humanos, al punto de ser altamente sensibles a sus estados de ánimo. Empatizan y se acercan a la persona que más puede necesitar su compañía.
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