La ciencia lo confirma: los perros nos acompañan desde hace más de 16.000 años

La ciencia lo confirma: los perros nos acompañan desde hace más de 16.000 años

Que los perros son los animales de compañía por excelencia es una afirmación más que asumida. Sabemos que nuestra estrecha relación con ellos se inició hace miles de años y que, en el transcurso de este tiempo, nos han ayudado en diversas tareas, como la caza, la guarda, la defensa o la asistencia.

Pero, a día de hoy, todavía se están desarrollando investigaciones para fijar el momento exacto del origen de esta longeva amistad, echando mano de técnicas cada vez más sofisticadas y precisas. Las últimas investigaciones al respecto han demostrado que los perros nos acompañan desde hace más de 16.000 años.

El ADN revela que perros y humanos comparten 16.000 años de historia

Las recientes investigaciones que han sido publicadas en la revista Nature (Los perros estuvieron ampliamente distribuidos por Eurasia occidental durante el Paleolítico e Historia genómica de los primeros perros en Europa), han examinado el ADN de restos de animales localizados en el Paleolítico superior. Los resultados han determinado que el origen del vínculo canino-humano se remonta, en Europa, a hace más 16.000 años, siendo una cifra más antigua de lo que se suponía hasta ahora. En concreto, se había establecido en unos 11.000 años.

Eso sí, los perros prehistóricos, lógicamente, no disponían de la variedad actual, ya que las diferentes razas son el fruto de años de cría, que han dado como resultado que podamos encontrar perros tan distintos entre sí como el gran danés y el chihuahua.

Aunque con los avances tecnológicos sea posible encontrar una fecha de origen muy aproximada, cabe decir que todavía son muchas las incógnitas que rodean el proceso de domesticación de los perros. Hay que tener en cuenta que en restos arqueológicos resulta difícil definir esta evolución, ya que es bastante complicado distinguir con precisión los esqueletos de los perros y sus antecesores.

Así descubrieron el ADN de perro más antiguo y desde cuándo son nuestros compañeros

Las dos recientes investigaciones publicadas en la revista Nature, se basan en el estudio del ADN de restos de animales. La primera, titulada Los perros estuvieron ampliamente distribuidos por Eurasia occidental durante el Paleolítico, está dirigida por William Marsh, del Museo de Historia Natural de Londres. En ella participaron hasta 21 centros de investigación y descubrieron el ADN canino más antiguo en un fragmento de cráneo: un perro que vivió hace 15.800 años en lo que hoy en día es Turquía.

En concreto, se trataría de una cachorra de unos meses, con unas dimensiones similares a las de un lobo pequeño. Es un hallazgo tremendamente importante porque, hasta ahora, la evidencia más antigua de un perro se situaba en 10.900 años.

Por lo tanto, es acertado pensar que el proceso de domesticación sucedió mucho antes de lo que se creía. Claro que, aunque se hayan conseguido estos datos precisos, no tenemos información sobre el papel que desempeñaban los perros en las sociedades humanas ni sobre la naturaleza del vínculo establecido con las personas. Además, estos investigadores descubrieron la presencia de perros, genéticamente similares, en Reino Unido, Italia, Alemania y Suiza (de 15.800 a 14.200 años de antigüedad).

El segundo estudio, Historia genómica de los primeros perros en Europa, fue dirigido por el biólogo Anders Bergström y comparó genomas de 216 esqueletos de cánidos, 181 de ellos procedentes de yacimientos preneolíticos de Europa. Con esta comparativa demostraron que los perros de los primeros agricultores del Neolítico procedían de aquellos de las poblaciones de cazadores y recolectores datadas hace más de 14.000 años.

Los datos, según explican los investigadores, demuestran que en los perros no hubo la mezcla genética que sí se ha encontrado en los humanos, que migraron, durante el Neolítico, de Asia a Europa. Esto quiere decir que la diferenciación entre perros asiáticos y europeos sucedió con anterioridad y no en Europa.

Los perros y los humanos nos hemos complementado a lo largo de la historia

Al margen de las cifras, lo cierto es que el vínculo que dos especies tan distintas como los perros y los humanos han logrado construir durante tanto tiempo es realmente sorprendente. Por supuesto, la domesticación ha cambiado por completo la vida de los perros, que fueron de los primeros animales domesticados por los seres humanos, pero el vínculo establecido también ha modificado la historia de la humanidad.

La información de la que disponemos solo nos permite elucubrar, pero quizás es acertado pensar que todo comenzó con lobos o con su ancestro común, probablemente cachorros o jóvenes, acercándose a los humanos en busca de comida, o siendo encontrados por estos cuando quedaban huérfanos. La proximidad sirvió para que los humanos pudiesen aprovechar las ventajas que estos les ofrecían, como auxilio en la caza o protección.

Ambas especies tuvieron que adaptarse y es probable que los ejemplares más dóciles o menos agresivos fueran integrados en las comunidades humanas, realizando diferentes funciones. Perros y humanos poseían características complementarias. Desde ese primer encuentro el vínculo fue estrechándose hasta la relación actual: son muchos los estudios que hablan de los beneficios, a distintos niveles, que el contacto con los perros tiene para todo tipo de personas.

En resumen, las investigaciones científicas actuales nos aproximan cada vez más al momento justo en el que perros y humanos comenzaron su camino juntos. Pero, más allá de las cifras, queda mucho por descubrir sobre los entresijos y la evolución de esta relación tan estrecha como importante para ambas especies.

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Bibliografía
  • Bergström, A.; Furtwängler, A.; Johnston, S. et al. (2026): "Genomic history of early dogs in Europe", Nature, 651, 986-994. Disponible en https://www.nature.com/articles/s41586-026-10112-7
  • Marsh, W. A.; Scarsbrook, L.; Yüncü, E. et al. (2026): "Dogs were widely distributed across western Eurasia during the Palaeolithic", Nature, 651, 995-1003. Disponible en https://www.nature.com/articles/s41586-026-10170-x