Si convives con un perro, es probable que cada vez que te sientes a comer o cenar se coloque a tu lado y te observe fijamente. Algunos canes piden comida de forma insistente, mientras que otros simplemente permanecen sentados o tumbados, siguiendo cada movimiento de sus tutores.
Aunque para algunos resulta divertido, a otros les incomoda y tratan de conseguir que el animal se entretenga con otra cosa. Es importante entender que, detrás de esta conducta aparentemente sencilla, existe una combinación de aprendizaje, motivación y comunicación social que los perros han desarrollado durante décadas de convivencia con los humanos.
Los perros no miran la comida por casualidad: están pendientes de tus gestos para conseguir un bocado
Si hay algo que los perros dominan realmente es observar a los humanos y aprender de ellos. Cada mínimo gesto, mueca o movimiento que realizamos lleva asociada una acción o consecuencia y esto es algo que los perros aprenden de manera muy rápida. Por eso, precisamente, tu perro sabe que le vas a regañar con tan solo mirar la expresión de tu cara o cuando va a salir de paseo cuando te ve ponerte las zapatillas.
Esta capacidad para aprender conductas hace que los perros permanezcan buena parte del día pendientes de sus tutores, fijándose más en los gestos que en las palabras. Interpretar estas señales les permite anticiparse a lo que va a suceder, reduciendo su estrés y sintiéndose más seguros.
Por eso, cuando tu perro te mira mientras comes, no está mirando la comida sin más. También está analizando tus movimientos para descubrir si existe alguna posibilidad de recibir atención o conseguir un bocado. Basta con fijarse en su reacción: cuando coges un trozo de comida, lo acercas hacia ti y diriges la mirada hacia él, puede incorporarse, levantar las orejas o incluso relamerse. Está atento para no perderse una señal de que la comida puede llegar a él.
Los perros utilizan la mirada para comunicarse con nosotros y pedir lo que quieren
Además de vigilar nuestros movimientos, los perros utilizan su comportamiento para comunicarse con las personas con las que conviven. Los ladridos, gemidos o toques con la pata son algunas de las señales más evidentes para reclamar atención, pero existen otras mucho más discretas. Una de ellas está en la mirada y, concretamente, en la dirección de sus ojos.
Un perro que ha aprendido que no debe coger directamente la comida de su tutor puede recurrir a una estrategia mucho más sutil para conseguir un bocado. Primero, mira fijamente a la persona y, cuando esta le devuelve la mirada, dirige los ojos hacia el plato. En ocasiones ni siquiera necesita mover la cabeza: simplemente alterna la mirada entre la comida y quien está sentado frente a él.
Este gesto tiene una explicación. Los perros han aprendido a interpretar nuestras miradas porque nosotros mismos utilizamos este tipo de señales para comunicarnos con ellos. Cuando queremos que se acerquen, cojan un objeto o presten atención a algo, solemos dirigir nuestra mirada hacia ese punto o acompañarla con un movimiento de cabeza.
A través de la convivencia, el animal aprende a asociar estos movimientos con determinadas acciones y acaba incorporándolos a su propio repertorio comunicativo. Por eso puede utilizar la mirada de la misma manera que nosotros: para hacernos entender qué quiere, incluso cuando lo que busca es simplemente conseguir un poco de comida.
Tu perro no solo te mira para pedir comida: también refuerza vuestro vínculo
La mirada no solo sirve para comunicarse, también es importante a nivel emocional. La evidencia científica nos dice que cuando un perro y su persona de confianza comparten tiempo de calidad juntos y se miran directamente a los ojos, ambos liberan oxitocina, una hormona relacionada con el placer, el apego y el vínculo social entre individuos.
Esta profunda implicación emocional entre perros y humanos se ha forjado durante cientos de años de convivencia y domesticación y ha evolucionado de una forma excepcional, pues esta capacidad de comunicación única a través de la mirada no se ha encontrado en otras especies, ni tan siquiera en el lobo, el pariente más cercano del perro.
En conclusión, esa mirada insistente de tu perro durante la comida no es simplemente una cara de pena, es el resultado de una combinación de motivación, aprendizaje y comunicación que llevan al animal a evaluar la situación y las probabilidades de obtener un refuerzo en forma de alimento. Si en el pasado observar fijamente a su tutor y esperar pacientemente ha terminado en una recompensa, el perro tiene buenas razones para volver a intentarlo.
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