Durante mucho tiempo, los pollos han sido considerados animales simples y poco inteligentes. Sin embargo, numerosas investigaciones científicas han demostrado que esta percepción está lejos de la realidad.
Hoy sabemos que los pollos pueden aprender, recordar, reconocer individuos y adaptarse a situaciones nuevas. También establecen relaciones sociales complejas y utilizan experiencias previas para tomar decisiones, capacidades que han llevado a los científicos a reconsiderar cómo entendemos la inteligencia animal.
La ciencia subestimó durante años la inteligencia de los pollos
Tradicionalmente, la investigación sobre cognición animal se ha centrado en especies consideradas especialmente inteligentes como los primates, los delfines, los elefantes o algunas aves como cuervos y loros.
Los pollos, en cambio, rara vez fueron protagonistas de estos estudios, en parte porque su relación con la producción de alimentos hizo que se les prestara más atención desde una perspectiva productiva que conductual.
Sin embargo, cuando los científicos comenzaron a analizar con mayor detalle su comportamiento, los resultados fueron sorprendentes. Diversos estudios demostraron que las gallinas y los pollos poseen capacidades cognitivas mucho más desarrolladas de lo que se creía, comparables en algunos aspectos a las de otros animales tradicionalmente considerados más inteligentes.
Los pollos recuerdan a otros animales e incluso reconocen a las personas
Una de las capacidades más llamativas es su memoria social. Los pollos viven en grupos organizados y son capaces de reconocer a numerosos individuos diferentes dentro de su entorno.
Esta habilidad les permite establecer jerarquías sociales relativamente estables, identificar aliados o rivales y ajustar su comportamiento según las experiencias previas con cada miembro del grupo. En otras palabras: no reaccionan de la misma manera ante todos los individuos, sino que recuerdan interacciones pasadas y modifican sus decisiones en consecuencia.
También se ha observado que, como otras especies, pueden distinguir a las personas con las que interactúan habitualmente, respondiendo de forma diferente a cuidadores conocidos y desconocidos.
No actúan solo por instinto: también aprenden observando
Al igual que ocurre en muchas especies sociales, los pollos no necesitan descubrir todo por sí mismos. Diversos estudios han demostrado que pueden aprender observando el comportamiento de otros individuos.
Por ejemplo, cuando un miembro del grupo encuentra una fuente de alimento o resuelve un problema sencillo para acceder a una recompensa, otros pueden copiar la estrategia observada. Este tipo de aprendizaje social reduce riesgos y permite transmitir información útil dentro del grupo.
Lejos de actuar únicamente por instinto, los pollos utilizan la experiencia propia y la observación para adaptarse a su entorno.
No predicen el futuro, pero sí han aprendido a anticipar lo que va a ocurrir gracias a su experiencia
Una de las capacidades que más ha llamado la atención de los científicos es que los pollos parecen anticipar ciertos acontecimientos. Esto no significa que planifiquen el futuro como los humanos, sino que aprenden a asociar determinadas señales con eventos que suelen ocurrir después.
Por ejemplo, si una señal precede repetidamente a la llegada de alimento, los pollos modifican su comportamiento antes de que aparezca la comida.
También pueden reaccionar ante indicios relacionados con posibles amenazas. Esta habilidad demuestra que utilizan experiencias previas para tomar decisiones más eficientes, como ocurre en otras especies.
Resolver problemas también forma parte de la inteligencia de los pollos
La resolución de problemas es otra de las habilidades que ha despertado el interés de los investigadores. En condiciones experimentales, los pollos han demostrado que pueden superar pequeños desafíos para obtener comida u otras recompensas. En algunos casos lo consiguen mediante ensayo y error; en otros, observando a individuos que ya han resuelto la tarea.
Aunque estos desafíos suelen ser relativamente sencillos, muestran que los pollos poseen una flexibilidad cognitiva mayor de la que se les atribuía tradicionalmente.
Además, las respuestas no son idénticas en todos los individuos. Al igual que ocurre en otras especies, algunos muestran mayor curiosidad, otros son más cautelosos y algunos aprenden con más rapidez.
Los pollos se comunican y establecen relaciones sociales mucho más complejas de lo que se cree
Los pollos son animales altamente sociales. En condiciones adecuadas desarrollan comportamientos que van mucho más allá de la simple búsqueda de alimento.
Las aves interactúan constantemente entre sí mediante vocalizaciones, posturas corporales y señales visuales. También participan en actividades naturales como los baños de polvo, el descanso grupal y diversas formas de exploración del entorno.
Estas conductas desempeñan un papel importante en su bienestar y reflejan que poseen necesidades conductuales complejas que no siempre pueden expresarse en sistemas de alojamiento muy restrictivos.
Lo que sabemos hoy cambia la imagen que teníamos de los pollos
La imagen tradicional del pollo como un animal simple está siendo reemplazada por una visión mucho más compleja. La evidencia científica acumulada en los últimos años demuestra que poseen capacidades cognitivas y sociales que durante mucho tiempo pasaron desapercibidas.
Reconocen individuos, aprenden observando a otros, recuerdan experiencias y adaptan su comportamiento a distintas situaciones. Aunque estas habilidades no son iguales a las humanas, sí revelan que los pollos son animales mucho más inteligentes de lo que se creía.
Comprender mejor cómo piensan y se relacionan no solo amplía nuestro conocimiento sobre la inteligencia animal, sino que también invita a reflexionar sobre la forma en que percibimos a una de las especies más abundantes y familiares del mundo.
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