La Generalitat autoriza abatir coipús con escopeta en el Empordà y los animalistas reclaman alternativas éticas

La Generalitat autoriza abatir coipús con escopeta en el Empordà y los animalistas reclaman alternativas éticas

La autorización para abatir coipús con escopeta en determinadas zonas del Alt y el Baix Empordà ha vuelto a poner el foco sobre uno de los animales más desconocidos para gran parte de la población española. La medida, anunciada recientemente por la Generalitat de Cataluña, pretende frenar el crecimiento de una especie invasora cuya presencia preocupa desde hace años a gestores ambientales, agricultores y científicos.

Sin embargo, también ha generado preguntas sobre el bienestar animal y sobre la responsabilidad humana en la expansión de este mamífero.

A diferencia de otras especies invasoras más conocidas, el coipú (Myocastor coypus) no llegó por sus propios medios a Europa. Este gran roedor semiacuático es originario de Sudamérica, donde habita de forma natural en países como Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile y Brasil.

Su presencia en Europa se debe a la industria peletera del siglo XX. Miles de ejemplares fueron importados para ser criados en granjas por el valor comercial de su piel. Con el tiempo, muchos escaparon o fueron liberados y lograron establecer poblaciones silvestres. La historia de su expansión aparece documentada en la base de datos de especies invasoras de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Así es el coipú, el animal que muchos confunden con una nutria o un castor

Quienes observan un coipú por primera vez suelen creer que se trata de una nutria o incluso de un pequeño castor. En realidad, pertenece a una familia diferente de roedores y puede alcanzar entre 6 y 10 kilos de peso. Posee patas traseras palmeadas, una larga cola cilíndrica y unos llamativos incisivos de color anaranjado que lo distinguen de otros mamíferos acuáticos.

Su vida gira en torno al agua. Habita en lagunas, canales, acequias, marismas y ríos de corriente lenta, donde encuentra la vegetación de la que se alimenta. Precisamente esta estrecha relación con los ecosistemas acuáticos explica buena parte de las preocupaciones ambientales asociadas a su expansión.

El Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) ha seguido la progresión de la especie en Cataluña durante los últimos años. Según sus investigadores, el coipú continúa expandiéndose por distintos cursos fluviales y humedales gracias a su gran capacidad de adaptación.

Por qué el coipú preocupa a los expertos pese a no ser un animal agresivo

Los especialistas suelen insistir en una idea importante: el coipú no es una especie “mala” ni agresiva. El problema surge porque ocupa ecosistemas donde nunca existió de forma natural.

Una revisión científica reciente publicada en la revista Animals explica que los coipús pueden consumir grandes cantidades de vegetación acuática y alterar el equilibrio de determinados humedales cuando sus poblaciones alcanzan densidades elevadas.

La UICN también señala que su actividad puede modificar la estructura de carrizales y zonas húmedas utilizadas por numerosas especies autóctonas. Además, sus madrigueras pueden acelerar procesos de erosión en taludes, márgenes fluviales y canales de riego.

A ello se suma una capacidad reproductiva considerable. La ciencia ha comprobado que la especie puede reproducirse durante buena parte del año cuando las condiciones ambientales son favorables.

Imagen: Un coipú capturado / ACN

La polémica no está en el problema, sino en cómo solucionarlo

La cuestión más polémica no es si existe un problema ecológico, sino cómo abordarlo. Los gestores ambientales argumentan que la reducción de las poblaciones resulta necesaria para proteger espacios naturales sensibles y minimizar daños agrícolas.

Organizaciones animalistas, en cambio, recuerdan que estos animales fueron introducidos por decisiones humanas y sostienen que cualquier estrategia de control debe tener en cuenta criterios estrictos de bienestar animal.

Entidades como la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) han reclamado que las administraciones prioricen métodos éticos y basados en evidencia científica antes de recurrir a medidas letales.

El debate no es exclusivo de Cataluña. Países como Francia, Italia, Alemania o Reino Unido llevan años enfrentándose al mismo dilema. The Science of Nature, prestigiosa revista científica fundada en 1913, analizó precisamente la percepción pública sobre las distintas estrategias de control y concluyó que la aceptación social depende en gran medida de la transparencia, la evidencia científica y las garantías de bienestar animal.

La historia del coipú deja una advertencia sobre los riesgos de la fauna exótica

La historia del coipú ilustra uno de los grandes problemas ambientales del siglo XXI: las consecuencias de introducir especies fuera de sus hábitats naturales.

La mayoría de expertos coincide en que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. Una vez que una especie invasora se establece y comienza a expandirse, su erradicación resulta extraordinariamente difícil.

Es por eso que, más allá del debate sobre el control actual de las poblaciones, muchos investigadores consideran que el caso del coipú debería servir como recordatorio de los riesgos asociados al comercio y transporte de fauna exótica.

Mientras tanto, este gran roedor sudamericano continúa siendo protagonista de una discusión compleja en la que se cruzan conservación de la biodiversidad, protección de los ecosistemas y bienestar animal. Un debate para el que, de momento, no existe una solución sencilla.

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