La Ley de Bienestar Animal lo confirma: cuándo es obligatorio que un perro lleve bozal en España

La Ley de Bienestar Animal lo confirma: cuándo es obligatorio que un perro lleve bozal en España

Pasear a un perro con bozal continúa siendo una imagen habitual en las calles españolas, pero no siempre está claro cuándo es una obligación legal y cuándo se trata simplemente de una medida preventiva adoptada por el propietario.

La aprobación de la Ley 7/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales introdujo importantes cambios en la normativa sobre animales de compañía, aunque no eliminó algunas obligaciones que ya existían para determinados perros.

De hecho, uno de los errores más extendidos consiste en pensar que la nueva ley acabó automáticamente con la normativa sobre perros potencialmente peligrosos. No es así. El propio Ministerio de Derechos Sociales ha aclarado que el régimen específico para estos animales continúa vigente mientras no se apruebe un nuevo desarrollo reglamentario que sustituya la normativa actual. Esto significa que miles de propietarios en España siguen obligados a utilizar bozal en determinadas circunstancias.

Bozal, correa, licencia y seguro: las obligaciones de los dueños de perros PPP

La obligación más conocida afecta a los denominados perros potencialmente peligrosos (PPP), regulados por la Ley 50/1999 y por el Real Decreto 287/2002.

La normativa incluye razas como el Pit Bull Terrier, Rottweiler, American Staffordshire Terrier, Staffordshire Bull Terrier, Dogo Argentino, Fila Brasileiro, Tosa Inu y Akita Inu, además de cruces que presenten determinadas características físicas relacionadas con potencia mandibular, musculatura o tamaño.

Cuando estos perros circulan por espacios públicos deben hacerlo sujetos con correa y utilizando un bozal homologado adecuado a sus características. Además, la persona que los conduce debe disponer de la correspondiente licencia administrativa y del seguro de responsabilidad civil exigido por la normativa.

No obstante, la legislación va más allá de una simple lista de razas. Algunas comunidades autónomas y ayuntamientos pueden establecer requisitos adicionales para determinados animales en función de antecedentes de agresividad o de informes veterinarios y etológicos específicos.

La propia Ley de Bienestar Animal introduce otro elemento importante. Su artículo 30 establece que los propietarios deben adoptar las medidas necesarias para evitar daños o riesgos a personas, animales y bienes. Esto implica que, aunque un perro no pertenezca a una raza catalogada como potencialmente peligrosa, las autoridades podrían exigir medidas de control adicionales si existen circunstancias que así lo justifiquen.

El bozal no debe usarse como castigo: la advertencia de los veterinarios

El debate sobre el bozal suele generar posiciones enfrentadas. Para algunos propietarios representa una estigmatización injusta; para muchos profesionales veterinarios y especialistas en comportamiento animal, en cambio, se trata de una herramienta de seguridad que puede utilizarse de manera responsable y respetuosa con el bienestar del perro.

La Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) destaca que el bozal no debe utilizarse como castigo, sino como un elemento preventivo en situaciones que puedan generar estrés o riesgo para el animal o para terceros

Los expertos recuerdan además que no todos los bozales son iguales. Los modelos tipo cesta permiten al perro jadear, beber agua e incluso recibir premios, mientras que otros diseños más restrictivos solo deberían utilizarse durante periodos muy breves y bajo supervisión profesional.

Diversos especialistas en etología insisten en que el aprendizaje progresivo resulta fundamental. Un perro acostumbrado de forma positiva al bozal suele aceptarlo sin grandes dificultades. Por el contrario, colocarlo únicamente en situaciones desagradables puede aumentar el miedo y la ansiedad.

La Real Sociedad Canina de España también recomienda habituar al animal desde edades tempranas cuando existe la posibilidad de que deba utilizar bozal en el futuro, ya sea por exigencias legales, desplazamientos en transporte público o visitas veterinarias.

Cada vez más estudios muestran que el estrés crónico puede afectar a la salud física y emocional de los perros. Investigaciones publicadas en revistas científicas como Frontiers in Veterinary Science han relacionado los problemas de comportamiento con niveles elevados de estrés y una deficiente adaptación a determinados entornos.

Los especialistas recomiendan no limitarse a cumplir la obligación legal: lo importante es elegir un bozal adecuado y acostumbrar al animal mediante técnicas de refuerzo positivo.

La nueva Ley de Bienestar Animal ha reforzado la protección de los animales de compañía y ha introducido cambios relevantes en cuestiones como la cría, la identificación o la tenencia responsable. Pero en materia de bozales la situación sigue siendo clara: los perros potencialmente peligrosos continúan obligados a llevarlo en espacios públicos y las administraciones conservan la capacidad de exigir medidas adicionales cuando exista un riesgo para la seguridad.

Más allá de las obligaciones legales, veterinarios y educadores caninos coinciden en un mensaje: el bozal no debería verse únicamente como una imposición administrativa, ya que utilizado correctamente puede convertirse en una herramienta que protege tanto a las personas como a los propios perros y contribuye a una convivencia más segura en los espacios públicos.

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