La psicología dice que quienes hablan a sus perros y gatos como si fueran personas muestran más curiosidad y sensibilidad hacia su entorno

La psicología dice que quienes hablan a sus perros y gatos como si fueran personas muestran más curiosidad y sensibilidad hacia su entorno

Preguntarle qué tal ha pasado el día al llegar a casa, contarle las últimas novedades del trabajo o avisarle de dónde vas y cuánto tardarás en volver son gestos cotidianos para muchos tutores. Hablar con los perros y gatos como si fueran personas les resulta completamente natural.

Aunque para otros pueda resultar llamativo o extraño que ciertos tutores utilicen un lenguaje tan “humanizado” con sus mascotas y hablen con ellas como si esperaran obtener una respuesta, lo cierto es que este comportamiento está asociado con ciertos rasgos de personalidad y maneras concretas de ver, sentir y experimentar el entorno que nos rodea.

La antropomorfización, es decir, el hecho de atribuir ciertos pensamientos, emociones o capacidades típicamente humanas a, en este caso, animales de compañía, parece ser una tendencia de personas con altos niveles de sensibilidad y empatía, que establecen fácilmente vínculos emocionales muy fuertes con sus animales.

Cómo se relacionan con el entorno quienes hablan con sus animales, según la psicología

El hecho de hablar con un perro o con un gato forma parte de la rutina diaria de muchas personas que, más allá de interactuar con sus peludos solo para darles órdenes, utilizan el lenguaje como una manera de reforzar el vínculo entre ambos. Este comportamiento puede reflejar la importancia que conceden estos tutores a la relación de apego con sus animales, así como la facilidad y naturalidad con la que los incorporan a su vida social, como una parte fundamental de su familia y no como simples mascotas.

Desde la ciencia del comportamiento, uno de los rasgos más estudiados en este contexto es la tendencia a la antropomorfización. Una investigación publicada en el año 2007 estudió cómo las personas atribuyen características humanas a entidades no humanas, como pueden ser los perros y los gatos. Según los científicos, entre los principales factores que pueden favorecer este proceso se encuentran la curiosidad, la motivación para comprender las emociones y la conducta de aquello que nos rodea, y la tendencia a utilizar como base nuestros propios conocimientos sociales para interpretar lo que hacen, piensan o sienten otros seres.

En el contexto de una convivencia con animales, esto podría traducirse en que aquellas personas con mayor predisposición conversar con sus peludos pueden ser quienes más facilidad tienen para fijarse en sus movimientos y expresiones, y tratar de anticipar sus necesidades o buscar explicaciones a sus cambios de comportamiento, siempre persiguiendo el objetivo de mejorar su bienestar.

Sin embargo, no se puede concluir con total certeza que todos aquellos que hablan a sus mascotas sean necesariamente personas más sensibles. Ahora bien, lo que sí puede indicar este hábito es que, probablemente, la relación con el animal tiene un significado más especial o emocional para estos tutores que para quienes no median palabra con su perro o gato.

Quienes hablan con sus mascotas también intentan comprender cómo se sienten

Otro de los grandes rasgos ampliamente estudiados en los tutores de perros y gatos es la empatía, una cualidad que se define como la capacidad de comprender y compartir los sentimientos, pensamientos y emociones ajenas, incluidas las de los seres no humanos.

Quienes hablan con sus mascotas suelen interpretar sus comportamientos como señales que indican determinados estados emocionales. Una postura corporal, una expresión facial, una mirada, un movimiento de cola o un ronroneo pueden convertirse en el punto de partida de una conversación que tiene por objetivo, generalmente, comprender qué necesita el animal y cómo se encuentra.

Una investigación del año 2023 estudió, precisamente, las percepciones que tenían una serie de tutores sobre las capacidades de sus perros y gatos, así como otros aspectos entre los que se incluyen el papel social de los animales, las conductas dentro de la relación y el apoyo social percibido. Sus resultados ayudan a comprender de qué forma la empatía hacia los animales se relaciona con el vínculo que construimos con ellos y con el lugar que ocupan en nuestra vida.

No obstante, y esto es importante, atribuir emociones humanas a un animal no equivale necesariamente a comprenderlo mejor, pues los perros y los gatos no se expresan exactamente igual que nosotros y podemos caer en errores de interpretación graves. Es por ello que para garantizar una buena convivencia resulta imprescindible aprender antes sobre etología y lenguaje animal, evitando caer en falsos mitos y creencias.

Hablar con perros y gatos no siempre implica humanizarlos

Una cosa es la tendencia a atribuir a los animales ciertos caracteres típicamente humanos que predispongan a mantener conversaciones con ellos, pero otra muy distinta es humanizar al animal en exceso de manera que pueda suponer incluso un perjuicio para el propio perro o gato.

Cuando hablamos de humanizar, y al contrario de lo que muchos piensan, no nos referimos a brindar al animal comodidades propias de las personas, como dormir en una cama, subirse al sofá u ofrecerle comida de nuestro plato, sino que estamos hablando de someterlo a situaciones incómodas pensando que son apropiadas para ellos. Un animal no necesita pasear en un carro ni llevar ropa de lujo y, desde luego, no se le pueden atribuir sentimientos elaborados como el remordimiento, la culpabilidad o el sentimiento de venganza.

Hablar con los perros y gatos considerando que comprenden todo lo que les decimos y malinterpretando las señales que transmiten sin prestar atención a sus verdaderas necesidades, puede llevarles a desarrollar estrés y problemas de conducta.

En definitiva, conversar con un perro o un gato no implica confundirlo con una persona. La clave está en mantener una relación sensible, empática y afectuosa pero sin olvidar sus necesidades específicas, sus formas de comunicación y sus límites. Podemos hablarles, contarles nuestras preocupaciones e incluirlos en nuestras rutinas sin dejar de reconocer que perciben y experimentan el mundo de una manera diferente a la nuestra.

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Bibliografía
  • Bouma, E. M. C., Dijkstra, A., & Arnt Rosa, S. (2023). Owner’s anthropomorphic perceptions of cats’ and dogs’ abilities are related to the social role of pets, owners’ relationship behaviors, and social support. Animals, 13(23), 3644. https://doi.org/10.3390/ani13233644
  • Epley, N., Waytz, A., & Cacioppo, J. T. (2007). On seeing human: A three-factor theory of anthropomorphism. Psychological Review, 114(4), 864–886. https://doi.org/10.1037/0033-295X.114.4.864