Hablar con su peludo como si de una persona se tratase es una práctica muy habitual entre los tutores quienes, cada vez más, consideran a su perro como un miembro más de la familia, con quien compartir momentos, vivencias y también pensamientos y reflexiones.
No obstante, no todo el mundo acostumbra a tener conversaciones con sus animales de compañía y es que, según los expertos en la materia, existen ciertos rasgos de personalidad y tendencias individuales que difieren de manera significativa entre aquellos que hablan con los animales y los que no disfrutan de hacerlo.
Las personas más abiertas y sociables hablan más con sus mascotas
Las personas más extrovertidas sienten una necesidad mayor de comunicarse con los demás y estar constantemente en contacto directo con otras personas o animales, pues disfrutan especialmente de la compañía y prefieren pasar tiempo interactuando con otros individuos antes que estar en total soledad o que realizar actividades individuales que requieren de cierto aislamiento, como leer o meditar.
En este sentido, el grado de sociabilidad del tutor se ha relacionado positivamente con la tendencia a hablar con su perro, ya que esta es una forma de mantener fuerte y estable el vínculo afectivo con el animal. Las personas que se muestran muy sociables, además, tienden a incluir a sus peludos en la mayor parte de sus planes y fomentan que sus perros se relacionen con más personas y animales, ampliando así su círculo social.
Más empatía y sensibilidad emocional
Tener un perro no solo implica cubrir sus necesidades básicas de alimentación y ejercicio físico diario, sino también supone ser plenamente consciente de sus emociones, saber comprender su particular lenguaje corporal y tener la capacidad de atender y responder de manera precisa y adecuada a las diferentes situaciones que puedan surgir en el día a día.
Los tutores con altos niveles de empatía y que muestran un mayor grado de sensibilidad hacia sus animales parecen tener más facilidad para ponerse en el lugar de sus peludos y comprender qué es lo que necesitan en cada momento. Además, estos rasgos de personalidad también parecen asociarse a una mayor tendencia a hablar con los animales, tranquilizarles con palabras suaves cuando están asustados, explicarles donde te vas y cuándo volverás a casa o animarles y felicitarles cuando hacen algo según las expectativas.
Tendencia excesiva a la humanización
Algunas personas que hablan frecuentemente con sus animales también tienen cierta tendencia a humanizar en exceso a sus perros, es decir, a atribuirles rasgos y características propias del ser humano que, en realidad, no poseen y considerar que sus animales son comparables a un bebé o a un niño.
Muchas veces el concepto de humanización no se entiende correctamente. Ciertas acciones como permitir al perro dormir en la cama, dejar que se suba al sofá o cocinarle la comida son perfectamente normales y no implican humanizar al animal, sin embargo, otras cosas como creer que el perro se porta mal por rencor, pensar que se arrepiente por haberse orinado en casa, sacarle a pasear en carro por el simple hecho de ser de talla pequeña, ponerle vestidos o aplicarles productos como perfumes sí son ejemplos de humanización que se deben evitar.
Los perros y los humanos pertenecemos a especies muy diferentes y, aunque poseemos un vínculo especial y convivimos en perfecta armonía, tenemos necesidades, gustos y preferencias distintas. Por ello, es importantísimo investigar mucho y aprender sobre etología canina antes de dar el paso de adoptar un peludo.
Las personas que hablan con su perro suelen comunicarse mejor
Algunas personas tienen mayor facilidad para comunicar sus ideas, expresarse tanto a nivel oral como gestual y, en definitiva, para transmitir información de manera clara y concisa. Parece ser que esta habilidad se potencia en quienes hablan con sus perros pues, aunque estos no puedan contestar, tener a alguien que te escuche permanentemente de manera activa supone una muy buena forma de practicar la capacidad de comunicación.
Así pues, aquellos estudiantes que repasan las lecciones explicándoselas a sus peludos o los tutores que practican conversaciones importantes delante de sus perros podrían estar fomentando, aun sin ser conscientes de ello, su habilidad para transmitir mensajes.
Responsabilidad, organización y compromiso diario
Es evidente que tener un perro supone una enorme responsabilidad que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Los perros dependen totalmente de nosotros para cubrir adecuadamente sus necesidades y poder gozar de una vida tranquila, segura y feliz.
En este sentido, los tutores deben ser muy organizados en lo que respecta a las rutinas de sus perros y, parece ser, que aquellos que tienden a comunicarse más a menudo con sus peludos también forjan vínculos más potentes con ellos, los comprenden mejor y asumen sus cuidados con mayor responsabilidad, paciencia e implicación.
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