Los ayuntamientos pueden multar a los tutores de perros que ladren en horario de descanso: esto dice la ley en España

Los ayuntamientos pueden multar a los tutores de perros que ladren en horario de descanso: esto dice la ley en España

En España, no existe una “ley de los ladridos”, pero sí contamos con un marco legal que permite sancionar a los tutores de perros cuando el ruido que generan —incluidos los ladridos o aullidos— afecta a la convivencia, se produce en horas de descanso o supera ciertos límites.

La normativa principal es la Ley 37/2003, de 17 de noviembre, del Ruido, que regula la llamada contaminación acústica, definida como “la presencia en el ambiente de ruidos o vibraciones que impliquen molestia, riesgo o daño para las personas”. A partir de ahí, la propia ley establece que “corresponde a los ayuntamientos aprobar ordenanzas en relación con las materias objeto de esta ley, adaptar las ordenanzas existentes y el planeamiento urbanístico a las disposiciones de esta ley y de sus normas de desarrollo”.

En otras palabras, aunque la ley estatal fija el marco legal, son los ayuntamientos los que realmente concretan la regulación del ruido en la práctica: determinan los horarios de descanso, establecen los límites y las posibles sanciones. Por eso, la normativa puede variar de una ciudad a otra.

Ley del Ruido y ordenanzas municipales: las normativas que regulan los ladridos de perros

El ruido producido por los ladridos de perros no se regula por una única ley específica. Aunque a menudo se menciona a la Ley de Propiedad Horizontal, esta solo puede intervenir en determinados casos.

Tampoco la Ley de Bienestar Animal establece límites de ruido ni regula los ladridos como molestia para terceros. Su objetivo es otro: garantizar el bienestar del animal, por lo que solo interviene cuando los ladridos pueden ser un indicio de estrés, sufrimiento o falta de cuidados, desde la perspectiva del animal.

El marco que realmente se utiliza en estos casos es la Ley del Ruido, que sirve como base para la regulación de la contaminación acústica. Esta normativa define el concepto del ruido y sus efectos para que sean otras administraciones quienes desarrollen las medidas prácticas. Según especifica la propia normativa, “pretende proporcionar la base para desarrollar y completar el conjunto de medidas comunitarias existente sobre el ruido emitido por determinadas fuentes específicas y para desarrollar medidas adicionales a corto, medio y largo plazo”.

Y aquí es donde entran los ayuntamientos. Como vemos, la propia ley les atribuye la capacidad de regular situaciones como los ladridos excesivos mediante ordenanzas municipales. Así pues, en la práctica, los ayuntamientos pueden sancionar cuando los ladridos de perros se consideran una molestia reiterada que afecta al descanso de los vecinos o existen denuncias vecinales que acreditan la situación. En estos casos, la intervención puede ir desde advertencias hasta expedientes sancionadores, siempre en función de lo que regule cada municipio.

Por tanto, cada municipio puede tratar los ladridos de forma diferente, siempre dentro del marco legal de la Ley del Ruido.

En qué casos puede actuar la Ley de Propiedad Horizontal si un perro no para de ladrar

Cuando el problema de los ladridos se produce dentro de una comunidad de vecinos, además de la normativa municipal sobre ruido, también puede entrar en juego la Ley de Propiedad Horizontal. Esta normativa no regula el ruido como tal, pero sí permite a la comunidad actuar frente a actividades molestias que afectan a la convivencia.

En concreto, el artículo 7.2 de la Ley de Propiedad Horizontal estable que “al propietario y al ocupante del piso o local no les está permitido desarrollar en él o en el resto del inmueble actividades prohibidas en los estatutos, que resulten dañosas para la finca o que contravengan las disposiciones generales sobre actividades molestas”.

Por tanto, si los ladridos son constantes y generan una situación de conflicto entre los vecinos, la comunidad puede intervenir para exigir una solución al tutor o adoptar medidas legales, siempre dentro de sus competencias.

Qué se considera ruido sancionable por ladridos de perros

No todos los ladridos son sancionables. Para que exista una posible infracción, las ordenanzas municipales suelen tener en cuenta varios factores que determinan si el ruido puede considerarse molesto o no.

En general, se considera sancionable cuando los ladridos son continuos o se repiten en el tiempo, y no se trata de episodios puntuales. También cuando se producen en los horarios de descanso fijados por la ordenanza municipal.

Otro factor es que afecten de forma clara a la convivencia entre los vecinos. Por último, cuando han dado lugar a quejas o denuncias formales por parte de los vecinos.

A qué hora empieza el horario de descanso y por qué no es igual en toda España

El llamado “horario de descanso” también suscita múltiples dudas, sobre todo entre los tutores de perros que quieren saber hasta qué hora puede ladrar su animal. Pero lo cierto es que este horario no está fijado de forma única en toda España, sino que depende de lo que establezca cada ayuntamiento. Esto se debe a que la Ley del Ruido no concreta horas exactas.

Sin embargo, en la mayoría de municipios, el periodo nocturno es el que se considera de mayor protección frente al ruido. En general, este periodo suele comenzar entre las 21:00 y las 23:00 horas, y extenderse hasta las 8:00 o 9:00 de la mañana del día siguiente. No obstante, estos horarios pueden variar según la ciudad, por lo que será preciso consultar la ordenanza de nuestro municipio.

Durante ese periodo se aplican límites más estrictos de ruido porque se considera el tramo dedicado al descanso de los ciudadanos.

Qué hacer si un perro ladra sin parar: pasos legales y soluciones

Cuando los ladridos de un perro se vuelven constantes y afectan a la convivencia, lo recomendable es intentar resolver primero la situación hablando con el tutor del animal. En muchos casos, es posible que ni siquiera sea consciente de que tu perro ladra sin parar, de manera que comunicarle la situación es el primer paso hacia una solución.

Si el problema persiste, puede informarse a la comunidad de vecinos, en caso de que exista, para que valore la situación conforme a los estatutos. En este ámbito puede entrar en juego la Ley de Propiedad Horizontal, que permite actuar frente a actividades molestas que alteren la convivencia.

Cuando no hay comunidad vecinal o las molestias continúan, se puede acudir a la Policía Local o al Ayuntamiento, que son las autoridades competentes para aplicar la normativa municipal sobre ruidos.

Dependiendo de la gravedad, las autoridades pueden requerir comprobaciones o mediciones acústicas para determinar si existe una infracción de la ordenanza municipal. Si durante la intervención se detectan indicios de maltrato o falta de bienestar del perro, también se podría trasladar el caso a los servicios encargados de aplicar la Ley de Bienestar Animal.

Las multas que pueden imponerse por ladridos de perros

Las sanciones por ladridos de perros no son iguales en toda España, ya que dependen de cada ordenanza municipal. En general, las infracciones se clasifican en leves, graves y muy graves, en función del horario, la reiteración y la afectación a la convivencia.

En muchas ordenanzas municipales de ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, las infracciones leves relacionadas con ruidos pueden situarse aproximadamente entre 100 y 750 euros. En casos graves, las sanciones pueden ascender a entre 751 y 1.500 euros, mientras que en los casos más serios o reincidentes pueden alcanzar los 3.000 euros o más, en función de la normativa específica de cada ayuntamiento. Por ejemplo, en Las Palmas, un tutor recibió una sanción económica de más de 5.000 euros en el año 2017.

En definitiva, los ladridos de perros solo pueden dar lugar a sanciones cuando se convierten en un problema real de convivencia y así lo recogen las ordenanzas municipales. Y las sanciones dependerán, también, de cada municipio.

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