Dormir junto al perro o al gato es una de las costumbres más habituales entre quienes consideran a su mascota un miembro más de la familia. Una reciente encuesta internacional realizada a más de 23.000 propietarios de animales de compañía volvió a confirmar que compartir el dormitorio (e incluso la cama) es una práctica muy extendida.
Sin embargo, la idea de que siempre mejora el descanso no está respaldada por la evidencia científica. Los estudios publicados en los últimos años dibujan un panorama más complejo: para algunas personas supone interrupciones del sueño, mientras que para otras aporta sensación de seguridad, compañía y bienestar emocional.
La primera conclusión que extraen los especialistas es que no existe una respuesta universal. La calidad del sueño depende de factores como la especie, el comportamiento del animal, los hábitos del propietario e incluso la existencia de alergias o trastornos previos del sueño.
Los estudios lo aclaran: dormir con mascotas puede afectar al sueño, pero no siempre de la misma forma
Una muy citada investigación publicada en Human-Animal Interactions, basada en datos de la encuesta estadounidense NHANES, encontró que los propietarios de perros presentaban mayores probabilidades de declarar problemas de sueño, mientras que los dueños de gatos mostraban una mayor frecuencia de determinados movimientos involuntarios durante la noche. Los autores subrayaron, no obstante, que el estudio solo demuestra una asociación y no una relación de causa y efecto.
Otros trabajos científicos llegan a conclusiones similares. Una investigación publicada en 2024 en Nature.com, por ejemplo, observó que dormir con mascotas puede asociarse con una peor calidad subjetiva del sueño y un aumento de los síntomas de insomnio, especialmente cuando el animal comparte la misma cama. Los investigadores apuntan que los despertares provocados por movimientos, cambios de postura o ruidos podrían explicar parte de ese efecto.
Pero la literatura científica alrededor de este tema está lejos de ser unánime en este terreno. Una revisión publicada en 2025 en Journal of Sleep Research, por citar un caso, encontró que algunos propietarios de perros, especialmente quienes mantienen rutinas regulares de paseo y horarios estables, presentan mejores hábitos de sueño y menores niveles de estrés. Es un tema sobre el que es mejor matizar que sacar conclusiones inamovibles, está claro.
Los expertos en sueño lo aclaran: tu mascota puede darte calma, pero también despertarte sin que lo recuerdes
Los especialistas en medicina del sueño explican que perros y gatos tienen ciclos de actividad diferentes a los humanos. Los gatos, por ejemplo, suelen ser más activos durante el amanecer y el anochecer, mientras que algunos perros cambian de postura varias veces durante la noche o reaccionan a ruidos que las personas apenas perciben.
A ello se suman otros factores que pueden fragmentar el descanso del tutor de una mascota: movimientos constantes del animal, ronquidos o jadeos -especialmente en razas braquicéfalas-, necesidad de levantarse para beber o salir al exterior, despertares por ruidos ambientales que el animal detecta antes que el propietario o presencia de pelo, caspa o alérgenos en la cama.
Aunque muchos propietarios no recuerden haberse despertado, los expertos señalan que los microdespertares pueden reducir la calidad del sueño profundo y hacer que la persona se levante con sensación de cansancio.
Pero, una vez más, reducir el debate únicamente a los posibles inconvenientes sería simplificar demasiado una cuestión compleja. Existen también estudios que muestran que muchas personas experimentan una mayor sensación de tranquilidad cuando duermen cerca de su mascota.
Investigadores de Canisius University, en Estados Unidos, observaron que los propietarios percibían a los perros como compañeros de cama menos molestos que otra persona adulta y que su presencia generaba sentimientos de confort y seguridad. En cambio, los gatos tendían a provocar más interrupciones debido a sus patrones de actividad nocturna. Es decir, también es relevante el tipo de mascota.
Esos efectos psicológicos positivos también tienen respaldo fisiológico. El contacto con un animal puede contribuir a disminuir los niveles de estrés y favorecer la liberación de oxitocina, una hormona relacionada con el vínculo afectivo y la relajación. Para personas que viven solas o padecen ansiedad, esa sensación de compañía puede compensar pequeñas interrupciones del sueño.
Insomnio, alergias o somnolencia diurna: cuándo conviene dejar de compartir cama con tu mascota
Los especialistas coinciden en que la respuesta depende de cada caso. Si la persona duerme bien, se despierta descansada y el animal permanece tranquilo durante toda la noche, probablemente no exista motivo para modificar la rutina.
En cambio, si aparecen insomnio, despertares frecuentes, somnolencia diurna o sensación de sueño poco reparador, puede ser recomendable probar durante varias semanas que la mascota duerma en su propia cama, preferiblemente dentro de la misma habitación. De ese modo se mantiene el vínculo emocional sin compartir necesariamente el colchón. No todos los vínculos tutor-mascota se desarrollan del mismo modo.
Las personas con asma, alergias respiratorias, inmunodepresión o trastornos importantes del sueño deberían consultar con su médico antes de convertir la cama en un espacio compartido con el animal.
En definitiva, la ciencia no confirma que dormir con perros o gatos "destroce" el descanso, pero tampoco respalda la idea de que siempre resulte beneficioso. La evidencia actual invita a abandonar los mensajes absolutos: compartir la cama puede perjudicar el sueño de algunas personas y, al mismo tiempo, proporcionar bienestar emocional a otras. Lo importante es valorar cómo afecta esa convivencia al descanso propio y adaptar los hábitos cuando sea necesario.
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- Anthrozoös. "An Examination of Adult Women's Sleep Quality and Sleep Routines in Relation to Pet Ownership and Bedsharing" / https://doi.org/10.1080/08927936.2018.1529354