Un gato doméstico duerme entre 12 y 16 horas al día. Ronronea cuando está a gusto, pero también cuando está enfermo o asustado. Y cada vez que se despierta, estira todo su cuerpo como si hiciera ejercicios de yoga.
La mayoría de la gente ve cómo su gato ronronea, duerme y se estira, y lo considera algo completamente normal que no merece más atención. Pero la ciencia lo lleva estudiando durante décadas y ha encontrado algo muy interesante: estos tres comportamientos permiten al animal gestionar su energía, mantener su cuerpo preparado y pasar del reposo más absoluto a la acción en una fracción de segundo.
Cada vez que un gato ronronea, su cuerpo genera un efecto similar a la vibroterapia
La bioacústica Elizabeth von Muggenthaler, del Fauna Communications Research Institute, grabó el ronroneo de 44 félidos de distintas especies —guepardos, ocelotes, pumas, servales y gatos domésticos— y midió la vibración que producían. Todos, sin excepción, ronroneaban en un rango de entre 25 y 150 vibraciones por segundo. Lo llamativo de ese dato es que la medicina ya utiliza vibraciones con ese mismo rango para tratar las fracturas óseas y los problemas musculares que sufren las personas. Las más bajas ayudan a reparar fracturas y fortalecer los huesos, y las vibraciones más altas sirven para aliviar el dolor y reducir la inflamación en las articulaciones. Es decir, el cuerpo del gato produce de forma natural, cada vez que ronronea, un tratamiento muy parecido al que recibiría una persona en una sesión de fisioterapia.
Hasta hace poco se pensaba que el gato tenía que contraer los músculos de la garganta una determinada cantidad de veces por segundo para producir el ronroneo, lo que supondría un gasto de energía considerable. Pero en 2023, un equipo de la Universidad de Viena descubrió que sucede justo lo contrario: las cuerdas vocales del gato tienen unas pequeñas almohadillas que vibran por sí solas con el simple paso del aire al respirar. Así que mientras el gato descansa tranquilo en el sofá o toma el sol junto a la ventana, ese ronroneo que produce de forma natural le está fortaleciendo los huesos y los músculos sin que tenga que hacer nada más.
Parece dormido, pero su cuerpo siempre está alerta
Si convives con un gato, sabrás que lo mismo puede estar dormido delante de la ventana como de pronto saltar detrás de un juguete o un insecto. Parece magia, pero tiene una explicación bastante sencilla. Los gatos no duermen como nosotros. En vez de hacerlo de un tirón por la noche, van haciendo muchas siestas cortas durante el día y la noche. Y buena parte de esas siestas son muy ligeras: el gato parece dormido, pero en realidad sus oídos y sus sentidos siguen funcionando. Por eso tu mascota puede reaccionar tan rápido ante cualquier ruido o movimiento.
Esa forma de descansar es una herencia de sus antepasados salvajes. Un gato en la naturaleza es un cazador que también puede ser cazado, así que no puede permitirse el lujo de quedarse dormido profundamente durante horas: si lo hiciera, su sistema de alerta no funcionaría bien y sería una presa fácil. Lo que hace es descansar a ratos, lo que le permite recuperar su energía muy rápido. Y lo curioso del caso es que, aunque tu gato o gata viva tranquilamente en tu casa sin que existan señales de peligro, su cuerpo sigue funcionando igual. La naturaleza lo ha diseñado así.
Hasta 50 estiramientos al día, y cada uno libera endorfinas
Cuando tu gato se despierta y empieza con sus ejercicios de estiramiento, no lo hace solo para desperezarse. Después de cada siesta, sus músculos necesitan recuperar el tono que pierden mientras duerme. A esos estiramientos se les llama pandiculación y tienen una función muy importante: despiertan los músculos, reactivan la circulación y le indican al cerebro que el cuerpo ya está preparado para moverse.
Lo que quizá no sabías es que un gato puede repetir esos ejercicios de estiramiento entre 40 y 50 veces al día. Y cada vez que lo hace, su cuerpo libera endorfinas, que son las mismas sustancias que nos hacen sentir bien a las personas después de hacer ejercicio.
Otro detalle que merece la pena saber: si tu gato se estira delante de ti y además te enseña la barriga, está mostrándote su parte más vulnerable y si lo hace es porque confía en ti y se siente seguro a tu lado.
Quienes conviven con un gato podrían tener menos riesgo de sufrir un infarto
Hasta ahora todo lo que hemos explicado tiene que ver con cómo al gato le beneficia dormir, estirarse y ronronear. Pero todo eso no solo le hace bien al animal, también a su dueño. Un estudio de la Universidad de Minnesota que hizo un seguimiento a más de 4.000 personas durante 20 años reveló que los dueños de estas mascotas tienen alrededor de un 30 % menos de probabilidades de sufrir un infarto.
La explicación más probable es que el contacto diario con el gato —acariciarlo, escuchar su ronroneo, tenerlo cerca mientras descansamos— hace que nuestro cuerpo produzca más oxitocina, la hormona del bienestar. Eso se traduce en una presión arterial más baja y en un corazón que funciona mejor. Eso sí, los propios investigadores advierten de que este dato hay que tomarlo con cautela, porque todavía no se ha podido demostrar que el beneficio venga directamente del gato y no de otros factores.
Pero lo más interesante es que la compañía del gato no solo relaja. Un estudio publicado en 2023 descubrió que jugar con tu mascota genera lo que los expertos llaman eustrés, una forma de estrés positivo que, en lugar de agotarte, te activa y te mejora el estado de ánimo. Es decir, tu gato no solo te calma cuando sufres momentos de ansiedad, sino que también puede ayudarte a superar momentos de apatía o de tristeza.
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