Pocas ideas están tan arraigadas entre padres, pediatras y propietarios de mascotas como la de que convivir con un gato aumenta el riesgo de que los niños desarrollen asma. Muchas familias han evitado adoptar felinos o incluso han renunciado a ellos tras el nacimiento de un hijo por temor a fomentar las alergias respiratorias.
Una nueva investigación difundida recientemente por Frontiers, una de las editoriales académicas y plataformas de ciencia abierta más grandes e influyentes a nivel mundial, vuelve a cuestionar esa asociación aparentemente evidente y se suma a una creciente corriente científica que apunta a una realidad bastante más matizada.
La ciencia cuestiona el miedo a los gatos y el asma infantil: la clave estaría en la exposición temprana
El estudio sugiere que la convivencia con gatos durante la infancia no necesariamente incrementa el riesgo de desarrollar asma y que, en determinadas circunstancias, incluso podría formar parte de un entorno asociado a una mejor maduración del sistema inmunitario.
La conclusión encaja con numerosas investigaciones publicadas durante los últimos años sobre la llamada "hipótesis de la higiene", según la cual una exposición temprana a microorganismos ambientales podría contribuir a reducir el riesgo de enfermedades alérgicas.
Los gatos producen alérgenos, especialmente la proteína Fel d 1, presente en la saliva, la piel y las secreciones sebáceas. Como estos compuestos pueden desencadenar reacciones alérgicas, parecía lógico pensar que convivir con un gato aumentaría automáticamente el riesgo de desarrollar asma. Pero las cosas no funcionan de forma tan lineal.
Uno de los trabajos más influyentes en este ámbito fue publicado en el Journal of Allergy and Clinical Immunology y siguió a niños desde el nacimiento hasta la adolescencia. Los investigadores observaron que la exposición temprana a perros y gatos no aumentaba necesariamente el riesgo de asma y que, en algunos grupos, incluso se asociaba con una menor probabilidad de sensibilización alérgica.
Una revisión publicada en Current Allergy and Asthma Reports llegó a conclusiones similares. Sus autores señalaron que la relación entre mascotas y enfermedades alérgicas depende de numerosos factores, entre ellos la genética, el entorno doméstico, la microbiota y el momento de la exposición.
Gatos, niños y alergias: el matiz que muchos padres deberían conocer antes de tomar una decisión
Parte de la explicación podría encontrarse en el papel que desempeñan los microorganismos presentes en los hogares con animales. Investigadores de la Universidad de Wisconsin comprobaron que los niños que crecen rodeados de determinados microorganismos ambientales desarrollan respuestas inmunitarias diferentes.
La exposición temprana a bacterias transportadas por mascotas podría ayudar al sistema inmune a distinguir mejor entre amenazas reales y sustancias inofensivas, reduciendo así algunas respuestas alérgicas exageradas.
Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences encontró además que la convivencia con perros y gatos modifica la composición microbiana del hogar y puede influir en el desarrollo inmunológico infantil.
La neumóloga pediátrica alemana Erika von Mutius, una de las mayores especialistas mundiales en alergias infantiles, lleva años defendiendo que el contacto temprano con una amplia diversidad microbiana parece desempeñar un papel protector frente a algunas enfermedades alérgicas. Sus investigaciones sobre niños criados en granjas se consideran fundamentales para entender estos mecanismos.
Los especialistas españoles, por su parte, insisten en que los resultados no deben interpretarse como una invitación a ignorar las alergias diagnosticadas.
La Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) recuerda que los niños ya sensibilizados a los alérgenos felinos pueden experimentar síntomas importantes al convivir con gatos. En esos casos, las decisiones deben tomarse de forma individualizada y siempre bajo supervisión médica.
Lo cierto es que la relación entre exposición a mascotas y desarrollo de alergias depende de múltiples variables. No puede resumirse en una regla universal válida para todas las familias. De hecho, algunos estudios han encontrado resultados aparentemente contradictorios. Mientras ciertas investigaciones observan efectos protectores, otras detectan incrementos del riesgo en poblaciones concretas. Los expertos creen que estas diferencias pueden deberse a factores genéticos, ambientales y socioeconómicos.
No existe evidencia científica sólida que justifique alarmarse o despreocuparse por completo, en síntesis. Lo que muestran los estudios más recientes es que la convivencia con felinos no implica automáticamente un mayor riesgo de asma y que, en determinadas circunstancias, podría incluso formar parte de entornos asociados a una mejor regulación inmunológica.
Al mismo tiempo, los médicos recuerdan que las personas ya diagnosticadas de alergia a gatos requieren una evaluación individual.
En otras palabras, la ciencia está dejando atrás la idea simplista de que "gato equivale a asma". La relación entre mascotas y salud respiratoria infantil resulta mucho más compleja y depende de factores biológicos, ambientales y sociales que todavía continúan investigándose.
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American Academy of Allergy, Asthma & Immunology / https://www.aaaai.org
European Respiratory Society / https://publications.ersnet.org