Los “químicos eternos” aparecen en casi todos los perros y gatos analizados en un estudio: el 99 % tenía una de estas sustancias

Los “químicos eternos” aparecen en casi todos los perros y gatos analizados en un estudio: el 99 % tenía una de estas sustancias

En los últimos años, se está hablando cada vez más de la presencia de distintos compuestos químicos en el organismo humano, pero también en el de otros animales. De hecho, varias investigaciones están analizando hasta qué punto estamos expuestos a estas sustancias y cómo pueden afectar a la salud. Una de las informaciones más llamativas llega ahora de un estudio realizado con perros y gatos, en cuya sangre se han detectado los llamados “químicos eternos” en la práctica totalidad de los animales analizados.

Este hallazgo pone de manifiesto hasta qué punto las PFAS están extendidas en el entorno y cómo la exposición puede alcanzar también a nuestros animales de compañía. Aunque la presencia de estas sustancias no significa necesariamente que los animales estén expuestos a niveles peligrosos ni permite atribuirles enfermedades concretas, sí muestra la amplia distribución de unos compuestos que pueden permanecer durante largos periodos en el medio ambiente y acumularse en los seres vivos.

Los químicos eternos están presentes en productos cotidianos y pueden permanecer años en el medio ambiente

La denominación de “químicos eternos” hace referencia a todas las sustancias artificiales que no se pueden descomponer de forma natural. Estas sustancias son conocidas como PFAS, sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, que son un grupo de compuestos químicos sintéticos muy utilizados en productos industriales y de consumo de sectores como el textil, el alimentario, el electrónico, el químico o incluso en la construcción.

Su expansión se basa en sus características, pues poseen una alta resistencia al calor, al agua y a la grasa. En oposición a sus ventajas, tienen el inconveniente de que son sustancias muy estables, que es lo que hace, precisamente, que puedan mantenerse durante largos periodos de tiempo en el ambiente y, además, se acumulen en los seres vivos. Así, podemos entrar en contacto con estas sustancias al ingerir alimentos, beber agua o utilizar productos derivados de la actividad industrial o de consumo. Los suelos, el aire y el agua también pueden contaminarse.

En los organismos vivos se han determinado efectos nocivos para la salud de estas sustancias, como alteraciones en el sistema inmune, lesiones hepáticas, incremento del colesterol, problemas en el desarrollo o distintos tipos de cáncer. Por este motivo, en la actualidad, se trabaja para reducir y limitar el uso de las PFAS, para controlar la exposición de las personas, recurriendo a productos libres de PFAS, y para sustituirlas por alternativas más seguras para la salud de los seres vivos y el medio.

Las PFAS también están presentes en la sangre de perros y gatos

Es fácil suponer que, si las PFAS están extendidas por el medio y se depositan en los seres vivos, no solo van a afectar a las personas. Al contrario, también estarán presentes en animales de compañía como los perros y los gatos. La confirmación ha llegado de la mano de un reciente estudio realizado con estos animales en Italia y Países Bajos. Los resultados han sido rotundos: en la sangre de los perros y gatos analizados se han encontrado varias sustancias que se engloban en las PFAS.

En concreto, se buscaron 11 y se encontraron 8 en los perros y 9 en los gatos. Es más, una de ellas, conocida como PFOS (sulfonato de perfluorooctano), apareció en la práctica totalidad de los ejemplares. El estudio se llevó a cabo con 179 perros y 84 gatos, con muestras recogidas entre 2021 y 2025. Los animales incluidos estaban sanos o presentaban alteraciones endocrinas, como hipertiroidismo o tumores suprarrenales.

Se escogieron porque, precisamente, se quería observar si la presencia de PFAS era diferente en estos casos. No se ha podido determinar una relación, con lo que, a día de hoy, no se puede afirmar que las PFAS causen enfermedades como el síndrome de Cushing o el hipertiroidismo.

Como hemos dicho, no es de extrañar este resultado en animales domésticos si las PFAS están ya presentes en los humanos, pues, debido a la estrecha convivencia entre humanos y perros o gatos, es lógico pensar que están expuestos a las mismas fuentes de contacto con estas sustancias que sus cuidadores.

Pero, además, hay que añadir actividades que pueden aumentar la exposición, como el autoacicalado, típico de los gatos, es decir, el lamido de su cuerpo y el de otros animales como parte de su rutina de higiene.

El estudio también apunta otro dato importante, pues algunas PFAS se relacionan con dietas más altas en pescado, como las que consumen los gatos. Pero hay que decir que es un estudio con algunas carencias, es retrospectivo y carece de algunos datos que pueden ser relevantes sobre la alimentación o el origen. Tampoco había ejemplares de zonas con baja presencia de PFAS.

El dato más llamativo: el PFOS apareció en el 99 % de los animales analizados

Como hemos avanzado, una de las sustancias encontradas, PFOS, estaba presente en la práctica totalidad de los animales que formaron parte del estudio. En concreto, se localizó en el 99,5 % de los perros y en el 99 % de los gatos. Esta sustancia se emplea, principalmente, como repelente en distintos tejidos, antiadherente o para recipientes de alimentos. Sus efectos adversos son los que hemos mencionado, pudiendo causar problemas a nivel inmunitario o en distintos órganos.

Cabe señalar que la presencia de esta y otras PFAS no quiere decir que todos estos animales estuviesen expuestos a cantidades peligrosas. El estudio solo determina las sustancias presentes y su concentración, pero no establece un umbral a partir del que estemos ante una situación de riesgo. Tampoco, como hemos dicho, las puede relacionar con la aparición de enfermedades concretas. Tan solo ofrece una muestra de la enorme expansión de los químicos eternos.

En resumen, los conocidos como químicos eternos son sustancias que se acumulan por largos periodos de tiempo en el medio y en los seres vivos. Tanto las personas como sus animales de compañía pueden entrar en contacto con ellos a través de alimentos, agua o el propio entorno. Al relacionarse con la aparición de diversos problemas de salud, es clave trabajar para reducir su uso.

Este artículo es meramente informativo, en ExpertoAnimal.com no tenemos facultad para recetar tratamientos veterinarios ni realizar ningún tipo de diagnóstico. Te invitamos a que lleves a tu mascota al veterinario en el caso de que presente cualquier tipo de condición o malestar.

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Bibliografía
  • Bardhi, Anisa et al. (2026): "An investigation of per- and polyfluoroalkyl concentrations in dogs and cats with endocrine disorders", Frontiers in Veterinary Science, vol. 13. Disponible en https://www.frontiersin.org/journals/veterinary-science/articles/10.3389/fvets.2026.1904721/full