El césped de un parque suele ser uno de los sitios habituales en los que los perros juegan, olfatean o mordisquean la hierba. Un entorno, siempre considerado como un lugar seguro, pero que puede conllevar ciertos riesgos que a menudo pasan desapercibidos.
Veterinarios y organismos especializados recomiendan tomar precauciones durante los paseos, especialmente en primavera y verano. Herbicidas recién aplicados, parásitos intestinales y plantas ornamentales tóxicas son algunos de los peligros que pueden esconderse en las zonas verdes y afectar de forma negativa a la salud de tu perro.
Cuidado con el césped más verde del parque: puede ser el más peligroso para tu perro
Durante la época estival, las zonas verdes de nuestras ciudades reciben mucho más mantenimiento que el resto del año. Se riegan casi a diario, se abonan para que luzcan un verde mucho más intenso y, en muchos casos, se tratan con herbicidas para frenar el crecimiento de las malas hierbas. Podría decirse que, cuando un parque luce especialmente bonito, es porque se le han aplicado muchos productos químicos.
Según el Manual MSD de Veterinaria, una de las referencias clínicas de mayor prestigio, la hierba tratada correctamente y completamente seca apenas retiene producto y, en principio, no debería representar un peligro. La situación cambia cuando el césped acaba de ser fumigado y todavía permanece húmedo.
En esos casos, el perro puede entrar en contacto con el herbicida al caminar sobre la hierba, mordisquearla o lamerse las patas después del paseo. Según el Manual MSD, esa exposición puede provocar intoxicaciones con consecuencias como "vómitos, debilidad e incluso dificultades para mantenerse en pie".
Los efectos de los herbicidas del césped pueden ir más allá de una intoxicación puntual
Los herbicidas no solo preocupan por sus posibles efectos inmediatos. Una investigación de la Universidad de Purdue, publicada en la revista de la Asociación Americana de Medicina Veterinaria. Los perros que frecuentan parques y jardines donde el uso de herbicidas es habitual presentan entre cuatro y siete veces más riesgo de desarrollar cáncer de vejiga.
Conviene aclarar que esta investigación se llevó a cabo con scottish terriers, una raza que ya de por sí presenta una elevada predisposición genética a padecer este tipo de tumores. Por ello, los resultados no deben extrapolarse automáticamente al resto de perros.
De hecho, los autores reconocen que la relación entre la exposición a herbicidas y el desarrollo de tumores en los perros sigue siendo objeto de investigación. Sin embargo, más allá de debates científicos, se recomienda mantener a los perros lejos del césped húmedo y de zonas que se acaban de fumigar.
El césped también puede esconder parásitos peligrosos para los perros (y las personas)
Los parásitos del césped son otra de las amenazas a las que se enfrentan los perros durante los paseos. Cuando olisquean el suelo o mordisquean la hierba, pueden ingerir sin querer huevos y larvas presentes en las heces que han dejado otros animales. Uno de los más frecuentes es el Toxocara, un parásito intestinal que, según el ESCCAP, puede afectar a perros de cualquier edad y provocar vómitos, diarrea o problemas de crecimiento en los cachorros cuando la infección es intensa.
El riesgo no afecta únicamente a los animales. Algunos parásitos intestinales también pueden transmitirse a las personas, por lo que mantener al día la desparasitación protege tanto la salud del perro como la de quienes conviven con él.
Para reducir el riesgo de infección, los expertos recomiendan seguir el calendario de desparasitación que establezca el veterinario. La frecuencia y el tratamiento dependerán de factores como la edad del perro, el entorno en el que vive y sus hábitos durante los paseos.
Adelfa, azalea y cícada: las plantas más peligrosas para los perros
En los jardines de los parques no solo crece césped. Muchas zonas verdes cuentan también con flores y plantas que pueden resultar tóxicas para los perros si las olisquean, las mordisquean o llegan a ingerirlas.
La ASPCA, una de las principales referencias internacionales en intoxicaciones animales, incluye entre las especies más peligrosas algunas muy habituales en España. La adelfa puede provocar trastornos cardíacos graves; la cícada o palmera de sagú puede causar daños en el hígado y la azalea puede desencadenar vómitos, diarrea y debilidad. En algunos casos, basta con ingerir una pequeña cantidad para que aparezcan los primeros síntomas.
Por ello, conviene conocer las plantas más comunes de tu entorno y evitar que el perro las muerda o juegue con ellas. Si sospechas que ha ingerido alguna especie tóxica, la mejor solución siempre va a ser acudir al veterinario cuanto antes.
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