Año tras año, la víspera de San Juan se convierte en una auténtica pesadilla para millones de perros. Por eso, pocos días antes, o incluso esa misma noche, muchos tutores buscan soluciones rápidas para ayudar a tus peludos a reducir el miedo. Sin embargo, según señalan los veterinarios especializados en comportamiento animal, cuando los petardos ya han empezado a sonar, es tarde para la mayor parte del trabajo.
“El miedo es una respuesta adaptativa, pero cuando es excesiva hablamos de fobia”, explica la veterinaria Isabel Nuño, que recuerda que este problema afecta aproximadamente a “cuatro de cada diez perros” cuando se trata de ruidos intensos como petardos o tormentas. Y no es solo una cuestión puntual: el sistema de alarma del animal puede activarse incluso antes de que suene el primer estallido.
En ese contexto, las semanas previas a San Juan se convierten en un momento clave. No para “curar” la fobia de un día para otro, sino para preparar el entorno, reducir el impacto y evitar errores que pueden empeorar la respuesta del perro. Como advierte la veterinaria Alba Pérez, el fallo más habitual es claro: “No puedes empezar a tomar medidas cuando empiezan a sonar los petardos”.
Por qué el problema empieza mucho antes de San Juan: fobia, anticipación y sensibilidad al ruido
El miedo a los petardos no aparece de forma repentina la noche del 23 de junio. Es el resultado de una combinación de factores que hacen que algunos perros reaccionen de forma muy intensa a los ruidos fuertes. Isabel Nuño explica que existen tres causas principales: una base genética, una socialización insuficiente durante las primeras semanas de vida y, en algunos casos, experiencias traumáticas.
Sin embargo, como señala la experta, hay dos elementos que marca especialmente la fobia a los ruidos fuertes como los petardos: el desarrollado sentido del oído del perro y la imprevisibilidad del ruido. “Los perros oyen muchísimo mejor que nosotros”, recuerda. Esto significa que los petardos no solo son más fuertes para ellos, sino también más invasivos. A esto se suma que, a diferencia de otros estímulos, los fuegos artificiales suelen aparecer sin un aviso claro, lo que impide al animal anticiparse para gestionar la situación.
En este contexto, la veterinaria Laura Londoño subraya que el problema se va construyendo con el tiempo. No solo por el sonido en sí, sino por la experiencia acumulada del perro en años anteriores. Esa memoria emocional hace que, a medida que se acerca San Juan, muchos animales ya estén más tensos o sensibles, ya que asocian ciertos patrones del entorno con lo que está por venir.
El error más común: esperar a la noche de San Juan para reaccionar
Uno de los puntos en los que coinciden los expertos en comportamiento canino es que la mayoría de tutores actúan demasiado tarde. “Si tu animal empieza a temblar, a llorar o a esconderse, no puedes ignorarlo ni empezar a improvisar”, advierte la veterinaria Alba Pérez. Según explica, uno de los errores más graves es esperar al momento crítico para intentar calmar la situación. En este punto, es preferible acompañar, en lugar de solucionar.
En esa misma línea, Isabel Nuño destaca que el manejo del miedo a los ruidos fuertes requiere dos fases: una inmediata y otra a largo plazo. El problema es que muchos tutores solo actúan en la primera, cuando el estrés ya está activado, y es mucho más efectivo centrarse en la segunda.
Lo que debes hacer desde ya: preparar el entorno antes de que empiecen a sonar los primeros los petardos
A solo unos días del evento, el objetivo no es eliminar el miedo, sino reducir su impacto desde el entorno. María Sanz, conocida en redes como María Vetican, insiste en la importancia de anticiparse: “Asegura posibles vías de escape, cierra puertas y ventanas y prepara una zona segura en casa”. La idea es que el animal tenga un espacio estable, protegido y predecible, y esta zona debe habilitarse con tiempo.
La experta también recomienda empezar a insonorizar el hogar días antes, sobre todo en las horas en las que ya se empiezan a escuchar los primeros petardos. Para ello, además de bajar persianas y mantener las puertas cerradas, recomienda colocar elementos que amortigüen el sonido, como mantas en rendijas. A esto se puede sumar música relajante constante, ya que ayudará a enmascarar el ruido externo.
Además, los expertos coinciden en que, incluso antes de que empiecen a sonar petardos, es recomendable adaptar el horario de paseos para evitar las horas más críticas y las zonas donde se concentrará más ruido.
Cómo crear una zona segura en casa antes de la víspera de San Juan
Uno de los pilares más repetidos por todos los expertos es la creación de un refugio. Isabel Nuño explica que este espacio debe ser aquel que el perro suele elegir cuando tiene miedo. Puede ser una habitación concreta, una esquina o incluso debajo de la mesa. Lo importante es no forzarlo a permanecer en una estancia que no le transmite seguridad.
María Sanz añade que este refugio puede incluir cama, agua, juguetes y elementos que transmitan tranquilidad y protección. Incluso recomienda transformar espacios como transportines en “cuevas” si el animal se siente cómo allí.
La clave es que el perro pueda entrar y salir libremente, sin presión. Y este refugio es conveniente empezar a prepararlo semanas antes para que el animal se vaya habituando y acomodando.
Lo que no deberías hacer en esta fase previa, según los expertos
En los días previos a la víspera de San Juan, algunos errores pueden empeorar gravemente la fobia que ya tiene el perro. Alba Pérez es clara: “No es momento de sacar al perro sin control ni exponerlo a situaciones de riesgo”. Tampoco hay que minimizar el problema o actuar de forma exagerada, ya que el animal percibe el estado emocional de su tutor. Si te nota más nervioso, estará más alerta y tendrá más miedo.
Laura Londoño advierte además del uso de calmantes sin control veterinario. “El perro puede no moverse, pero sigue sintiendo miedo”, explica, señalando que esto puede aumentar la sensación de inseguridad.
También es recomendable evitar cambios bruscos en la rutina o improvisar situaciones el mismo día del evento. Por ello, como señalan los expertos, lo más recomendable es empezar con antelación.
El paso que marca la diferencia a largo plazo: desensibilización durante el resto del año
Los veterinarios también coinciden en un punto clave: lo que se haga una semana antes ayuda, pero no resuelve el problema de fondo. Isabel Nuño subraya que la única estrategia realmente efectiva a largo plazo es la desensibilización progresiva a los sonidos. Esto implica exponer al perro de forma controlada y gradual a ruidos similares, asociándolos a experiencias positivas.
Este tipo de trabajo requiere tiempo, constancia y, en muchos casos, asesoramiento profesional. Por eso, lo más adecuado es, una vez pasado el evento, acudir a un veterinario etólogo o educador canino especializado en fobias para establecer un plan de actuación a largo plazo.
La preparación puntual reduce el impacto, pero no sustituye un tratamiento conductual continuado. En otras palabras, lo que se haga este San Juan es importante, pero lo que se haga el resto del año es lo que realmente cambia la respuesta del perro ante ruidos fuertes como los petardos.
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