Los veterinarios y educadores caninos coinciden: “Tirar de la correa cuando el perro quiere oler algo le genera frustración y estrés durante el paseo”

Los veterinarios y educadores caninos coinciden: “Tirar de la correa cuando el perro quiere oler algo le genera frustración y estrés durante el paseo”

En un mundo guiado por la inmediatez y la necesidad de ejecutarlo todo lo más rápido posible, los perros se han convertido en una víctima más de ese sistema, experimentando paseos cada vez más acelerados. Pero el paseo no debería entenderse como un trámite que “hay que pasar”, es uno de los momentos más importantes del día para los perros. Y, sin embargo, sigue siendo habitual ver la misma escena una y otra vez: el perro se detiene a oler y la correa se tensa para seguir avanzando.

Ese gesto tan normalizado cambia por completo cómo vive el perro su salida a la calle. Para él no es una pausa por capricho, es información, exploración y bienestar. Como resume la veterinaria María Sanz, conocida en redes sociales como María Vetican: “Es su paseo, no tu paseo”.

Por todo ello, veterinarios y educadores caninos coinciden en lo mismo: el problema no es que el perro se pare un momento a oler, es que muchas personas no entienden qué significa realmente ese comportamiento ni lo que sucede en su animal con cada tirón de correa.

Lo que realmente sienten los perros cuando quieren oler y reciben un tirón

Cuando un perro se detiene a oler algo no está perdiendo el tiempo, está procesando información del entorno muy valiosa para él. Mediante el olfato, es capaz de detectar rastros, otros animales que han pasado por ahí antes, datos concretos de esos animales y otras señales que forman parte de su forma natural de comunicación.

Por eso, cuando en ese instante recibe un tirón de correa, la experiencia cambia por completo. Para él no es “una corrección”,sino una interrupción brusca de algo que estaba explorando y tenía todo el sentido para él. Dicho de otro modo: imagina que estás concentrado en algo importante y alguien te tira del brazo de repente. Esa situación genera confusión y frustración. Y en los perros ocurre lo mismo.

La veterinaria María lo expresa de forma clara en su vídeo: “Deja de tirarle a tu perro cuando quiere oler algo de la calle”. Como subraya, no es una cuestión de ritmo, sino de respeto a su forma de percibir el mundo.

Cuando esta dinámica se repite, el perro puede empezar a asociar el paseo con frustración y falta de control sobre su entorno. Esto no solo aumenta su tensión durante la salida, sino que también puede influir en su estado general, haciendo que se esté más inquieto en casa y limitando su capacidad de relajarse.

Tirar de la correa no educa: solo bloquea la experiencia del perro

Uno de los errores más comunes es pensar que el tirón de correa corrige la conducta del perro. Pero desde el punto de vista del aprendizaje, no enseña nada útil: solo interrumpe y perjudica.

La etóloga Marta Sarasúa explica que muchos problemas en el paseo no son desobediencia, sino una mezcla de sobreestimulación, falta de aprendizaje y dificultad para gestionar el entorno. En este contexto, el tirón de correa no ayuda a regular al perro. Al contrario, añade más tensión y reduce su capacidad de concentración. El paseo deja de ser un espacio seguro de aprendizaje y estimulación para convertirse en una sucesión de “correcciones” que, en realidad, el perro no entiende.

Pero, además, los tirones repetidos no solo afectan al comportamiento. También puede tener consecuencias físicas. Como explica Marta, en función de la intensidad y del tipo de collar utilizado, “tirar de la correa puede conllevar una serie de consecuencias negativas para el animal, empezando por el hecho de que puede lesionarse y terminar padeciendo alteraciones respiratorias o musculoesqueléticas”.

El error más común en los paseos: confundir cansancio con bienestar

Existe una idea muy extendida que cada vez más profesionales están desmintiendo: cuanto más corre el perro, más equilibrado está. Pero cansancio físico no siempre significa bienestar.

Como recuerda la adiestradora canina Mercè Garcia, “el paseo no es solo ejercicio”. También es socialización, exploración y regulación emocional. En la misma línea, el educador y etólogo Nacho Húmedas señala que “pasear al perro solo para que se canse puede aumentar su frustración”.

Un perro puede volver agotado después de correr, pero seguir frustrado si no ha podido oler, explorar o decidir su ritmo. Cuando el objetivo del paseo es solo “quemar energía”, se pierde una parte esencial de su bienestar mental.

María Vetican lo explica así: “A lo mejor tu perro lo que quiere y lo que necesita son esos 10 minutos de paseo por una zona nueva en la que olisquear todo lo habido y por haber en vez de estar 10 minutos corriendo en un parque con la pelota de aquí para allá”.

En este sentido, varios adiestradores advierten de que basar el juego exclusivamente en la pelota y practicarlo todos los días puede generar una sobreestimulación en algunos perros, por lo que recomiendan equilibrarlo con otras formas de estimulación más variadas.

Así debería ser un paseo equilibrado, según los expertos

Olfatear no es perder el tiempo, es la principal forma de estimulación mental del perro. Por eso, un paseo equilibrado no se debería medir en kilómetros ni en velocidad, sino en la calidad de la experiencia. Permitir que olfatee no ralentiza el paseo ni lo hace menos útil. Al contrario, lo convierte en una actividad más completa para el animal.

Tanto los veterinarios como los educadores y etólogos caninos coinciden en varios puntos clave que hay que respetar durante los paseos:

  1. Permitir momentos de olfateo sin interrupciones constantes.
  2. Evitar los tirones de correa como herramienta de control.
  3. Adaptar el ritmo al perro y no al recorrido.
  4. Entender el paseo como una experiencia compartida, no como una obligación.

Como resume Mercè Garcia, “cuando el paseo se vive con prisas o tensión, deja de ser enriquecedor para ambos”. Por ello, el objetivo no es que el perro “camine a nuestro lado” sin hacer nada, sino que el paseo funcione como un espacio de bienestar real y estimulación mental.

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