Luis Vallbona, educador canino: “Dos perros corriendo y saltando juntos no siempre están jugando; también pueden estar reaccionando ante una situación incómoda”

Luis Vallbona, educador canino: “Dos perros corriendo y saltando juntos no siempre están jugando; también pueden estar reaccionando ante una situación incómoda”

Los perros, por lo general, son animales sociables que disfrutan de la compañía y la interacción con personas, congéneres e incluso otros animales. Por este motivo, no es extraño que se produzcan reuniones de perros y cuidadores en los espacios en los que se encuentran, y es habitual verlos jugar, correr, perseguirse y saltar juntos.

Pero el educador canino y veterinario Luis Vallbona advierte en un vídeo en sus redes sociales de que este comportamiento no siempre indica que los animales lo están pasando bien. Aunque nos parezca lo contrario, las carreras, los saltos o las persecuciones pueden ser una expresión de incomodidad, según este profesional.

Que tu perro corra y salte con otros perros puede significar algo muy distinto al juego

Como hemos avanzado, un comportamiento tan habitual en muchos perros como jugar, correr y saltar con otros perros puede no significar lo que solemos creer. En otras palabras, esta conducta no siempre es sinónimo de diversión, sino que puede estar señalando un problema de estrés.

Como apunta Luis Vallbona, no es raro que los cuidadores “pasen por alto señales de alerta de sus perros”. Puede ser difícil distinguirlas porque correr, saltar o adoptar diferentes posturas “de juego”, como echar al suelo la parte delantera del cuerpo y dejar el trasero levantado (play bow), son conductas que, efectivamente, están presentes en el juego de los perros. Los perros nos “hablan” con su cuerpo, con las posturas que adoptan, pero la clave para saber si es un juego o estrés está en interpretar todo el contexto.

La clave para saber si tu perro juega o está intentando escapar de una situación incómoda

Así, aunque las carreras, las persecuciones, los saltos y las demás interacciones que podemos ver entre los perros pueden ser muestra de una sesión de juego sin más, en ocasiones, como advierte Luis Vallbona, lo que significan es más bien que los perros se están conociendo y evaluando, calibrando si suponen o no una amenaza para el otro, liberando tensión que se ha acumulado ante una situación que no controlan o, también, este tipo de movimientos puede estar indicando que uno de los perros pide espacio al otro porque se siente incómodo o amenazado.

Lo que hace esta conducta tan movida del perro es decirnos que no sabe, según Luis, “gestionar la situación de otra manera que no sea con dinamismo”. Como podemos intuir, puede gestarse un problema si, en estos casos, el cuidador lo que interpreta es que está ante una sesión de juegos.

Vallbona lo ejemplifica echando mano del pipicán, un lugar de encuentro frecuente entre un buen número de perros que no siempre se conocen y en un espacio reducido. En estos recintos no es raro ver conductas como las que hemos mencionado, esto es, persecuciones, carreras, etc. La interpretación de si se trata de juego o estrés, según el experto, va a depender de quién las inicia, cómo reacciona el otro animal o qué es lo que sucede antes y después. Otros datos que nos pueden dar pistas de que el perro no quiere jugar y, al contrario, está estresado son señales como las siguientes, que indican incomodidad, miedo, alerta o estrés:

  • Apartar la mirada.
  • Relamerse repetidamente.
  • Llevar hacia atrás las orejas.
  • Jadear.
  • Intentar marcharse.

Si tu perro muestra incomodidad, no esperes a que la situación se resuelva sola

Por lo tanto, aunque nos pueda parecer en un primer vistazo que el perro está jugando, si detectamos algunos signos de intranquilidad como los que hemos enumerado, la recomendación del educador es que intervengamos para ayudar a nuestro perro y no esperar a que la situación se reconduzca por sí sola. El animal lo está pasando mal y nuestro trabajo, como cuidadores responsables, es intervenir tan pronto sospechemos que no se trata de un juego. Las opciones son ofrecerle distancia, irnos con él o impedir que sea el otro perro el que se acerque al nuestro.

Pero que, en algunos casos, haya que intervenir no implica que no podamos dejar que el perro se relacione con sus congéneres nunca. Tan solo tendremos que prestar atención a las señales que hemos explicado. El juego social es esencial para los perros y no hay que prohibírselo, solo vigilarlo. De hecho, en opinión de Vallbona, las claves de un buen paseo son “la presencia y el tiempo”, es decir, el cuidador debe estar con el perro sin otras distracciones para atender cualquier eventualidad y permitirle que disfrute de la salida a su ritmo, sin apurarlo ni impedirle olisquear o interaccionar.

En definitiva, los perros corren, saltan y persiguen a sus congéneres como parte del juego social, fundamental en esta especie. Pero, en ocasiones, estos mismos movimientos están indicando un estrés que el animal solo es capaz de gestionar a través del dinamismo. En estos casos, si sospechamos que el perro no lo está pasando bien, debemos intervenir para sacarlo de una situación incómoda.

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