Manuel, adiestrador canino: “Un perro que duerme siempre con la cabeza sobre las patas no está relajado; hay algo en su entorno que no le deja bajar la guardia”

Manuel, adiestrador canino: “Un perro que duerme siempre con la cabeza sobre las patas no está relajado; hay algo en su entorno que no le deja bajar la guardia”

Los perros pasan una buena parte del día durmiendo, entre 12 y 16 horas aproximadamente, y cada una de las posturas que adoptan para dormir revela información muy valiosa sobre su estado de ánimo y bienestar. Algunas, como dormir panza arriba, son sinónimo de confianza y relajación absoluta. Otras, en cambio, pueden estar indicando justo lo contrario: que no se sienten seguros en casa.

Manuel, adiestrador canino, explica en su canal de YouTube Adiestramiento Canine-Service que hay una postura muy concreta que, lejos de ser motivo de ternura, debería hacer saltar las alarmas si se repite de forma habitual: la postura de esfinge.

Cabeza sobre las patas y cuerpo encogido: así es la postura que parece tranquila pero no lo es

Esta postura se llama así, precisamente, porque recuerda a una esfinge egipcia: el perro apoya la cabeza sobre las patas delanteras, con el cuerpo encogido y compacto. A simple vista puede transmitir calma, como si simplemente estuviera descansando. Sin embargo, según explica el experto, “aunque parezca tranquilo, en realidad no lo está”.

Manuel insiste en que esta postura, si se repite constantemente, tiene muy poco de descanso real. Pero es importante diferenciar esta postura de la que él mismo denomina como “Superman”, en la que el perro también tiene el vientre pegado al suelo, pero con las patas delanteras y traseras completamente estiradas. En este caso, aunque el animal tampoco está en sueño profundo, no adopta esta postura por inseguridad, sino porque no quiere perderse nada de lo que ocurre a su alrededor. La diferencia clave está en la posición de las patas: en la esfinge, están recogidas y preparadas para reaccionar; en el Superman, están extendidas, señal de que el cuerpo está mucho más suelto

Por qué esta postura significa que el perro nunca baja la guardia

Según Manuel, un perro que siempre duerme en posición de esfinge no descansa, sino que se encuentra en un estado que él describe como “modo centinela”, sin llegar a relajarse: “No se permite descansar, su cuerpo está preparado para reaccionar en cualquier momento”, afirma el adiestrador. Esto se traduce en un estado de hipervigilancia en el que el perro nunca llega a bajar la guardia por completo, ni siquiera durante el sueño.

El propio Manuel insiste en que no hay que alarmarse si un perro adopta esta postura de manera puntual o de vez en cuando, ya que esto es completamente normal. El problema reside cuando se convierte en la única posición para descansar, sin que en ningún momento se le vea tumbado panza arriba o estirado de otra forma más relajada. En esos casos, según el experto, “algo en su entorno le impide bajar la guardia”.

Y las consecuencias de ese estado de alerta constante no se quedan solo en las horas de sueño. El adiestrador es claro al respecto: la calidad del descanso está directamente conectada con el comportamiento del animal durante el día. Si un perro duerme mal porque su cuerpo nunca llega a relajarse del todo, es habitual que eso se traduzca después en más irritabilidad, mayor reactividad ante determinados estímulos —como otros perros o personas— o un nivel de tensión muy elevado. Y es que, como sucede con las personas, el sueño es fundamental para la salud física y mental de los perros, no solo para su comportamiento durante el día.

Esto es lo que recomienda el experto si el perro no cambia de postura para dormir

Lo más importante, según Manuel, es observar con calma al perro para comprobar si, efectivamente, es la única postura que adopta para dormir o no. Si finalmente el animal nunca se muestra completamente relajado durante el sueño, si jamás descansa panza arriba ni estirado, entonces sí puede ser un indicador de que algo en su entorno le está impidiendo desconectar de verdad.

Las causas pueden ser muy variadas: desde ruidos hasta cambios recientes o la falta de un espacio seguro propio, o incluso tensiones en la convivencia con otras personas o animales del hogar.

Lo recomendable es intentar identificar qué está generando esa inseguridad en el perro y, si no se consigue o la situación no mejora, consultar con un educador canino o etólogo. Un profesional puede ayudar a detectar el problema concreto y trabajar mejor en él para solucionarlo. Así mismo, es conveniente acudir al veterinario para descartar un problema de salud.

El gesto que nunca se debe hacer con un perro que no consigue relajarse

Un perro en “modo centinela” apenas consigue desconectar del todo, por eso es muy importante respetar su descanso en los momentos en los que sí lo consigue. En este sentido, Manuel señala que hay un error que cometen muchos tutores sin darse cuenta: acercarse al perro mientras duerme profundamente para acariciarlo de golpe o darle un beso.

Por tierno que parezca el gesto, en esa fase de sueño profundo, el cerebro del animal está completamente desconectado, y un contacto repentino puede activar un reflejo defensivo: “No se trata de agresividad”, aclara el adiestrador, “se trata de un cerebro que está dormido y que reacciona antes de saber qué está pasando”.

Por eso, si al acariciar a un perro dormido este muerde o ladra, no es que sea agresivo o “tenga un mal despertar”, es que su cuerpo ha activado una respuesta automática.

En este contexto, la recomendación de Manuel es clara: lo mejor es dejar que el perro se despierte por sí mismo y evitar cualquier contacto brusco mientras duerme. En aquellos casos en los que el animal siempre adopta la postura esfinge es todavía más importante, debido a que ya de por sí está en modo alerta. Un contacto inesperado puede provocar una reacción aun más inesperada.

Al final, el mensaje del adiestrador canino es sencillo: no todas las posturas de sueño significan lo mismo, y aprender a leerlas puede decir mucho sobre cómo se siente realmente un perro en su propia casa. La esfinge, en concreto, es la que más conviene vigilar según Manuel, porque detrás de esa apariencia tranquila puede esconderse un estado constante de alerta.

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