La ciudad italiana de Livorno quedó en el centro del debate europeo sobre convivencia urbana y mascotas después de aprobar una medida que obliga a los dueños de perros a limpiar o diluir con agua la orina de sus animales en calles, fachadas y mobiliario urbano. La norma italiana, impulsada por el alcalde Luca Salvetti, prevé multas de hasta 500 euros para quienes no lleven y usen botellas o recipientes adecuados durante los paseos.
La medida generó críticas en redes sociales y reabrió una discusión que en España lleva años creciendo: ¿hasta qué punto los ayuntamientos pueden exigir a los propietarios de perros que limpien la orina en la vía pública? La respuesta corta es que sí pueden hacerlo, aunque no existe una norma estatal única. En España, este tipo de obligaciones depende sobre todo de las ordenanzas municipales. Y varias ciudades ya incorporaron sanciones para quienes no diluyan o limpien los orines de sus mascotas.
Italia empieza a multar a quienes no limpien el pis de su perro en la calle
La ordenanza aprobada en Livorno obliga a los dueños de perros a portar agua con limpiadores biodegradables para diluir o limpiar la orina de los animales. La intención oficial es reducir olores, proteger fachadas y mejorar la higiene urbana.
La normativa surgió tras numerosas denuncias vecinales relacionadas con micciones constantes en portales, esquinas y zonas infantiles. Actualmente, la multa puede ascender hasta 500 euros.
Aunque la medida ha sido considerada como algo extrema para parte de la opinión pública, en realidad tiene antecedentes en otras ciudades europeas. Varias localidades francesas ya habían impulsado campañas similares, y en España muchas normas municipales funcionan desde hace años bajo la misma lógica. El problema de base es generalizado en muchas ciudades europeas: la acumulación de orines provoca malos olores persistentes, daños en estructuras, etc.
¿Es obligatorio llevar agua para limpiar el pis del perro en España?
El fenómeno tiene relación directa con el crecimiento del número de animales de compañía en entornos urbanos. Según datos de FEDIAF (Federación Europea de la Industria de Alimentos para Mascotas), España se encuentra entre los países europeos con más perros en los hogares, superando los nueve millones de animales registrados.
Con más perros viviendo en ciudades densamente pobladas, las quejas por olores, manchas y deterioro del mobiliario urbano comenzaron a multiplicarse. Los ayuntamientos empezaron entonces a endurecer normas de convivencia que antes apenas se aplicaban.
Uno de los puntos más importantes para entender la situación española es que las obligaciones relacionadas con los orines caninos dependen de los ayuntamientos y no de una ley nacional específica.
La Ley 7/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales establece principios generales sobre tenencia responsable y convivencia, pero no obliga expresamente a llevar agua para limpiar la orina de los perros.
Eso deja margen a los municipios para desarrollar sus propias ordenanzas de limpieza urbana y convivencia ciudadana. En consecuencia, la situación cambia según la ciudad. En algunos municipios la limpieza de la orina de los perros es obligatoria y sancionable; en otros se trata solo de recomendaciones o campañas de concienciación.
Barcelona, Valencia y otras ciudades donde ya exigen diluir el pis de los perros
Barcelona
Barcelona fue una de las ciudades pioneras en España en impulsar campañas para diluir los orines de perros. El Ayuntamiento recomienda llevar una botella de agua para limpiar las micciones y establece sanciones por permitir que los perros orinen en fachadas, mobiliario urbano o accesos a edificios.
Las multas pueden alcanzar hasta 300 euros dependiendo de la gravedad y reincidencia. Además, la ciudad reforzó campañas de convivencia y colocó señalizaciones específicas en algunos barrios.
Valencia
Valencia también incorporó obligaciones similares. Su ordenanza municipal establece que las personas responsables de animales deben "adoptar medidas para limpiar y diluir" las micciones en espacios públicos.
Las Palmas y otras ciudades
En ciudades como Valladolid, Salamanca o Las Palmas de Gran Canaria se desarrollaron medidas parecidas, aunque con distintos niveles de exigencia y sanción. Algunas ordenanzas exigen directamente llevar botellas con agua. Otras castigan solo las conductas que generen suciedad persistente o daños al mobiliario urbano.
Las Palmas llegó a contemplar multas superiores a los 1.500 euros en determinados supuestos vinculados a limpieza y convivencia urbana.
El problema urbano que está llevando a más multas para los dueños de perros
Los ayuntamientos sostienen que el problema no es solo estético. La orina canina puede deteriorar mobiliario urbano, dañar árboles jóvenes, afectar fachadas y generar olores intensos, especialmente durante el verano.
En zonas densamente urbanizadas, las micciones repetidas sobre farolas, esquinas o portales provocan corrosión y manchas persistentes. Algunas asociaciones vecinales llevan años reclamando medidas más estrictas en barrios con alta concentración de mascotas.
El debate también tiene una dimensión ambiental. Veterinarios y especialistas recomiendan que la limpieza se haga únicamente con agua o productos inocuos para evitar daños químicos en suelos o en las patas de los propios animales que luego pueden pisar la zona.
Las multas: cuánto pueden cobrar los ayuntamientos
Las sanciones varían mucho según el municipio. En general, las ordenanzas municipales contemplan tres grandes tipos de infracciones: no recoger excrementos, permitir micciones en determinados espacios y no limpiar o diluir la orina cuando la normativa lo exige.
Las multas más frecuentes oscilan entre 50 y 300 euros, aunque algunas ciudades contemplan importes mucho más elevados (hasta 10.000 euros) en casos reiterados o considerados graves.
El problema para muchos ciudadanos es que las normas no siempre son conocidas. A diferencia de otras obligaciones, como recoger excrementos, la exigencia de llevar agua suele aparecer en ordenanzas municipales poco difundidas.
Más allá de las multas, el fenómeno refleja la necesaria redefinición de unas normas de convivencia que hace veinte años apenas existían.
España experimentó un fuerte aumento de animales de compañía durante la última década y especialmente tras la pandemia. Ese cambio impulsó debates sobre acceso a transporte público, alquileres con mascotas, espacios caninos o pipicanes y también limpieza urbana.
La polémica de Livorno, en Italia, muestra hasta qué punto el tema ya forma parte de la agenda pública europea. Y en España, aunque no exista una obligación general en todo el país, cada vez más ayuntamientos parecen avanzar hacia modelos similares: exigir que quienes pasean perros también asuman la limpieza de las micciones como parte de la tenencia responsable.
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