Nala, la perrita que se queda junto a los perros que afrontan solos la eutanasia y les ofrece compañía hasta el final: “Ayuda a que se sientan más seguros”

Nala, la perrita que se queda junto a los perros que afrontan solos la eutanasia y les ofrece compañía hasta el final: “Ayuda a que se sientan más seguros”
Imagen: Lauren y Nala / Instagram (@vet_lauren_)

La eutanasia es el procedimiento más doloroso al que los cuidadores se pueden enfrentar, pues supone la despedida definitiva de su perro, normalmente tras un proceso de enfermedad. Aunque la palabra eutanasia significa “buena muerte” y permite aliviar el sufrimiento de aquellos ejemplares con patologías incurables, acompañarlos en este momento puede ser demasiado duro para los cuidadores.

Algunos escogen dejar a su perro solo con el veterinario. Para estos casos, una veterinaria de Australia, Lauren McNamara, ha recurrido a la perrita Nala, su perra adoptada de unos 8 años, que se encarga de acompañar a sus congéneres en este tránsito.

La eutanasia puede ser más tranquila en casa y junto a la familia

Como hemos explicado, la eutanasia en veterinaria es el procedimiento que finaliza la vida de un animal que no tiene opción de recuperarse y está sufriendo un dolor que ningún fármaco puede ya paliar. Es legal siempre que la realice un veterinario y se justifique por las razones que hemos comentado, es decir, padecimientos terminales que no tienen ningún tratamiento y dolores que ya no se pueden aliviar. Fuera de estos supuestos no se podría llamar eutanasia y sería una práctica prohibida por la legislación vigente.

La eutanasia suele realizarse en las clínicas veterinarias, pero, otras veces, son los veterinarios los que se trasladan al domicilio del animal. La eutanasia en un espacio seguro y en compañía de sus seres queridos, sin necesidad de traslados a entornos poco amigables, con olores y personas desconocidas, ayuda mucho a controlar el estrés que es habitual que pueda sentir el perro, incrementado por la enfermedad y el dolor.

Lo ideal, lo que recomiendan los profesionales, es que al menos un miembro de la familia se quede con el perro mientras dura el proceso de eutanasia o, como mínimo, hasta que esté dormido. Hay que saber que la eutanasia consta de varias fases. En la primera el animal se seda para que no sienta nada en la última fase, que sería el momento de administrar el eutanásico.

A pesar de ser un procedimiento tranquilo, ver a su animal sin vida puede impresionar mucho a algunos cuidadores. Acompañar solo hasta la sedación podría resultar menos duro para ellos y muy beneficioso para el animal.

Nala acompaña a los perros que afrontan solos la eutanasia

Aun así, algunos cuidadores pueden rechazar permanecer presentes durante el proceso por considerarlo demasiado doloroso y verse incapaces de superarlo. En estos casos, la veterinaria australiana Lauren McNamara recurre a su perrita Nala, un cruce de staffordshire bull terrier y kelpie, un perro pastor australiano.

En su experiencia juntas, que se remonta a la época de la pandemia de covid, observó que la presencia de Nala resultaba beneficiosa para los perros que se quedaban solos en la eutanasia. Lógicamente, no es igual que si estuviese el cuidador, que es con quien el animal ha establecido un fuerte vínculo, pero Nala les ofrece más tranquilidad que estar solos con el veterinario.

No hay que olvidar que, como afirma Lauren, los perros “son animales de manada”. Además, cuando inició este acompañamiento, en plena pandemia, los rostros debían cubrirse con mascarillas, lo que hacia el entorno clínico todavía más hostil para los perros que se enfrentaban en solitario a la eutanasia. Que ella misma intentase acariciar al animal no era solución, pues para el perro es una desconocida, con lo que la interacción podría incluso incrementar su estrés.

Lauren, que acudía a la clínica acompañada de su perra, pudo confirmar que algunos perros confiaban más en ella gracias a la presencia de Nala. En los casos de eutanasia, que Nala se acercase a los perros les proporcionaba una calma que Lauren sola no podía conseguir. Nala se aproximaba a ellos, se tumbaba a su lado y, de esta manera, los procedimientos previos a la eutanasia se hacían más llevaderos.

Imagen: Nala acompaña a los perros que se quedan solos durante la eutanasia / Instagram (@vet_lauren_)

Acompañar al perro hasta el final también es una forma de cuidarlo

Volviendo a las palabras de la veterinaria, los perros son animales de manada que desarrollan un vínculo muy fuerte con su cuidador, que se convierte en su figura de referencia. Acompañarlos en la eutanasia y, si es posible, realizarla sin salir del domicilio, favorece que el tránsito hacia la muerte se produzca en un entorno de tranquilidad y paz.

La recomendación de los profesionales, por este motivo, es que el cuidador permanezca presente en todo momento. Hay que insistir en que no es un proceso desagradable, pues el animal se seda para que se duerma antes de la inyección con el fármaco eutanásico. Por lo tanto, el cuidador lo que ve es al perro dormido hasta que, suavemente, deja de respirar.

Pero los beneficios del acompañamiento en este momento no son solo para el perro que se va. Los cuidadores también se pueden beneficiar de compartir la despedida con su animal, lo que les puede ayudar a iniciar el duelo que van a vivir tras el fallecimiento. En lo posible, debería evitarse que la eutanasia la hiciese un desconocido, en un entorno clínico y sin acompañante. Afrontar la eutanasia también debería formar parte de la tenencia responsable de un animal. Es duro, pero necesario.

En definitiva, la eutanasia es un procedimiento clínico que nadie quiere, ya que supone el final de la vida y del vínculo con nuestro perro. Pero conviene aprender a verlo como el último cuidado, el alivio que se le puede ofrecer cuando el dolor no es curable ni tratable. Aunque opciones como la compañía de la perrita Nala son mejores que la soledad, no sustituyen a la presencia de los cuidadores, que es la que suelen recomendar los veterinarios por los beneficios que ofrece tanto al perro como al cuidador.

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