Los perros de las unidades policiales, de rescate o de detección pasan gran parte de su vida ayudando a proteger a las personas. Son capaces de localizar explosivos, detectar sustancias estupefacientes, encontrar desaparecidos o colaborar en operaciones de emergencia. Pero llega un momento en el que también ellos se retiran. Y entonces surge la pregunta: ¿Qué ocurre con estos animales cuando termina su carrera?
En España, asociaciones como Adopta K9 trabajan precisamente para responder a esa necesidad. Su objetivo es encontrar hogares responsables para estos perros de servicio, que después de ocho o diez años de trabajo merecen una jubilación tranquila. Desde la entidad explican que la primera opción siempre es que el animal permanezca con su guía, aunque eso no siempre resulta posible.
Tal y como explicó la secretaria de la asociación, Sofía Muñoz, "muchos compañeros y muchos guías caninos no pueden hacerse cargo del perro una vez finaliza su etapa profesional". Entre las razones citó "problemas de espacio en casa, problemas de caracteres entre perros, alergias en la familia o económicos".
Según explica la propia asociación en su página oficial, su misión consiste en servir de puente entre los guías y las familias que desean ofrecer una segunda oportunidad a estos animales, garantizando siempre que la adopción sea la más adecuada para ambas partes.
Así entrenan a los perros policía desde los tres meses: “Para ellos es un juego”
Los perros operativos no siguen el mismo desarrollo que un perro de compañía. De acuerdo con la información facilitada por Adopta K9 y por diferentes cuerpos policiales, los ejemplares son seleccionados desde muy pequeños por sus cualidades físicas, cognitivas y temperamentales.
A partir de los tres meses comienzan un intenso proceso de socialización para acostumbrarse a personas, ruidos, superficies, vehículos y situaciones poco habituales. Más adelante reciben un entrenamiento especializado según la función que desempeñarán: búsqueda de personas, detección de explosivos, localización de drogas o intervención.
Este trabajo se realiza utilizando refuerzo positivo, un método respaldado por organizaciones veterinarias y especialistas en comportamiento animal como la American Veterinary Society of Animal Behavior (AVSAB). Como destaca Sofía Muñoz, "el adiestramiento de los perros operativos es por refuerzo positivo, para ellos es un juego". El perro aprende a asociar el olor que debe localizar con la obtención de su juguete favorito o una recompensa, de modo que trabaja motivado y sin recurrir al castigo.
“No es un perro que ha nacido para ser una mascota”: la advertencia antes de adoptar un perro policía jubilado
Uno de los aspectos que más destacan los especialistas es que un perro policía jubilado no debe considerarse un perro cualquiera. "Son los mejores de su camada", explica Sofía Muñoz. Esa selección implica animales con una enorme capacidad física, un fuerte impulso de trabajo y una inteligencia muy superior a la media. "Son perros de trabajo, no es un perro que ha nacido para ser una mascota", resume Muñoz.
Esto no significa que sean difíciles de convivir, sino que necesitan familias capaces de proporcionarles ejercicio físico, estimulación mental y una rutina estable. Precisamente esa recomendación coincide con la de expertos en comportamiento canino y con entidades como la Real Sociedad Canina de España (RSCE), que recuerdan que las razas utilizadas habitualmente en unidades operativas -pastor belga malinois o pastor alemán- requieren una actividad diaria superior a la de muchos perros de compañía.
La Fundación Affinity también insiste en que la adopción responsable debe valorar siempre el estilo de vida de la familia, el tiempo disponible y las necesidades concretas del animal antes de formalizar cualquier incorporación al hogar.
Así eligen la familia adecuada para cada perro policía cuando termina su servicio
Adopta K9 realiza un proceso de selección especialmente cuidadoso. La adopción comienza con un formulario, continúa con entrevistas telefónicas y visitas al domicilio y finaliza con un encuentro junto al guía del perro. El objetivo no es encontrar una familia cualquiera, sino aquella que mejor pueda adaptarse al carácter del animal.
"Lo que hace la asociación es proporcionar a la familia el perro que mejor cree que se puede adaptar a ellos y a su ritmo de vida", explica Sofía Muñoz.
Entre los casos de éxito destaca el de Nero y Aria, dos pastores belgas malinois adoptados por la familia española de José Tarodo y su hija Nía. José describe perfectamente el perfil de estos perros: "Son muy fuertes, muy valientes, con muchísima actividad, muy inteligentes y necesitan que se les dé caña física y psicológica".
La adaptación suele ser rápida, aunque algunos comportamientos adquiridos durante años de servicio permanecen. Así ocurrió con Aria, entrenada para detectar sustancias estupefacientes. Durante un paseo, la perra se detuvo frente a varias personas y realizó la típica señal de marcaje esperando su recompensa. "Se ha sentado, ha marcado y de repente me mira a mí pidiendo un premio", relató Nía durante una entrevista en la COPE.
Nero, dn cambio, pertenecía a una unidad de detección de explosivos, por lo que su experiencia cotidiana resulta muy diferente.
Historias como estas muestran que, aunque el trabajo termine, muchas de las habilidades aprendidas permanecen toda la vida. Lo importante es ofrecerles un entorno tranquilo donde puedan seguir disfrutando de actividad física, juegos y afecto, pero sin la exigencia diaria de las misiones operativas.
Después de años dedicados a proteger a los demás, estos perros afrontan una nueva etapa en la que el mayor premio ya no es localizar un objetivo, sino descansar en un hogar estable. Para muchas familias con experiencia en perros activos, adoptar uno de estos veteranos puede convertirse en una forma de devolverles parte de todo lo que han ofrecido a la sociedad.
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