Ni suelto ni con cualquier arnés: cómo debe viajar un perro en el coche, según los expertos

Ni suelto ni con cualquier arnés: cómo debe viajar un perro en el coche, según los expertos

En verano miles de familias españolas se desplazan por carretera con sus perros. La mayoría de los propietarios sabe que el animal no puede viajar suelto dentro del vehículo, pero todavía siguen existiendo muchas dudas sobre cuál es el sistema de retención correcto y si existe una obligación legal de utilizar uno concreto.

Precisamente esa falta de claridad es la que ha llevado a la Real Sociedad Canina de España (RSCE) a reclamar una regulación "más precisa" y una mayor labor de información para mejorar la seguridad vial.

La organización considera que la legislación actual deja un amplio margen de interpretación porque obliga a transportar a los animales de forma que no interfieran con la conducción, pero no establece qué dispositivos ofrecen realmente una protección adecuada ni exige una homologación específica para todos los sistemas que se comercializan. Esta situación, sostiene la entidad, puede traducirse en riesgos para los propios animales, para sus propietarios y para el resto de usuarios de la carretera.

La ley obliga a llevar al perro seguro en el coche, pero no aclara qué sistema debes usar

El principal argumento de la Real Sociedad Canina de España no es que en España no exista legislación, sino que la regulación resulta demasiado genérica.

Actualmente, el Reglamento General de Circulación obliga al conductor a mantener en todo momento su libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción. También exige que los objetos y animales transportados estén colocados de forma que no interfieran con el conductor.

Sin embargo, el texto legal no especifica qué sistema de retención debe utilizarse ni establece un estándar técnico único para garantizar la seguridad de los perros durante un accidente.

Según la RSCE, esa ausencia de criterios concretos provoca que muchos propietarios crean que cualquier arnés, cinturón para mascotas o transportín es suficiente cuando, en realidad, algunos sistemas ofrecen una protección muy limitada durante un impacto.

La organización señala, además, que actualmente no existe una certificación uniforme que permita al consumidor identificar con facilidad qué dispositivos han superado ensayos de choque realmente exigentes y cuáles simplemente cumplen funciones de inmovilización.

Para la entidad, una regulación más detallada ayudaría a reducir esa incertidumbre y facilitaría tanto el trabajo de los agentes de tráfico como las decisiones de compra de los propietarios.

La ley no obliga a usar un arnés concreto, pero la DGT recomienda estos sistemas para viajar con perro

Uno de los aspectos que más confusión genera es pensar que la ley obliga a utilizar un determinado arnés o un tipo específico de transportín. En realidad, eso no ocurre.

El artículo 18 del Reglamento General de Circulación establece únicamente que el conductor debe garantizar su libertad de movimientos, mantener el campo de visión y colocar adecuadamente los animales transportados para que no interfieran en la conducción. Es decir, la norma fija un objetivo de seguridad, pero no identifica cuál es el mejor dispositivo para alcanzarlo. Y en el mercado existen varios sistemas de retención con diseños muy diferentes.

La Dirección General de Tráfico (DGT), no obstante, sí ofrece recomendaciones basadas en criterios de seguridad. El organismo aconseja que los perros pequeños viajen preferentemente dentro de un transportín colocado en el suelo detrás de los asientos delanteros. En el caso de perros grandes, la opción considerada más segura consiste en situar el transportín en el maletero, colocado transversalmente respecto al sentido de la marcha y, siempre que sea posible, combinado con una rejilla divisoria.

Un perro de 20 kilos puede golpear como si pesara cientos en un accidente: la alerta de la DGT

La petición de la RSCE no responde únicamente a una cuestión administrativa. Detrás existe un importante problema de seguridad vial. La organización explica que, durante una colisión a 50 kilómetros por hora, un perro puede salir despedido con una fuerza equivalente a unas treinta veces su peso corporal. Esa enorme energía convierte al animal en un proyectil que puede provocar lesiones muy graves tanto al propio perro como al conductor o al resto de ocupantes del vehículo.

La DGT maneja cifras similares e incluso señala que, dependiendo del tipo de impacto, un animal puede llegar a multiplicar hasta 35 veces su peso debido a la inercia. Así, un perro de apenas 20 kilos puede ejercer una fuerza equivalente a varios cientos de kilos en el momento del choque.

Los ensayos realizados por el RACE mediante crash test muestran que el escenario más peligroso es transportar al perro completamente suelto dentro del habitáculo. En esas condiciones, el animal impacta violentamente contra los asientos o contra los ocupantes, aumentando considerablemente el riesgo de lesiones mortales.

Las pruebas también han revelado que algunos arneses de un único punto de anclaje pueden romperse durante una colisión frontal, mientras que los sistemas con doble anclaje reducen notablemente el desplazamiento hacia delante. Aun así, los expertos consideran que la elección debe adaptarse al tamaño del animal y al tipo de vehículo.

Multas y posible pérdida de puntos: qué puede pasar si tu perro interfiere en la conducción

La normativa española contempla diferentes sanciones cuando el transporte del animal compromete la seguridad vial.

Transportar al perro con un sistema claramente inadecuado puede derivar en multas económicas, mientras que llevarlo completamente suelto dentro del habitáculo o permitir que interfiera con la conducción puede suponer sanciones más elevadas.

En los casos más graves, como conducir con el animal sobre las piernas o en una posición que impida controlar correctamente el vehículo, la conducta puede llegar a calificarse como conducción negligente, con multas superiores y la posible pérdida de puntos del permiso de conducir, dependiendo de la valoración de los agentes y de las circunstancias concretas del hecho.

Precisamente por esa diversidad de interpretaciones, la RSCE insiste en que una regulación más detallada aportaría mayor seguridad jurídica tanto para los propietarios como para los cuerpos encargados de hacer cumplir la normativa.

Como resumió el presidente de la entidad, José Miguel Doval, la seguridad vial también pasa por proteger correctamente a los animales que viajan con nosotros y una legislación más clara contribuiría a reducir riesgos que todavía siguen siendo frecuentes en las carreteras españolas.

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