No es amabilidad, es estrés: qué siente tu perro cuando un extraño lo toca y por qué deberías detenerlo

No es amabilidad, es estrés: qué siente tu perro cuando un extraño lo toca y por qué deberías detenerlo

Las personas a las que les gustan los perros tienen la costumbre de extender su afecto a todos los que ven. Es decir, suelen acariciar a todo perro con el que se cruzan, como si de su propio perro se tratase. Muchas veces esto no representa ningún problema porque los perros son seres sociables que pueden disfrutar de la atención de los desconocidos. Pero no es una máxima que, por sistema, debamos aplicar a todos ellos.

Al igual que las personas, los perros tienen carácter propio. Los hay extrovertidos, juguetones, cariñosos, pero, también, tímidos, miedosos, asustadizos o traumatizados. Por este motivo, para muchos perros que les toque un extraño les supone un estrés innecesario. Por mucho que se haga como gesto de cariño.

Una caricia “cariñosa” puede sentirla como una amenaza de ataque

No es raro ver a personas que, por la calle, se acercan directamente a tocar a un perro con el que se cruzan. Además, lo hacen como si fuese su propio perro: mirando al animal a los ojos, aproximándose de pie y con la mano con la palma hacia abajo para acariciar la cabeza.

No se dan cuenta, pero mirar fijamente a un perro, andar hacia él de pie y avanzar una mano de arriba a abajo supone para muchos perros una amenaza. No es una cuestión menor, ya que, ante esta situación, los perros pueden optar por paralizarse, por huir o por atacar. En otras palabras, lanzarse a saludar a un perro sin conocerlo le genera una situación de estrés que puede derivar en un riesgo para la integridad física, tanto del mismo perro como de la persona, que puede enfrentarse a un mordisco.

También hay que tener en cuenta que algunos perros pueden estar enfermos o sentir dolor. El contacto puede hacerles daño.

Antes de tocar a un perro, hay que preguntar

Para evitar una situación como la que acabamos de describir, siempre que sintamos el impulso de acariciar a un perro desconocido, el primer paso es preguntarle a su cuidador si podemos hacerlo. También podemos fijarnos en si lleva algún tipo de lazo de colores. Hay todo un código cromático que indica diferentes situaciones. Solo los perros con lazo verde podrían ser tocados por desconocidos sin que les suponga un estrés.

Cuando estamos ante un perro sin ningún cuidador visible, la opción es que nos acerquemos poco a poco, bajando la mirada para no cruzarla directamente con la suya. Salvo que el perro muestre alguna señal de alerta o agresividad, como erizar el pelo del lomo, enseñar los dientes o gruñir, podremos agacharnos y extender hacia él nuestra mano, con la palma hacia arriba y siempre por debajo de su cabeza. De esta manera, el animal podrá decidir si quiere establecer contacto con nosotros o no. Es fundamental respetar su espacio y sus ritmos.

Lo primero que hará un perro interesado es olfatear nuestra mano. Es una señal que puede animarnos a acercarnos más y a acariciarlo. Al contrario, si el perro no nos huele, nos da la espalda o baja la cabeza, es mejor esperar o dejarlo tranquilo. No todos los perros tienen por qué querer interactuar con las personas.

Cómo poner límites sin sentirte culpable: la forma correcta de proteger el espacio de tu perro

Nadie mejor que su cuidador conoce a su perro y sabe si le agrada o no recibir la atención de un desconocido. Cuando el perro disfruta de estas atenciones no hay ningún problema, pero, en caso contrario, puede ser difícil frenar a una persona que viene directa a acariciar al perro sin ni siquiera plantearse que pueda ser una mala idea.

En primer lugar, podemos optar por recurrir a los lazos de colores de los que hablamos. Pueden indicar que no hay que tocar al perro por diferentes motivos. Por ejemplo, un lazo rojo es señal inequívoca de que ese perro no se toca. Pero hay un problema con este sistema: no todo el mundo lo conoce. Muchas personas pueden pensar que se trata solo de un complemento estético sin ningún otro significado.

Por este motivo, debemos mentalizarnos de que nos tocará hablar con las personas que se acerquen para impedir que toquen al perro. Lo más sencillo puede ser limitarnos a decir que tiene miedo de las personas que no conoce. Si por cualquier circunstancia no hemos conseguido parar el contacto, conviene que tranquilicemos al perro. Por ejemplo, podemos darle una orden que conozca bien, como “ven”, y aprovechar para darle un premio, que puede consistir en algo de comer o en caricias.

Así lo distraemos y sacamos de la situación de estrés. Es importante el paso de dar la orden antes de premiar. Si lo hacemos directamente, el perro puede entender que lo que premiamos es su miedo, lo que resultaría contraproducente. Por supuesto, nunca debemos reñir a nuestro perro si rehúye el contacto con un desconocido. Como hemos dicho, cada perro tiene su carácter y sus experiencias vitales. Hay que respetarlo y darle su espacio y su tiempo. No está haciendo nada malo.

En resumen, los perros, como las personas, tienen personalidad propia que debemos tener en cuenta antes de establecer contacto. Preguntar al cuidador y atender a la reacción del animal son las claves para que los encuentros no supongan un estrés innecesario y un riesgo.

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Bibliografía
  • Morris, Desmond (1988): Observe a su perro. Barcelona: Plaza & Janés.