Patricia, educadora canina: “Si tu perro vive cambios de conducta entre los 6 y los 18 meses, seguramente esté pasando la pubertad”

Patricia, educadora canina: “Si tu perro vive cambios de conducta entre los 6 y los 18 meses, seguramente esté pasando la pubertad”

Muchas personas perciben que, alrededor del medio año de edad, su perro deja de obedecer, parece más inquieto o comienza a mostrar comportamientos que nunca había tenido. Una respuesta que, según Patricia, educadora canina, podría formar parte de la adolescencia canina, una etapa normal del desarrollo en la que el animal experimenta importantes cambios a nivel físico y mental.

Durante este periodo, que suele abarcar entre los 6 y los 18 meses, pueden aparecer algunos de los problemas de conducta que más preocupan a las familias. Lejos de significar que el perro “se haya vuelto malo” o haya olvidado lo aprendido, la experta insiste en que comprender esta fase y acompañarla con paciencia y educación en positivo resulta clave para favorecer una buena convivencia y prevenir problemas en la edad adulta.

Los expertos coinciden: la adolescencia canina implica cambios en el cerebro de los perros

Durante la pubertad, el perro no solo experimenta cambios físicos asociados a la madurez sexual, sino también un intenso proceso de desarrollo cerebral. En esta etapa, el cerebro reorganiza numerosas conexiones neuronales, reforzando aquellos aprendizajes que utiliza con frecuencia y eliminando otros que considera menos relevantes. Este proceso forma parte del desarrollo normal del animal y explica que algunos comportamientos parezcan cambiar de un día para otro.

Por este motivo, es habitual que un perro que hasta ese momento acudía a la llamada, caminaba correctamente con la correa o respondía a determinadas órdenes empiece a mostrarse más distraído o impulsivo. Sin embargo, esto no significa que haya olvidado todo lo aprendido, sino que está poniendo a prueba esos comportamientos mientras continúa madurando, de forma similar a lo que ocurre durante la adolescencia en las personas.

Además de mostrarse más impulsivos o distraídos, algunos perros también pueden comenzar a explorar más el entorno, responder con mayor intensidad a determinados estímulos o necesitar más tiempo para gestionar la frustración. Estos cambios forman parte de su desarrollo y no implican necesariamente la aparición de un trastorno de conducta.

Los castigos y la mano dura pueden empeorar el problema

Uno de los errores más frecuentes durante esta etapa es pensar que el perro está desafiando a su familia o que necesita un adiestramiento más estricto porque "ya es mayor". Sin embargo, recurrir a gritos, castigos físicos, tirones de correa o cualquier otro método aversivo puede generar el efecto contrario al deseado.

Diversas investigaciones han relacionado este tipo de técnicas con un aumento del miedo, el estrés y la aparición de problemas de comportamiento. Además, interpretar estos cambios como un intento de dominancia puede llevar a aplicar estrategias inadecuadas que deterioren el vínculo entre el perro y su familia. En lugar de corregir la conducta, estos métodos pueden aumentar la inseguridad del animal y favorecer respuestas reactivas.

Los tres errores que más cometen las familias durante la adolescencia de los perros

Uno de los errores más habituales consiste en pensar que el perro ha olvidado todo lo aprendido y dejar de trabajar los ejercicios que ya conocía. Sin embargo, durante esta etapa resulta especialmente importante seguir reforzando las conductas adecuadas mediante sesiones cortas y constantes.

Otro fallo frecuente es aumentar la presión sobre el animal utilizando castigos o corrigiéndolo con mayor dureza al considerar que ya debería saber comportarse. Esta estrategia suele aumentar la frustración y deteriorar la confianza entre el perro y su familia.

Por último, muchas personas reducen los paseos, el tiempo de juego o la estimulación mental precisamente cuando el perro más la necesita. Los juegos de olfato, los ejercicios de inteligencia y las actividades que favorecen la exploración ayudan a canalizar su energía y facilitan un desarrollo más equilibrado.

El refuerzo positivo ayuda al perro a suavizar la pubertad

La pubertad es una de las etapas más exigentes para muchas familias, ya que coincide con la aparición de comportamientos que pueden generar frustración si no se entienden como parte del desarrollo del animal. Por este motivo, numerosos educadores caninos insisten en la importancia de informar a los tutores sobre lo que pueden esperar durante estos meses.

Comprender que el perro no se ha vuelto "malo" ni ha olvidado todo lo aprendido permite afrontar esta fase con mayor paciencia y evitar decisiones precipitadas. Utilizar refuerzos positivos y acompañarlo de forma respetuosa durante este periodo no solo favorece una mejor convivencia, sino que también contribuye a construir un vínculo más fuerte y a prevenir problemas de conducta en la edad adulta.

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