Paula Calvo, experta en antrozoología: “El cerebro del gato no está diseñado para complacerte”

Paula Calvo, experta en antrozoología: “El cerebro del gato no está diseñado para complacerte”

Los gatos tienen fama de ser animales que “van a su bola”. Ellos deciden cuándo y cómo interactuar con nosotros, y no al revés. Pero, ¿por qué? Según Paula Calvo, doctora en antrozoología y experta en el vínculo entre animales y humanos, “el cerebro felino no está diseñado para complacerte, ni para cumplir expectativas humanas”. Funciona diferente y entenderlo es clave para construir un vínculo fuerte.

Comprender cómo funciona realmente el cerebro de un gato es fundamental para entrar en su mundo, dejar de juzgarlo bajo ojos humanos y mejorar la convivencia. Al final, lo que nosotros llamamos “independencia” es, en realidad, una estrategia biológica.

Sobrevivir antes que obedecer: “Primero evalúa y luego decide si es seguro interactuar o no”

Para entender a un gato, hay que conocer sus orígenes. A diferencia del perro, el gato es un depredador solitario y también presa en la naturaleza. Conserva mucho más sus instintos salvajes y, por eso, su cerebro está programado para no bajar nunca la guardia. Como explica Paula Calvo en sus redes sociales, la prioridad biológica de un felino es la certeza. Por eso, su sistema nervioso está programado para analizar los riesgos todo el rato: “Está diseñado para evaluar constantemente el entorno, detectar posibles amenazas y decidir si es seguro interactuar, moverse o retirarse”.

Cuando llamas a tu gato y te ignora, no te está castigando. Su cerebro está procesando muchísima información a la vez. Puede que en ese momento haya detectado una corriente de aire, un ruido o que simplemente sienta que no tiene el control absoluto de la situación, haciendo que su cerebro le ordene dar prioridad a su seguridad.

Como señala Calvo, “muchas conductas que interpretamos como 'carácter', 'frialdad' o incluso 'desobediencia' en realidad son respuestas relacionadas con percepción de seguridad, control del espacio y regulación emocional”. Los gatos necesitan sentir que tienen el control de su territorio, de lo contrario, se desestabilizan y actúan en consecuencia: marcando, huyendo o escondiéndose.

El mito de la “frialdad”: los gatos no son ariscos, tienen otras prioridades

Lo que nosotros interpretamos como “frialdad” es, en realidad, una forma de gestionar el espacio y su equilibrio emocional. Paula Calvo señala que la pregunta que debemos hacernos ante un gato que no viene, que se retira mientras le acariciamos o que responde de una forma inesperada no es “¿por qué hace esto?”, sino “¿cómo está viviendo el entorno en este momento?”. Si entendemos que su cerebro prioriza el control del territorio para sentirse seguro, vemos que su distancia no es un rechazo, sino una respuesta instintiva.

Por tanto, un gato que evita el contacto no te está diciendo que no te quiere; está protegiéndose porque algo lo ha desestabilizado emocionalmente. Al comprender que su cerebro funciona así, vemos que intervenir de forma intensa no es lo que el gato necesita. Cuando un felino decide finalizar una sesión de caricias es por algo, e insistir en seguir acariciándolo puede derivar en un zarpazo de aviso.

Por otro lado, no todo es cuestión de supervivencia. En muchas ocasiones, simplemente la prioridad del gato no es obedecernos o seguir tumbados a nuestro lado: puede ser jugar, mirar por la ventana... A veces, es tan simple como que tiene otras motivaciones.

La clave de la convivencia no es que el gato aprenda nuestras reglas, sino que seamos nosotros quienes aprendamos a identificar sus necesidades. No hay que forzarlo, hay que dejar que sea él quien decida acercarse.

De la conducta al contexto: el secreto de los expertos para mejorar el vínculo

Una vez entendido que el cerebro del gato no busca complacer a los humanos, ¿cómo conseguir que confíe en nosotros y se sienta seguro en casa? Aquí es donde el conocimiento de Paula Calvo se une a la experiencia de expertos en comportamiento felino, como Marta Sarasúa, etóloga. Para ambas, el secreto es comprender y respetar la naturaleza del animal. Sarasúa subraya: “Para que tu gato se comporte de manera más atenta y decida pasar más tiempo contigo, es imprescindible que creéis un vínculo fuerte y sano”.

Marta Sarasúa destaca la importancia de aprender a interpretar su lenguaje corporal para saber cuándo está realmente a gusto. Por ejemplo, si levanta la cola y parpadea suavemente, está buscando tu atención; pero si agita la cola con intensidad o agacha las orejas, mejor dale espacio. Además, para que el cerebro del gato se relaje, necesita tener “acceso ilimitado a recursos básicos como agua y arenero” y espacios cómodos para descansar. Dado que los gatos necesitan controlar su territorio, proporcionarles lugares elevados desde los que observarlo todo es también muy importante.

Expertos como Claudia Cañellas, cofundadora de Patitas&Co, insisten en el poder de la voz y cómo el cerebro de los gatos la procesa. Según Claudia, las tonalidades ligeramente agudas les transmiten calma, seguridad y cercanía. Por ello, usar un tono amable al hablar con tu gato es más que recomendable.

Finalmente, otra de las claves para una convivencia feliz reside en el refuerzo y el juego. Dedicar tiempo a jugar con cañas o pelotas que estimulen su instinto de caza refuerza el vínculo con ellos. Si el gato asocia tu presencia con algo positivo, como el juego, caricias o premiso comestibles, y siente que lo respetamos, su cerebro podrá relajarse y buscará tu compañía por puro placer.

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