Son muchas las personas que no pueden evitar estar todo el día pendientes de su gato: seguirlo con la mirada cada vez que se mueve, comprobar que respira con normalidad mientras duerme o asegurarse de que se ha comido toda la comida. Es una forma de cuidar que nace del cariño, pero que, según una especialista en comportamiento felino, no siempre es lo mejor para el animal.
Pilar Guerrero, veterinaria y etóloga felina, lo ha compartido en su cuenta de Instagram con una afirmación que invita a reflexionar sobre esa costumbre: “Los gatos más equilibrados no viven con los tutores que más los vigilan”. Su mensaje no va de descuidar al gato, sino de algo más sutil: de cómo el estado de ánimo de quien lo cuida acaba transmitiéndose al animal.
La razón por la que la etóloga segura que estar tan encima del gato no ayuda
Para Guerrero, el problema no está en lo que el tutor hace, sino en el estado desde el que lo hace. Según explica, en consulta suele encontrarse con dos tipos de tutores. Los primeros se forman, aprenden y se implican, pero “no pueden parar”. Los segundos hacen exactamente lo mismo, con una diferencia clave: “también saben soltar”.
Es decir, la distinción no está en el nivel de compromiso ni en el interés por hacerlo bien. Ambos perfiles quieren lo mejor para su gato. Lo que cambia es la actitud con la que lo hacen, y ahí es donde la etóloga marca la diferencia. “El gato de las segundas vive más tranquilo”, resume.
El motivo es que el animal se contagia de ese estado de alerta permanente. “Si tú estás pendiente de que algo pueda ir mal, él también empieza a estarlo”, afirma la veterinaria. Dicho de otro modo, un tutor que vive en guardia, pensando que su gato no está lo suficientemente bien o puede ocurrirle algo, puede acabar trasladando a su animal esa misma sensación de estar en guardia, justo lo contrario de la calma que se pretende con tanto cuidado.
La experta no lo plantea como una cuestión menor. Reconoce que a menudo los problemas no mejoran si el tutor no consigue bajar ese nivel de vigilancia, aunque cumpla con todo lo demás.
Aunque no estén encima de él, el gato percibe el estado de alerta y la tensión que hay en casa
Lo más llamativo es que esa vigilancia constante no tiene por qué ser visible. Es decir, no hace falta perseguir al gato por toda la casa ni clavarle la mirada: según Guerrero, “no hace falta estar mirándole fijamente para que lo sienta”. Lo que cuenta es el ambiente que se crea. “Alguien que vive en estado de alerta constante transmite esa tensión al ambiente, y el gato la recoge”, sostiene.
Tiene sentido si se piensa en lo atentos que son los gatos a su entorno y su extraordinaria sensibilidad. Son animales capaces de detectar con mucha facilidad los pequeños cambios en la rutina, pero también el estado de ánimo de sus tutores, aunque no los estén mirando directamente.
Además, la etóloga señala un efecto que recae sobre el propio tutor. Cuando toda la atención se dirige al gato, uno deja de atender lo que necesita para sí mismo, y eso puede acabar generando agotamiento mental y frustración. De ahí su mensaje: “El gato no necesita a alguien perfecto, necesita a alguien que esté bien”.
También influye el exceso de información. Guerrero asegura haber visto tutores con una formación impresionante que viven con una culpa enorme, porque cada consejo nuevo les suma una exigencia más. “En algún punto, acumular información deja de ser cuidado y se convierte en presión”, advierte.
Qué recomiendan los veterinarios: soltar sin dejar de cuidar para transmitir calma y seguridad
Si acumular información puede acabar convirtiéndose en presión y ansiedad, ¿qué puede hacer un tutor que se siente identificado con todo esto? Para Guerrero, la respuesta no pasa por aprender más ni por esforzarse más, sino por bajar el nivel de exigencia. Lo resume en una pauta que, según cuenta, repite con frecuencia en consulta: “Deja de vigilarle, haz todo lo que hemos hablado y suelta, que él no note que vas a lo tuyo”. Es decir, seguir con los cuidados de siempre, pero sin estar pendiente de cada reacción del gato. En la práctica, soltar es respetar su espacio: dejar que el gato tenga su tiempo y su rutina sin estar encima de él, mientras su persona sigue con lo suyo. Soltar, por tanto, no significa desentenderse. Y tampoco exige hacerlo todo perfecto.
Y su planteamiento coincide con el de otros veterinarios cuando hablan de a quién eligen los gatos como su persona de referencia. Por ejemplo, el veterinario Manuel Manzano asegura que “los gatos suelen elegir como persona favorita a la que se muestra un poco más distante”. El veterinario Carlos Gutiérrez, por su parte, también explica que “los gatos eligen a su humano buscando un apego seguro, alguien que les proteja”.
En conjunto, todas estas ideas transmiten un mismo mensaje: distancia no es frialdad, sino no agobiar ni imponer la atención; y protección no es vigilancia constante, sino ser una presencia estable. Según los expertos, los gatos buscan personas que les transmitan calma y seguridad, no ansiedad ni nerviosismo.
De ahí el argumento final de Guerrero, que coloca la calma del tutor al mismo nivel que otros cuidados básicos: “La tranquilidad del tutor es parte del bienestar del gato, no es un extra”, sostiene, igual que el enriquecimiento ambiental o la alimentación. Y para todas aquellas personas que llevan tiempo sintiendo que siempre hay algo más que deberían saber o hacer, tiene un mensaje: “Ese peso no viene de querer poco a tu gato. Viene de quererlo mucho y haberte convencido de que nunca es suficiente”.
Si deseas leer más artículos parecidos a Pilar Guerrero, veterinaria: “Los gatos más equilibrados no son los que viven con los tutores que más los vigilan, sino con los que respetan su espacio”, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Curiosidades del mundo animal.