Qué siente tu perro cuando le gritas: la ciencia revela el impacto en su cerebro

Qué siente tu perro cuando le gritas: la ciencia revela el impacto en su cerebro

¿Alguna ves has levantado la voz a tu perro para regañarle por un mal comportamiento? esto es algo que muchos tutores hacen de forma habitual, con el objetivo de educar a sus peludos y hacerles saber cómo deben comportarse pero, ¿te has preguntado cómo percibe el animal esta situación?

Los perros no experimentan el mundo exactamente de la misma forma en que lo hacemos nosotros. Ellos tienen su propio lenguaje y algunos de sus sentidos, como el del oído, están excepcionalmente desarrollados. Para poder comprender la percepción de los canes, disciplinas como la etología y la neurociencia animal han estudiado durante décadas la cognición y las emociones de los perros.

Gracias a la ciencia, hoy sabemos el impacto que nuestra voz puede tener sobre los perros y que los gritos les afectan. No solo lo hacen a su comportamiento inmediato, sino que pueden provocar cambios emocionales y fisiológicos importantes.

¿Cómo perciben la voz humana los perros?

Los perros llevan miles de años evolucionando junto a nosotros, lo que ha permitido que desarrollen una enorme capacidad para analizar nuestro lenguaje corporal, interpretar nuestro tono de voz y reaccionar en consecuencia. A través de la experiencia y la asociación de eventos, los canes son perfectamente capaces de saber cuándo estamos contentos, enfadados o tristes y pueden predecir nuestra reacción ante ciertas situaciones que ya se han vivido con anterioridad.

En un estudio publicado en el año 2014 se sometió a un grupo de perros a pruebas de resonancia magnética para determinar cómo respondía su cerebro ante las voces humanas. El estudio concluyó que el procesamiento cerebral de los canes es similar al nuestro con la peculiaridad de que los perros cuentan con áreas del cerebro especializadas en interpretar el tono emocional de la voz humana (Andics et al., 2014). Es decir, reconocen las palabras que les enseñamos, pero también saben perfectamente la emoción que hay detrás, si es positiva o negativa.

¿Qué sienten realmente los perros si les gritamos?

Cuando un tutor grita a su peludo, el animal percibe las alteraciones en el volumen, el ritmo y la entonación de la voz y asocia estos elementos a una emoción concreta, en este caso, la ira. Esto desencadena una respuesta específica en su sistema nervioso.

Concretamente, se activan una serie de circuitos neuronales relacionados con el miedo, que tienen su núcleo en la amígdala, la estructura cerebral encargada de procesar las amenazas. Como consecuencia, se eleva el cortisol y el animal altera su comportamiento, mostrándose más tenso, nervioso y estresado (Beerda et al., 1998).

¿Qué papel tiene el aprendizaje en el comportamiento y las relaciones de los perros?

Aunque los perros, desde que son cachorros, pueden notar los cambios de tonalidad de nuestra voz, es necesario que asocien estos cambios con eventos posteriores, para poder establecer relaciones entre causa y consecuencia.

Los perros son animales muy inteligentes que pasan gran parte de su tiempo atentos a cualquier alteración en nuestro comportamiento. Con el tiempo, el animal va comprendiendo que ciertas señales, palabras o expresiones se relacionan directamente con refuerzos o castigos.

Este proceso de aprendizaje se desarrolla durante toda la vida, pero es especialmente importante durante la etapa de cachorro. Por ese motivo, un animal que se educa desde una edad temprana a través de castigos, gritos y correcciones físicas, mantendrá hiperactiva la región de su cerebro que se encarga del procesamiento del miedo y las amenazas y será un animal que crecerá sintiéndose inseguro y desconfiado, pudiendo llegar a desarrollar problemas de comportamiento graves.

¿Pueden tus gritos afectar negativamente a la relación con tu perro?

Sí, regañar a tu perro a base de gritos puede afectar el vínculo entre ambos, ya que el animal termina creando una asociación negativa, en la que tu figura se convierte en una amenaza.

Por supuesto, esto no ocurre si, de manera puntual, gritas a tu perro por hacer algo mal. Regañar al animal con un firme "NO" de vez en cuando no tiene por qué alterar el vínculo entre ambos, siempre que la educación del animal no se base exclusivamente en castigos, sino que se sustente en refuerzos positivos y en una formación sólida sobre etología y comportamiento canino.

Sin embargo, si los gritos y correcciones son muy habituales y, sobre todo, si son inconsistentes e inesperados, el animal desarrolla un estado de estrés crónico, permanece hiperalerta y su fisiología se altera, así como también se altera su comportamiento. Los perros que están asustados y viven bajo un miedo permanente pueden volverse huidizos, agresivos o incluso pueden desarrollar un estado de indefensión aprendida, tornándose completamente apáticos.

¿Qué es mejor hacer en lugar de gritar a un perro?

Gritar a tu perro para regañarle no solo puede afectar negativamente a vuestra relación sino que, además, muchas veces es algo completamente ineficaz que no está enseñando nada de lo pretendido al perro. Por ejemplo, si regañas a tu peludo y le gritas por algo que ha hecho pasado un tiempo (como morder un mueble cuando estaba solo en casa), el animal no va a comprender el motivo del enfado, ya que no puede asociar bien eventos que aparecen separados en el tiempo(Hare & Woods, 2013). Así pues, el perro sentirá miedo pero no modificará el comportamiento inadecuado.

Además, los castigos no enseñan al perro qué debe hacer, sino qué debe evitar. Si no queremos que el animal haga algo, pero no le enseñamos una alternativa a su comportamiento, el perro no sentirá más que frustración y esto altera en gran medida su capacidad de aprendizaje futuro (Vieira de Castro et al., 2019).

Por estos motivos, en lugar de gritar a tu perro, te recomendamos reforzar las conductas apropiadas y centrarte en buscar el origen de los problemas para abordarlos de raíz, en lugar de castigar al animal a posteriori. Para ello, te recomendamos contar con el asesoramiento de un etólogo canino que te ayude a crear un vínculo sano y fuerte con tu peludo.

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Bibliografía
  • Andics, A., Gácsi, M., Faragó, T., Kis, A., & Miklósi, A. (2014). Voice-sensitive regions in the dog and human brain are revealed by comparative fMRI. Current Biology, 24(5), 574–578. https://doi.org/10.1016/j.cub.2014.01.058
  • Beerda, B., Schilder, M. B. H., van Hooff, J. A. R. A. M., de Vries, H. W., & Mol, J. A. (2000). Behavioural and hormonal indicators of enduring environmental stress in dogs. Animal Welfare (South Mimms, England), 9(1), 49–62. https://doi.org/10.1017/s0962728600022247
  • Hare, B., & Woods, V. (2014). The genius of dogs: Discovering the unique intelligence of man’s best friend. Oneworld Publications.
  • Vieira de Castro, A. C., Fuchs, D., Morello, G. M., Pastur, S., de Sousa, L., & Olsson, I. A. S. (2020). Does training method matter? Evidence for the negative impact of aversive-based methods on companion dog welfare. PloS One, 15(12), e0225023. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0225023