Quino está acostumbrado a buscar a otros cuando más lo necesitan. Este labrador de siete años forma parte de los perros especializados de la ONG valenciana Intervención, Ayuda y Emergencias (IAE) y ha participado en operaciones de búsqueda de personas. Pero, después de su última misión internacional, los papeles se han invertido: ahora son veterinarios y especialistas quienes intentan encontrar una respuesta que permita salvarlo.
El perro volvió a España a comienzos de julio después de participar en las labores de rescate posteriores al terremoto que golpeó Venezuela. Apenas unos días más tarde comenzó a sangrar abundantemente por la nariz. Dos meses después, pese a las pruebas realizadas y las transfusiones recibidas, todavía no existe un diagnóstico definitivo.
Quino y otros dos perros trabajaron durante una semana entre los escombros
Quino viajó a Venezuela integrado en el contingente de la ONG Intervención, Ayuda y Emergencias, con sede en Algemesí (Valencia). La expedición estuvo formada por 11 voluntarios especializados y tres perros de búsqueda: Otto, Quino y Ron.
Los equipos trabajaron en estructuras colapsadas utilizando tanto perros como dispositivos electrónicos para localizar posibles supervivientes. También colaboraron con grupos internacionales y prestaron asesoramiento para acceder de forma segura a edificios dañados. Las condiciones no eran sencillas: a los riesgos inherentes a moverse entre estructuras inestables se sumaban las altas temperaturas y una elevada humedad.
Quino pasó alrededor de una semana participando en esas tareas antes de regresar a Valencia. El recibimiento del equipo en Algemesí, el 4 de julio, fue entonces una celebración. Los rescatistas volvían acompañados por Otto, Quino y Ron después de una misión especialmente exigente. Nada hacía pensar que poco después comenzaría otro desafío, esta vez completamente diferente.
Según explicó Moisés Benlloch, miembro de IAE, a Telecinco, tres días después de regresar Quino comenzó a expulsar una gran cantidad de sangre por la nariz. Fue llevado inmediatamente al veterinario. Las transfusiones consiguieron estabilizarlo, pero el problema reapareció.
Quino sigue sin diagnóstico después de dos meses de pruebas y transfusiones
Durante los dos meses siguientes, Quino fue examinado por distintos profesionales. De acuerdo con el relato de IAE, especialistas de la Universidad CEU realizaron numerosas pruebas y algunas muestras fueron enviadas a la Universidad de Barcelona para su estudio. Posteriormente se recurrió también a profesionales de la Universidad Católica.
El gran problema es que las hemorragias continúan y todavía no se ha identificado su causa. Las transfusiones pueden ayudar a compensar las pérdidas de sangre y estabilizar al animal, pero no resuelven necesariamente el trastorno que está provocando el sangrado.
En medicina veterinaria, una hemorragia nasal o epistaxis puede tener orígenes muy distintos, por lo que este síntoma por sí solo no permite determinar qué enfermedad padece un perro.
El Manual Veterinario Merck sobre trastornos hemorrágicos en perros explica que para que la hemostasia —el mecanismo mediante el cual el organismo detiene una hemorragia— funcione correctamente intervienen las plaquetas, los factores de coagulación y los propios vasos sanguíneos. Una alteración en cualquiera de estos elementos puede producir problemas de sangrado.
Entre las posibilidades generales se encuentran trastornos plaquetarios, alteraciones de la coagulación, enfermedades inmunomediadas, determinados procesos infecciosos y otras patologías. Esto no significa que Quino padezca alguna de ellas: sirven únicamente para comprender por qué encontrar el origen de una hemorragia recurrente puede exigir numerosas pruebas.
Los veterinarios investigan si el viaje pudo estar relacionado con su enfermedad
La coincidencia temporal resulta inevitable: Quino estaba sano durante su trabajo en Venezuela y comenzó a mostrar síntomas pocos días después de regresar. Sin embargo, por ahora no existe evidencia que permita afirmar que la enfermedad tenga su origen en el viaje. Los propios integrantes de IAE reconocen que no saben si el problema está relacionado con algo a lo que el perro pudo estar expuesto durante la misión.
Sí existe una razón veterinaria para investigar con atención los antecedentes de viaje. Algunas enfermedades transmitidas por vectores pueden provocar alteraciones hematológicas. Infecciones transmitidas por garrapatas causadas por Ehrlichia o Anaplasma pueden producir trombocitopenia —una reducción del número de plaquetas— en perros. La epistaxis puede aparecer entre los signos clínicos de algunos trastornos plaquetarios.
Pero establecer una relación entre esas enfermedades y el caso concreto de Quino sin resultados diagnósticos sería especulativo. Precisamente la cantidad de estudios realizados muestra la complejidad del cuadro.
Mientras continúa la búsqueda de respuestas, Pancho Gerber, el bombero que trabaja con Quino desde que era cachorro, permanece junto a él. El objetivo ya no es encontrar supervivientes bajo los escombros, sino conseguir que el propio rescatista se recupere.
A sus siete años, Quino se encontraba en un excelente momento de su carrera como perro de búsqueda. Ahora, después de haber dedicado su entrenamiento a localizar y ayudar a personas en situaciones extremas, necesita que los especialistas consigan resolver el misterio que amenaza su vida.
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