Tailandia declara patrimonio nacional al gato siamés y reivindica el origen de la famosa raza felina

Tailandia declara patrimonio nacional al gato siamés y reivindica el origen de la famosa raza felina

El gato siamés es uno de los grandes iconos felinos del planeta: elegante, de ojos azules intensos, extremadamente sociable y convertido en protagonista de películas, anuncios y exposiciones internacionales. Pero ahora Tailandia quiere recordar algo que, según sus autoridades culturales, Occidente terminó diluyendo con el paso del tiempo: esta especie nació en Siam (antiguo nombre de Tailandia) mucho antes de convertirse en una estrella global de la cría moderna.

El Gobierno tailandés aprobó oficialmente el reconocimiento del wichienmaat -el ancestro del actual gato siamés- como patrimonio cultural y símbolo nacional del país. La medida forma parte de un programa impulsado por el Comité de Identidad Nacional tailandés para proteger varias razas autóctonas consideradas históricas dentro de la cultura local.

La decisión no afecta únicamente al siamés. También fueron reconocidas otras razas tradicionales como el korat, el suphalak, el konja y el khao manee, todas vinculadas a antiguos manuscritos y relatos históricos del poderoso reino de Ayutthaya, antecedente de la actual Tailandia entre los siglos XIV y XVIII.

El siamés que conocemos hoy no es el original y Tailandia quiere recuperar su historia

La noticia tiene una fuerte carga simbólica. Es una iniciativa destinada a reforzar el vínculo internacional entre estas razas y su origen tailandés, proteger su patrimonio genético y evitar que el relato histórico quede completamente absorbido por la cría occidental moderna.

Ahí, justamente, aparece uno de los grandes debates del mundo felino. El gato que hoy la mayoría de las personas identifica como siamés (muy delgado, con cabeza triangular y rasgos extremadamente estilizados) es en realidad una evolución desarrollada sobre todo en Europa y Estados Unidos durante el siglo XX.

En cambio, el siamés tradicional tailandés, actualmente conocido como "thai" en muchas federaciones felinas, conserva un aspecto más redondeado y cercano a los ejemplares originales exportados desde Asia en el siglo XIX.

La diferencia es tan marcada que varias asociaciones internacionales terminaron reconociendo ambas líneas como razas distintas. Mientras el siamés moderno se caracteriza por un cuerpo extremadamente esbelto y angular, el thai mantiene una estructura más compacta, cabeza redondeada y rasgos menos exagerados.

El gato siamés fue considerado un animal sagrado

La relación entre Tailandia y el siamés tiene siglos de antigüedad. Los primeros registros aparecen en el Tamra Maew o Libro de poemas de los gatos, una colección de manuscritos elaborados entre los siglos XIV y XVIII en el antiguo reino de Ayutthaya.

En esos textos, el wichienmaat aparecía asociado a la prosperidad, la fortuna y la protección espiritual. Algunos relatos sostenían incluso que estos animales eran guardianes de templos y miembros de la realeza.

Uno de los detalles más llamativos recuperados por la prensa tailandesa es la antigua descripción de los llamados "nueve puntos oscuros" que debía presentar el siamés clásico: orejas, patas, cola, nariz y genitales. La mancha oscura en la zona genital es un rasgo que desapareció más tarde con los estándares occidentales, por motivos vinculados al pudor de la época victoriana.

La expansión internacional del siamés comenzó a finales del siglo XIX, cuando diplomáticos británicos llevaron varios ejemplares desde Siam hacia Europa. Su aspecto exótico y su comportamiento extremadamente sociable causaron sensación en la sociedad victoriana y, en pocas décadas, la raza ya se había popularizado en Estados Unidos y Reino Unido.

Qué hace tan especial al gato siamés

Más allá de la polémica histórica, el siamés sigue siendo una de las razas felinas más reconocibles y populares del mundo. Su rasgo más famoso es el patrón colour point: cuerpo claro con zonas más oscuras en cara, orejas, patas y cola. Esa coloración se debe a una mutación genética sensible a la temperatura corporal.

Otro de sus sellos característicos son los ojos azules intensos, asociados también a esa misma mutación genética. Además, los siameses suelen destacar por un comportamiento especialmente comunicativo. Veterinarios y asociaciones felinas describen a estos gatos como animales inteligentes, muy vocales, curiosos y profundamente apegados a las personas.

Precisamente esa personalidad tan expresiva explica parte de su éxito internacional. El siamés no suele comportarse como un gato distante: busca interacción constante, reclama atención y desarrolla fuertes vínculos con sus tutores.

Durante siglos, estos felinos estuvieron vinculados a palacios y templos budistas, y algunos documentos históricos los describían como animales reservados para la nobleza.

Por qué Tailandia quiere proteger al gato siamés

La decisión de Tailandia llega en un momento de enorme crecimiento del mercado felino en Asia. Medios internacionales señalan que el negocio relacionado con gatos mueve muchísimo dinero en Tailandia, entre criaderos, alimentación y productos de cuidados para gatos, turismo temático, cafeterías felinas y exportaciones vinculadas a razas históricas.

Por eso el reconocimiento oficial también funciona como una estrategia cultural y económica. Tailandia busca consolidar internacionalmente la idea de que estas razas forman parte de su patrimonio histórico, del mismo modo que ocurre con otros símbolos nacionales como el elefante tailandés o el pez luchador de Siam.

En el fondo, la discusión va mucho más allá de la estética felina. Lo que Tailandia intenta recuperar es el relato cultural detrás de uno de los animales más famosos del planeta: un gato que durante siglos fue símbolo de espiritualidad, lujo y prestigio antes de transformarse en un fenómeno global de la cría moderna.

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