Los gatos tienen una imagen de animales fríos y distantes, pero esto realmente no es así. Es verdad que expresan el afecto de una forma menos evidente que los perros, pero son capaces de observar nuestros comportamientos y detectar nuestras emociones, reaccionando ante ellas.
Lo más destacable es que a veces lo hacen sin que seamos plenamente conscientes de nuestro propio estado emocional. Por tanto, los pequeños felinos no solo reconocen nuestra voz y nuestros tonos, sino que también pueden detectar nuestros cambios emocionales y variaciones fisiológicas relacionadas con el estrés, influyendo en su comportamiento.
Tu gato sabe cómo te sientes: así detecta todas tus emociones
Las vías con las que generalmente nuestros pequeños felinos son capaces de interpretar el estado de ánimo de sus cuidadores son, generalmente, tres: el tono de voz, el olor y las señales químicas, y el lenguaje corporal.
El tono de voz es clave para que nuestros gatos determinen cómo nos encontramos, pues, pese a que no entienden palabras o frases complejas, sí distinguen la entonación y los cambios en la voz. Una voz suave y estable les hace sentirse calmados y percibir que nos encontramos bien emocionalmente. Por otro lado, si el tono de voz es más brusco o elevado, notan tensión o enfado, tendiendo a alterarse o inquietarse, e incluso a esconderse al detectar intranquilidad.
El olor y las señales químicas son una vía importante para nuestros gatos, que tienen un sentido del olfato muy desarrollado, y son capaces de notar incluso cambios químicos asociados al estrés humano, la ansiedad o el miedo. En estas situaciones se liberan hormonas como el cortisol y la adrenalina, que modifican ligeramente el olor corporal y son percibidas por nuestros pequeños felinos.
El lenguaje corporal es otra vía importante para que nuestros gatos detecten nuestras emociones, pues son muy observadores y analizan constantemente nuestros movimientos. Por ejemplo, detectan si caminamos deprisa, si interactuamos menos o si adoptamos posturas corporales de dolor, interpretando que no nos encontramos bien.
En esos casos, tienden a esconderse o descansar en lugares más aislados o protegidos. En cambio, cuando detectan que sus cuidadores están tranquilos, caminan con calma, no presentan dolor e interactúan de forma amable y cercana con ellos, suelen permanecer en lugares más accesibles, ya que se sienten seguros.
Lo que le pasa a tu gato cuando tú estás estresado
Nuestros pequeños felinos son animales especialmente susceptibles o sensibles al estrés, pudiendo sufrirlo incluso en situaciones que aparentemente no deberían causarles una gran ansiedad o inquietud, pero que para ellos suponen un mundo.
No solo hablamos de viajes en coche, mudanzas o la llegada de nuevos habitantes, animales o humanos al hogar, sino que pequeños cambios en la decoración de la casa o incluso mover sus comederos o el arenero, aunque sean solo unos metros, pueden resultarles estresantes.
Debido a esto, si sus cuidadores están pasando por un periodo de mayor estrés y ansiedad y el entorno emocional del hogar cambia de forma constante, puede repercutir en nuestros pequeños felinos, generándoles estrés y tensión continua.
Esto puede manifestarse con una menor interacción con su cuidador, aislamiento, pérdida de apetito, agresividad, vocalizaciones excesivas, conductas destructivas e incluso problemas urinarios como la cistitis idiopática felina, pérdida de apetito, trastornos digestivos, sobreacicalamiento que puede provocar alopecia o eliminación inadecuada de orina fuera del arenero.
No todos los gatos reaccionan igual: esto depende de su personalidad y otros factores
Como ocurre con las personas, no todos los gatos reaccionan de la misma forma, pues la reacción depende de factores genéticos, de personalidad, de experiencias previas, de socialización temprana o no, y del vínculo con el cuidador.
Mientras que algunos gatos son muy sensibles y perciben perfectamente cualquier cambio en el estado emocional de su cuidador, otros son más independientes o pasivos frente a situaciones emocionales más complicadas. Por ejemplo, ante una misma situación emocional humana, un gato puede mostrarse más cariñoso o dependiente del cuidador, durmiendo con él, restregándose más o subiéndose encima cuando descansa. Otros, en cambio, reaccionan escondiéndose o aumentando su agresividad o tensión.
Por ello, pese a que haya un patrón general en la forma en que un gato suele reaccionar, no todos los ejemplares se comportan igual y pueden incluso reaccionar de forma opuesta. Lo que sí está claro es que todos detectan y reaccionan a las emociones de sus cuidadores.
Qué hacer para reducir el estrés de tu gato si tú estás mal emocionalmente
Atravesar un momento emocionalmente complicado no es fácil, pero tampoco lo es para tu pequeño felino, por lo que intentar reducir el impacto que nuestras emociones tienen en nuestros gatos es importante para poder disminuir sus niveles de estrés y mejorar su calidad de vida.
Para ello, es recomendable mantener rutinas y horarios, pues los gatos, al igual que los niños, necesitan previsibilidad y seguridad, reduciendo así el riesgo de conductas destructivas. También es importante respetar el espacio de tu gato, ya que si busca aislamiento, no debes forzarlo a estar contigo o en un lugar accesible.
Enriquecer el ambiente con zonas elevadas, rascadores, escondites y juegos es una medida eficaz para entretener a tu gato y reducir sus niveles de estrés. Del mismo modo, el uso de feromonas sintéticas felinas también puede ser útil para crear un ambiente más cálido y sosegado, ayudando a disminuir el estrés de nuestros gatos.
Laura García es veterinaria especializada en medicina felina. Además, es divulgadora de contenidos relacionados con la salud y el bienestar animal, donde aporta rigor científico para ayudar a los tutores a comprender mejor la salud de sus gatos de forma clara y accesible.
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