Un tanatorio de Cádiz abre sus puertas a las mascotas para que puedan despedirse de sus dueños fallecidos y no sientan que los han abandonado

Un tanatorio de Cádiz abre sus puertas a las mascotas para que puedan despedirse de sus dueños fallecidos y no sientan que los han abandonado

La desaparición repentina de la persona con la que un perro o un gato ha compartido su vida puede provocar cambios importantes en su comportamiento. El animal deja de encontrar en casa a alguien que formaba parte de sus rutinas, de sus vínculos afectivos y de su entorno cotidiano, sin que exista una manera de explicarle con palabras qué ha ocurrido.

Partiendo de esa realidad, el Ayuntamiento de Puerto Real, en Cádiz, y Cemabasa pusieron en marcha en junio de 2025 una iniciativa poco habitual en España: permitir que los animales de compañía puedan acceder al tanatorio y al cementerio para despedirse de sus tutores fallecidos.

Bautizado como Protocolo Haru, el proyecto ya ha pasado del papel a la práctica: en mayo de 2026, el propio Ayuntamiento confirmó que se habían producido las primeras despedidas.

Así funciona el protocolo que permite estas despedidas

El Ayuntamiento de Puerto Real y Cemabasa, responsable de las instalaciones funerarias, firmaron el protocolo Haru con la intención de incorporar el bienestar de los animales a un momento especialmente difícil para las familias.

No significa que perros y gatos puedan circular libremente por las instalaciones. El protocolo establece unas condiciones concretas para garantizar que la despedida se desarrolle de manera segura y respetuosa. El animal debe estar acompañado en todo momento por una persona responsable y bajo supervisión del personal de la entidad. El encuentro se realiza además en un espacio privado y durante un tiempo limitado.

La familia puede solicitar este servicio mediante una tramitación que sus responsables han querido simplificar para no añadir nuevas dificultades en los días posteriores al fallecimiento.

La iniciativa ya está funcionando. En una visita realizada en mayo de 2026 al Cementerio Municipal de San Roque, Cemabasa confirmó que ya se habían celebrado las primeras despedidas de animales de sus tutores fallecidos, según informó el propio Ayuntamiento de Puerto Real.

Haru, el gato abandonado que está detrás de esta iniciativa

El nombre del protocolo tiene una historia particular. Haru era un gato que había sufrido el abandono y al que Virginia Mena, responsable de Salud del Ayuntamiento de Puerto Real, adoptó cuando el animal ya era mayor.

Según explicó Mena, Haru la esperaba habitualmente cuando regresaba a casa. Aquella conducta terminó planteándole una pregunta difícil: ¿qué ocurriría si algún día ella muriera y nunca regresara? ¿Podría un animal que ya había sido abandonado interpretar esa ausencia definitiva como un segundo abandono?

Ese pensamiento estuvo en el origen del proyecto. “Saben los animales perfectamente que su dueño no está, pero por lo menos no se quedan toda la vida esperándote”, explica Mena al hablar de la filosofía que inspira la iniciativa. Su experiencia con Haru acabó dando nombre a un protocolo pensado precisamente para ofrecer a otros animales la posibilidad de tener ese último contacto.

El protocolo supone además reconocer algo que cada vez tiene mayor presencia social: para muchas personas, perros y gatos forman parte de la familia y establecen vínculos estrechos con quienes los cuidan.

La ciencia todavía estudia cómo viven los animales la pérdida de un ser querido

La ciencia aconseja ser prudente a la hora de trasladar conceptos humanos como el duelo a otras especies. Existen, sin embargo, evidencias de que perros y gatos pueden experimentar cambios de comportamiento después de perder a un individuo con el que mantenían un vínculo estrecho.

Un estudio publicado en Scientific Reports en 2022 analizó las respuestas de 426 personas que convivían con al menos dos perros y habían perdido a uno de ellos. Los responsables observaron que, según sus tutores, los perros supervivientes mostraban modificaciones en actividades como jugar, dormir o comer, además de cambios relacionados con el miedo. La intensidad de algunas respuestas estaba asociada a la calidad de la relación que mantenían los animales.

En perros y gatos, otra investigación publicada en Animals estudió precisamente si ver el cuerpo del compañero fallecido producía diferencias posteriores. De los animales que tuvieron acceso al cadáver, un 73% lo olfateó o investigó. Sin embargo, los investigadores no encontraron diferencias significativas en los cambios de comportamiento posteriores entre quienes habían visto el cuerpo y quienes no.

Por eso, no puede asegurarse científicamente que permitir a un perro o un gato contemplar el cuerpo de su tutor haga que “comprenda” definitivamente la muerte o evite un proceso de duelo. La propia investigación sobre perros advierte que todavía resulta difícil diferenciar con certeza entre duelo y estrés provocado por la separación y que hacen falta más estudios.

El Protocolo Haru debe entenderse desde esa perspectiva: como una iniciativa de bienestar animal que brinda la posibilidad de una despedida y reconoce que la muerte de una persona también puede alterar profundamente la vida del animal que convivía con ella.

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