Una fotógrafa retrató durante años a perros de cachorros para recrear las mismas fotos de ancianos: las imágenes muestran cómo habían cambiado por fuera, pero seguían siendo ellos

Una fotógrafa retrató durante años a perros de cachorros para recrear las mismas fotos de ancianos: las imágenes muestran cómo habían cambiado por fuera, pero seguían siendo ellos
Imagen: Dog Years Project / Amanda Jones

Hay hocicos que se vuelven blancos, miradas que parecen más serenas y cuerpos que ya no conservan la agilidad de los primeros años. Sin embargo, cuando Amanda Jones coloca una fotografía junto a otra, algo continúa siendo reconocible. Esta talentosa fotógrafa estadounidense volvió a retratar perros que habían pasado por su cámara cuando eran jóvenes. Y el resultado es Dog Years: Faithful Friends, Then & Now, un proyecto que permite observar el envejecimiento canino sin reducir la vejez a una pérdida: detrás de cada transformación física sigue apareciendo un individuo con una historia compartida con su familia.

Las imágenes funcionan también como pequeñas cápsulas del tiempo: permiten comprobar de un vistazo todo lo que puede suceder durante una vida que, para las personas, suele parecer demasiado breve. Y la comparación entre el antes y el después termina hablando tanto del paso de los años como de la huella que deja la convivencia. Ese quizás sea el gran mérito del libro.

Todo comenzó con Lily, la primera perra de Jones

Jones comenzó fotografiando a Lily, su primera perra, una dachshund de pelo largo que llegó a su vida siendo cachorra. En la web oficial de Dog Years: Faithful Friends, Then & Now explica que Lily fue fotografiada desde el día en que llegó a casa y que aquella experiencia inspiró la serie.

Una imagen muestra a Lily con ocho meses y otra con 15 años. Jones contó a Feature Shoot que la perra la acompañó durante 16 años, atravesando mudanzas y la llegada de su primer hijo. Al verla pasar de cachorra inquieta a anciana, decidió contactar con perros y familias a los que había fotografiado antes.

Así nació el libro, publicado por Chronicle Books en 2015. La edición reunió las historias de 30 perros, retratados jóvenes y nuevamente años después, acompañadas por reflexiones de sus familias. Entre ellos aparecen razas y tamaños distintos, desde golden retrievers y gran daneses hasta carlinos y bulldogs franceses.

Jones no buscó reproducir únicamente el aspecto exterior. Las composiciones sencillas, con pocos elementos que distraigan, permiten comparar postura, expresión y mirada. En algunos casos transcurrieron más de diez años entre ambas sesiones.

Imagen: Lily / Dog Years Project / Amanda Jones

Crecen, envejecen y cambian, pero siguen siendo únicos

Los cambios resultan evidentes. Corbet pasó de los dos a los 11 años; Briscoe, de uno a diez; Rufus fue fotografiado a los seis meses y a los 13 años. Pero la intención de Jones era mostrar también aquello que parecía permanecer. La descripción oficial del libro habla de una “chispa” particular de personalidad que persiste durante toda la vida.

Conviene, sin embargo, separar la lectura emocional de las fotografías de una conclusión científica: una imagen no permite determinar sola cómo ha cambiado la personalidad de un perro. Sí ofrece una oportunidad para recordar que envejecer no ocurre igual en todos los animales.

Las guías de la American Animal Hospital Association (AAHA) señalan que no existe una edad única a partir de la cual todos los perros sean seniors, debido a las diferencias de longevidad entre razas y tamaños. Como referencia, consideran esta etapa el último 25 % de la esperanza de vida estimada de cada animal.

También insisten en una idea útil: la vejez no es una enfermedad. Menor movilidad, pérdida de peso, cambios de conducta, alteraciones del apetito o modificaciones en la sed pueden acompañar enfermedades crónicas y no deberían atribuirse automáticamente a “cosas de la edad”. Detectarlas pronto permite valorar qué está ocurriendo y adaptar los cuidados.

Imagen: Dog Years Project / Amanda Jones

El proyecto de Amanda Jones cuenta mucho más que el paso del tiempo

El libro de Amanda Jones adquiere así otra lectura: las fotografías muestran cambios visibles, pero el envejecimiento también puede producir transformaciones que una cámara no registra. Dolor, deterioro sensorial o alteraciones cognitivas pueden aparecer.

La AAHA estima que entre el 14 y el 22,5 % de los perros mayores de ocho años presentan deterioro cognitivo relacionado con la edad. Entre las señales que recomienda vigilar figuran desorientación, cambios en la interacción social, alteraciones del ciclo sueño-vigilia, pérdida de aprendizajes domésticos, variaciones de actividad y aumento de ansiedad. Ninguno de estos signos confirma por sí solo un diagnóstico y requieren evaluación veterinaria.

El proyecto de Jones ha continuado más allá del libro original. Después de décadas dedicada a fotografiar perros, sigue encontrando en ellos una forma de contar el tiempo. En Dog Years Project no idealiza esa etapa de la vida del animal. Pero propone observar y comparar. Entre dos fotografías de un mismo perro caben años de paseos, juegos, enfermedades, rutinas y convivencia que la cámara no muestra, pero que explican por qué, pese a tantas diferencias visibles en la superficie, sus familias continúan reconociendo en esencia al mismo perro de siempre.

Si deseas leer más artículos parecidos a Una fotógrafa retrató durante años a perros de cachorros para recrear las mismas fotos de ancianos: las imágenes muestran cómo habían cambiado por fuera, pero seguían siendo ellos, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Curiosidades del mundo animal.