Una orca pasó 17 días sin separarse de su cría muerta: la historia que conmocionó al mundo y cambió la forma de entender el duelo animal

Una orca pasó 17 días sin separarse de su cría muerta: la historia que conmocionó al mundo y cambió la forma de entender el duelo animal
Imagen: Instagram (@INFONEGRO)

Las imágenes han dado la vuelta al mundo. Una orca nada lentamente mientras sostiene el cuerpo sin vida de su cría sobre la cabeza o el hocico, evitando que se hunda. La escena parece un gesto de despedida profundamente humano, pero ¿qué explica realmente este comportamiento?

La ciencia nos cuenta que las orcas mantienen algunos de los vínculos familiares más fuertes del reino animal y que, tras la muerte de una cría, algunas madres continúan transportando su cuerpo durante horas o incluso días. Se trata de un comportamiento tan llamativo como poco frecuente que sigue despertando numerosas preguntas entre los investigadores.

El caso de la orca Tahlequah: 17 días junto a su cría muerta y más de 1.600 kilómetros recorridos

Uno de los casos más conocidos ocurrió en 2018, cuando una hembra de orca residente del sur del Pacífico nordeste, conocida como J35 o Tahlequah, perdió a su recién nacida poco después del parto. Durante aproximadamente 17 días transportó el cadáver mientras recorría más de 1.600 kilómetros junto a su grupo familiar.

El episodio fue seguido por investigadores del Center for Whale Research y despertó un enorme interés internacional. Desde entonces se han documentado otros casos similares en distintas poblaciones de orcas y también en otras especies de cetáceos.

Estos registros indican que no se trata de un hecho aislado, aunque sigue siendo un comportamiento relativamente raro.

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Cuando el instinto maternal permanece incluso tras la pérdida de una cría

La respuesta a este comportamiento aún no está completamente clara. Existen varias hipótesis que podrían explicarlo y es posible que intervengan varios factores al mismo tiempo.

La explicación más aceptada es la fuerte relación que existe entre una madre y su cría. Las orcas invierten enormes cantidades de energía en la gestación, el parto y el cuidado de sus pequeños. Una cría depende completamente de su madre durante los primeros años de vida, y el vínculo comienza incluso antes del nacimiento.

Cuando una cría muere, la madre podría continuar respondiendo a los estímulos asociados al cuidado maternal, especialmente si el fallecimiento es reciente y el cuerpo conserva parte de su apariencia o flotabilidad.

Otra posibilidad es que la madre necesite un tiempo para reconocer que la cría ha muerto. En especies con una elevada inteligencia y una compleja vida social, este proceso podría no ser inmediato.

Así viven las familias de orcas durante toda su vida

Las orcas (Orcinus orca) viven en grupos familiares muy estables llamados matrilíneas. A diferencia de muchas otras especies, los hijos suelen permanecer toda la vida junto a su madre, formando sociedades donde varias generaciones conviven y cooperan.

Las hembras mayores desempeñan un papel fundamental compartiendo información sobre rutas migratorias, zonas de alimentación y estrategias de caza. De hecho, se ha demostrado que la presencia de las abuelas aumenta las probabilidades de supervivencia de sus descendientes.

Esta organización social convierte a las orcas en uno de los mamíferos con los vínculos familiares más duraderos conocidos.

Lo que sabe la ciencia sobre el duelo de las orcas

Aquí es donde la ciencia invita a ser cautelosos. Los investigadores utilizan el término "comportamientos similares al duelo" para describir este tipo de respuestas, pero evitan afirmar que las orcas sienten exactamente las mismas emociones que los seres humanos.

La razón es sencilla: las emociones son experiencias subjetivas que no pueden medirse directamente en otros animales. Lo que sí puede estudiarse es su comportamiento.

En las orcas se han observado madres que transportan durante largos periodos a sus crías fallecidas, reducen su actividad habitual y permanecen muy cerca del cuerpo. En algunos casos, otros miembros del grupo también parecen acompañarlas.

Estos comportamientos son compatibles con una fuerte respuesta emocional, aunque todavía no permiten conocer con certeza cómo experimentan la pérdida.

Las orcas no son los únicos animales que hacen algo parecido

Las orcas no son los únicos animales que muestran este tipo de conductas. Se han observado delfines empujando a individuos muertos hacia la superficie durante horas, y también existen registros en cachalotes, belugas y calderones. Fuera de los cetáceos, los elefantes permanecen junto a los cadáveres de sus familiares, los tocan con la trompa e incluso regresan al lugar donde murieron.

Algunos primates, como chimpancés, gorilas y macacos, también cargan durante días a sus crías fallecidas. Aunque estos casos no demuestran que experimenten el duelo igual que los humanos, sí muestran que las respuestas de muchos animales ante la muerte son más complejas de lo que se creía.

Lo que este comportamiento revela sobre la inteligencia de las orcas

Las orcas poseen uno de los cerebros más desarrollados del reino animal en relación con su tamaño corporal. Son capaces de cooperar durante la caza, aprender unas de otras, transmitir comportamientos culturalmente entre generaciones y utilizar formas de comunicación propias de cada población.

Todo ello refleja un elevado nivel de complejidad cognitiva y social. Precisamente por eso, cuando se observa a una madre transportando a su cría muerta, los científicos consideran que estos episodios ofrecen una oportunidad única para comprender mejor la vida emocional y social de los cetáceos.

Las preguntas sobre las orcas que la ciencia todavía no puede responder

A pesar de los avances, todavía quedan muchas preguntas sin respuesta. ¿Todas las orcas reaccionan igual? ¿Cuánto tardan en reconocer la muerte de una cría? ¿Qué papel desempeña el resto del grupo? Responder a estas cuestiones requerirá más observaciones y estudios a largo plazo.

Mientras tanto, escenas como esta nos recuerdan que las orcas mantienen algunos de los vínculos sociales más complejos del reino animal. Quizá nunca sepamos exactamente qué siente una madre en ese momento, pero la ciencia sí demuestra que estos comportamientos van mucho más allá de simples instintos.

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