Descubren una nueva especie de pingüino por primera vez en más de un siglo: llevaba décadas pasando inadvertida entre los pingüinos ya conocidos

 
Por María L. Thomann, Bióloga y Máster en Biología y Conservación de la Biodiversidad. 13 octubre 2026

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Un equipo internacional de investigadores identificó una nueva especie de pingüino en las remotas islas Kerguelén, en el sur del océano Índico. Durante décadas, se creyó que los pingüinos papúa distribuidos por distintas regiones del hemisferio sur pertenecían a una misma especie, debido a su gran parecido físico.

Sin embargo, recientes análisis genéticos revelaron diferencias evolutivas que permitieron reconocer a Pygoscelis kerguelensis, conocido como pingüino papúa del sureste. Se trata de la primera nueva especie de pingüino descrita en más de un siglo, un hallazgo que amplía el conocimiento sobre la diversidad de estas aves.

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Parecían iguales, pero eran distintos: así pasó desapercibida la nueva especie

El nuevo pingüino pertenece al grupo de los papúa, también conocidos como pingüinos gentú, fácilmente reconocibles por su plumaje negro en el dorso, vientre blanco, pico anaranjado y una característica franja blanca sobre la cabeza. Estas aves habitan distintas islas subantárticas y regiones de la Antártida, donde forman colonias reproductoras que pueden reunir numerosos individuos.

Durante mucho tiempo, las diferencias observadas entre estas poblaciones se interpretaron como variaciones dentro de una misma especie, Pygoscelis papua. Sin embargo, los estudios genéticos comenzaron a revelar que algunos grupos habían seguido trayectorias evolutivas independientes. Esto llevó a los investigadores a reconsiderar su clasificación y analizar con mayor profundidad sus relaciones de parentesco.

El caso de P. kerguelensis resulta especialmente interesante porque sus características externas son muy similares a las de otros pingüinos papúa. Este fenómeno, conocido como diversidad críptica, ocurre cuando organismos aparentemente iguales presentan diferencias evolutivas importantes. Por lo tanto, el descubrimiento no implica que haya aparecido recientemente un nuevo pingüino, sino que una población conocida finalmente fue reconocida como una especie independiente.

El ADN fue fundamental para distinguir al nuevo pingüino de los ya conocidos

Para esclarecer las relaciones evolutivas entre las distintas poblaciones, los investigadores analizaron los genomas de 64 pingüinos procedentes de diez colonias reproductoras distribuidas por diferentes regiones del océano Austral. La investigación combinó información genética con características físicas, distribución geográfica y aspectos ecológicos, lo que permitió obtener una visión más completa de su diversidad.

Los resultados identificaron cuatro linajes diferenciados: el pingüino papúa del norte (Pygoscelis papua), el del sur (P. ellsworthi), el oriental (P. taeniata) y el nuevo pingüino del sureste (P. kerguelensis). Estos grupos presentan diferencias genéticas que reflejan procesos de separación evolutiva ocurridos durante cientos de miles de años.

Según el estudio, buena parte de esta diferenciación se produjo aproximadamente entre 300.000 y 500.000 años atrás. Aunque los pingüinos son excelentes nadadores y pueden recorrer grandes distancias, suelen mostrar fidelidad a sus colonias reproductoras. Esta característica, junto con el aislamiento geográfico, habría limitado el intercambio genético entre poblaciones, favoreciendo su diferenciación a lo largo del tiempo.

Las islas Kerguelén, un territorio clave para el descubrimiento

Las islas Kerguelén se encuentran en una de las regiones más aisladas del planeta, aproximadamente a 2.000 kilómetros al norte de la Antártida. Este archipiélago presenta condiciones ambientales rigurosas, caracterizadas por bajas temperaturas, fuertes vientos y extensos paisajes dominados por ambientes fríos. Allí habitan numerosas aves marinas que dependen de los recursos del océano para sobrevivir.

El aislamiento de estas islas habría desempeñado un papel importante en la evolución de esta nueva especie. Además, los investigadores señalaron la influencia del Frente Polar Antártico, una zona oceánica donde se encuentran masas de agua con diferentes temperaturas y características. Aunque no representa una barrera física infranqueable, puede restringir los desplazamientos y el intercambio genético entre poblaciones.

Los análisis también encontraron señales de adaptación relacionadas con procesos fisiológicos como la regulación de la temperatura corporal, el metabolismo y el transporte de oxígeno. Estas características podrían estar vinculadas con las distintas condiciones ambientales que enfrentan los pingüinos en sus áreas de distribución. El descubrimiento demuestra cómo el aislamiento y las presiones ambientales pueden contribuir a la aparición de nuevas especies, incluso entre animales de apariencia prácticamente idéntica.

El hallazgo revela que no todos los pingüinos afrontan las mismas amenazas

El reconocimiento de Pygoscelis kerguelensis tiene implicaciones que van más allá de la clasificación científica. Identificar correctamente las especies permite comprender mejor dónde viven, qué recursos necesitan y cuáles son las amenazas que enfrentan. Cuando varias poblaciones evolutivamente diferentes se consideran una única especie, sus particularidades ecológicas pueden pasar inadvertidas en las estrategias de conservación.

De acuerdo con las proyecciones analizadas en la investigación, tres de los cuatro linajes podrían experimentar pérdidas importantes de hábitat adecuado debido al cambio climático. Las poblaciones que habitan islas subantárticas presentan una vulnerabilidad particular, ya que su aislamiento reduce las posibilidades de desplazarse hacia otros territorios. En cambio, el pingüino papúa del sur podría encontrar nuevas áreas ambientalmente favorables en sectores de la Antártida.

Estos resultados destacan la necesidad de evaluar cada especie por separado para diseñar medidas de protección más precisas. También ponen de manifiesto la importancia de las herramientas genómicas para estudiar la biodiversidad, especialmente en regiones remotas donde todavía existen importantes vacíos de conocimiento. Más de un siglo después de la última descripción de una nueva especie de pingüino, el hallazgo recuerda que incluso los animales más conocidos pueden esconder una historia evolutiva mucho más compleja de lo que parece.

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Bibliografía
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