Los veterinarios están de acuerdo: “Premiar siempre a un gato con comida no hace que aprenda mejor”
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Normalmente, los cuidadores de gatos no se esfuerzan por enseñarles órdenes básicas, como sentarse o acudir a la llamada, con las que sí se educa a los perros. La creencia extendida es que los gatos, tan independientes e incluso ariscos, no pueden aprender ni les hace falta, ya que no salen de casa.
Pero lo cierto es que sí son capaces de recibir enseñanzas, siempre desde la llamada disciplina positiva, que consiste en premiar sus aciertos, es decir, implantar el refuerzo positivo que recompensa las conductas que queremos que el animal repita. Precisamente, sobre las recompensas a utilizar los veterinarios afirman que no siempre la comida es la mejor elección.
Por qué la comida no siempre funciona para educar a los gatos, según los expertos
Darle una galletita o un poco de atún a un gato cuando realiza un comportamiento especialmente destacado o, simplemente, nos hace caso, suele ser la primera opción de muchos cuidadores. Y es una buena idea, pues se trataría de un refuerzo positivo que ayudaría a que el gato quisiese repetir la acción premiada para volver a disfrutar de su premio.
Esto es, el gato nos obedece y, justo en ese momento, le ofrecemos una galletita, un snack o cualquier otra comida que le guste especialmente, proporcionándole una satisfacción inmediata. Así conseguimos que relacione la acción con el premio y quiera repetirla para obtener más recompensas.
Pero lo que advierten los veterinarios es que utilizar con frecuencia el recurso de la comida puede hacer que pierda importancia para el gato, en especial si premiamos demasiado, es decir, le damos comida absolutamente por todo lo que hace.
De esta forma, la comida dejaría de ser un premio, pues el animal perdería de vista su relación con la conducta que queríamos que realizase. En otras palabras: la comida tiene valor porque es ocasional. Si se convierte en rutina, es normal que deje de motivar al animal. Si se la damos para todo, no sentirá que es un premio que se ha ganado por su esfuerzo.
La comida no es la única recompensa: caricias, juego y palabras también funcionan
Aunque los premios comestibles suelen ser la primera opción, ya que entendemos que es lo que más le va a gustar al gato, lo cierto es que los veterinarios coinciden en que no es la mejor recompensa en todos los casos, a pesar de las múltiples opciones a nuestro alcance, como galletitas, churus o diferentes alternativas caseras como el atún o el pollo.
Así, los expertos hablan de mejoras en el aprendizaje recurriendo a recompensas como las caricias, un rato de juego o unas simples palabras en tono cariñoso. De hecho, las palabras de reconocimiento que suelen acompañar a la entrega de la recompensa comestible, con el tiempo, van a tener para el gato el mismo efecto que la propia comida.
Tendremos que observar a nuestro gato para aprender qué es lo que prefiere. Hay que tener en cuenta que algunos son neofóbicos, es decir, rechazan cualquier alimento que no sea al que se han acostumbrado. Y un aspecto importante: en la actualidad, son muchos los gatos que sufren problemas de sobrepeso y obesidad. Aunque el premio nos parezca una cantidad muy pequeña, suelen ser productos muy calóricos y, al final, son pequeñas cantidades que se van sumando a lo largo del día que, por este motivo, pueden acabar suponiendo una ración extra de calorías considerable, aumentando los kilos de más.
Por lo tanto, aunque la comida puede ser importante y servir para estimular al animal, sobre todo al inicio de la educación, es aconsejable que vayamos cambiándola o alternándola con otras recompensas, como las que hemos mencionado, o incluso recurrir, directamente, a esas otras opciones. Además, hay que saber que lo habitual es que el gato acostumbrado a la secuencia de acción y recompensa la acabe repitiendo ya sin necesitar un premio.
Por otra parte, durante el aprendizaje, ir cambiando de premio puede aumentar la motivación. Si, por ejemplo, el gato sabe que la recompensa que le espera es comida y justo acaba de comer, es posible que ni consigamos atraer su atención. Si, al contrario, no sabe qué le vamos a dar, tendrá más interés en atendernos. Incluso cuando damos comida, podemos jugar con diferentes tipos, tanto caseros como comprados.
La educación también es importante para los gatos
Como decíamos al principio, cada vez más personas entienden que deben educar a sus perros, pero no se tiene la misma percepción con los gatos. Y es una pena, ya que su educación puede ser beneficiosa tanto para mejorar la convivencia como para reforzar el vínculo que se debe establecer entre los animales y sus cuidadores. Un buen vínculo es la base fundamental que nos permitirá cualquier aprendizaje posterior. “Si no están relajados con los humanos, no pueden aprender nada”, señala el veterinario Carlos Gutiérrez, experto en gatos, en sus redes sociales.
En resumen, la educación felina siempre debe hacerse mediante el refuerzo positivo: recompensando inmediatamente después de que el animal realice la acción que queremos. Pero, aunque la comida puede parecer la mejor opción de premio, los veterinarios advierten de que, en exceso, podría llegar a ser contraproducente. Las caricias, el juego o las palabras cariñosas son otras recompensas efectivas.
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