Educación básica

Ni independientes ni difíciles: crean una guía veterinaria que explica cómo educar a los gatos sin enfados ni castigos

 
María Besteiros
Por María Besteiros, ATV y peluquera canina/felina. 20 mayo 2026
Ni independientes ni difíciles: crean una guía veterinaria que explica cómo educar a los gatos sin enfados ni castigos
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Sobre los gatos circulan una buena cantidad de mitos y de comparaciones con los perros. Uno de los más extendidos es el de su independencia, que se acostumbra a asociar a una incapacidad o resistencia al aprendizaje, en contraposición con las habilidades que se les dan por supuestas a los perros. En otras palabras, se tiende a pensar que es inútil molestarse en educar a los gatos. Pero no es eso lo que la ciencia nos dice.

Los estudios determinan que los gatos también pueden aprender. La clave está en descubrir cómo lo hacen y adaptar nuestras enseñanzas a su naturaleza para que nos puedan entender.

En la línea de ofrecer a los cuidadores herramientas para el aprendizaje de los felinos domésticos, la Feline Veterinary Medical Association, una organización que agrupa a veterinarios de distintas partes del mundo especializados en los gatos y que se dedica a investigar, enseñar y elaborar guías clínicas, ha lanzado su última publicación, precisamente sobre la educación felina.

En concreto, la guía de 48 páginas que proponen ofrece información práctica para ayudar, tanto a veterinarios como a cuidadores, en el adiestramiento de sus gatos y en los posibles problemas de conducta que puedan surgir en la convivencia o la consulta.

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Los veterinarios afirman que los gatos pueden aprender durante toda su vida

El primer punto que nos hace revisar esta guía es el mito con el que abrimos el artículo: que los gatos no pueden educarse como sí se hace con los perros. Pero esta publicación veterinaria afirma que son capaces de aprender y que, además, lo hacen de forma continua, a lo largo de toda su vida. Son animales que están siempre pendientes de su entorno, procesando los estímulos a los que se enfrentan para ofrecer respuestas adaptadas.

Su aprendizaje es de dos tipos: asociativo y no asociativo. En el primero, el asociativo, el gato relaciona acciones con sus consecuencias. En cambio, en el no asociativo se incluyen procesos como la habituación y la sensibilización. El aprendizaje asociativo es especialmente interesante para el aprendizaje, ya que permite repetir conductas con resultado positivo, es decir, el gato hace determinada acción y le damos un premio.

Además, hay que tener en cuenta que el momento emocional que atraviese el animal también repercute en su aprendizaje. Así, esta guía veterinaria explica que, cuando un gato siente miedo o ansiedad, adopta un modo “defensivo”, que es contrario al aprendizaje. Por este motivo, nunca va a funcionar educar a base de castigos ni de gritos. Al contrario, son métodos contraproducentes que van a llevar a una mayor resistencia del gato a cualquier conducta que pretendamos que haga e incluso a reacciones de agresividad. En cambio, si le ofrecemos un ambiente donde fomentamos su curiosidad y, como hemos explicado, lo premiamos cuando realiza una acción que queremos que repita, estaremos animando su aprendizaje.

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El método que sí funciona para educar a los gatos: el refuerzo positivo

Como hemos explicado, si el gato recibe algún premio al realizar una conducta que nos interesa estaremos propiciando el aprendizaje. El gato la repetirá para recibir su recompensa. Es lo que se conoce como refuerzo positivo y debería ser siempre el método de elección para enseñar a los gatos.

Por cierto, que solemos pensar en que el premio tiene que ser comida, pero muchos gatos disfrutan más de la interacción con sus cuidadores, es decir, prefieren unas caricias o un juego antes que un snack. Por esta razón, habrá que fijarse en sus preferencias para ajustar los premios.

Educar a tu gato es más importante de lo que crees

Asociamos fácilmente la educación con los perros. Estamos acostumbrados a que respondan a órdenes básicas, como sentarse o acudir a la llamada, e incluso los vemos realizando trucos de gran complejidad. En cambio, a los gatos, siguiendo la idea de que son independientes e incapaces de aprender, se les deja sin educación. En este punto, hay que tener en cuenta que educar también significa que el gato aprenda conductas imprescindibles y que nos facilitarán mucho el manejo y la convivencia. Por ejemplo, introducirse en el transportín o aceptar cortes de uñas o cepillados.

Por otra parte, la educación también sirve para intervenir en casos de conductas que podemos denominar disruptivas, como rascar el mobiliario u orinar fuera del arenero para marcar el territorio. Además de entender que son conductas con explicación en la naturaleza felina, de manera que el gato no las hace por fastidiarnos, con la educación podemos redirigirlas, por ejemplo, ofreciendo rascadores adecuados o cuidando el enriquecimiento ambiental para evitar el estrés que puede llevar a realizar estas conductas.

Eso sí, los veterinarios señalan que, en estas situaciones, conviene revisar la salud del animal, pues, en ocasiones, el problema puede tener un origen patológico. Por ejemplo, un gato con infección de orina no es extraño que se vea obligado a orinar fuera de su bandeja higiénica. Uno con artrosis quizás no pueda entrar y salir de ella. En estos casos, el gato estará a la defensiva y, lógicamente, no podrá aprender.

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Claves para educar a los gatos en casa según los veterinarios

La guía recién publicada por la asociación de veterinarios expertos ofrece algunos consejos para facilitar el aprendizaje de los gatos en casa. Destacamos los siguientes:

  • Cuidar el enriquecimiento ambiental.
  • Reducir los elementos causantes de estrés.
  • Minimizar las distracciones.
  • Escoger sus premios preferidos.
  • Premiar justo después de la conducta que se quiere consolidar.
  • Empezar lo antes posible.
  • Programar pequeñas sesiones de entrenamiento.
  • Aprovechar conductas que el gato realiza de forma natural, como sentarse, para reforzarlas y que llegue a hacerlas cuando se le pidan.
  • Optar siempre por el refuerzo positivo.
  • Armarse de paciencia.

En definitiva, los gatos sí pueden y deben educarse, tanto para su bienestar como para facilitar la convivencia con ellos, pero siempre desde el refuerzo positivo y nunca imponiéndonos por la fuerza o el miedo. Educar a un gato pasa por comprender su forma de aprender y adaptarnos a ella.

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