Curiosidades del mundo animal

Inés y Deborah, psicólogas expertas en duelo: “Cuando muere tu perro o gato no hay pésame ni días libres, sigue siendo un duelo que la sociedad no valida”

 
Eva López
Por Eva López, Editora Sénior. 29 septiembre 2026
Inés y Deborah, psicólogas expertas en duelo: “Cuando muere tu perro o gato no hay pésame ni días libres, sigue siendo un duelo que la sociedad no valida”
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Cuando fallece una persona cercana, es habitual recibir llamadas y mensajes dando el pésame, abrazos e incluso un permiso en el trabajo para poder despedirse. Pero cuando quien se va es un perro o un gato, ese compañero que ha estado a nuestro lado cada mañana y cada noche, en los días malos y en los buenos, la escena suele ser muy diferente. Muchas personas atraviesan esa pérdida en silencio, casi escondidas y con la sensación de que no tienen derecho a estar tan hundidas. Se espera que la vida continúe con normalidad, de un día para otro, como si no hubiera pasado nada. Pero sí ha pasado.

Dos psicólogas especializadas en duelo animal, Inés Serra y Deborah Blasco, hablan de esta realidad y ponen el foco en la desconexión entre lo que siente quien pierde a su animal y lo que el entorno le permite sentir. Su mensaje es claro: lo que se siente es real, es legítimo y merece ser validado y acompañado.

“Un duelo desautorizado o tabú”: así llaman las psicólogas al duelo animal que la sociedad aún no valida

La psicología tiene un nombre para esa sensación de tener que llorar la pérdida de un ser querido a escondidas: “duelo desautorizado o tabú”, que es el que, según describe Inés, surge ante una pérdida que la sociedad “no reconoce, no valida o no considera digna de ser llorada públicamente”. Y este matiz es importante, porque habla de un dolor que el entorno no comprende y no da la importancia que merece.

Según Inés, influye mucho el hecho de que vivimos en una sociedad “bastante tanatofóbica”, a la que le cuesta mirar de frente a la muerte y, con ella, el dolor que deja. Si ya resulta incómodo hablar de despedidas en general, hacerlo de las que no se entienden, como la de un perro o un gato, lo es todavía más. Y así, muchas personas acaban interiorizando que están solas frente a esa pena, que deberían “superarlo rápido” y no sentirse tan mal.

Ahora bien, la propia Inés admite que “ya se reconocen cambios significativos y el rumbo va cambiando”. Así, poco a poco este duelo se nombra con más naturalidad, y ese simple hecho ayuda a desmontar el tabú.

Frases que hacen daño: “adopta otro” y otras formas de invalidar el dolor

Quien ha perdido a un animal probablemente habrá escuchado alguna de estas frases. Deborah recuerda que todavía se hacen comentarios desafortunados como “adopta otro” o “si estás así por un animal, ¿qué pasará cuando falte alguien cercano a ti?”. En la mayoría de casos no suele haber mala intención, pero el mensaje de fondo es demoledor para quien está atravesando un duelo por su mascota. Sin darse cuenta, con la primera frase se trata al animal como algo intercambiable, y con la segunda se obliga a la persona a justificar su tristeza comparándola con una futura pérdida que ni siquiera ha ocurrido.

Y detrás de este tipo de frases siempre hay un mismo efecto: se invalida el dolor. Quien las recibe entiende que, aunque no se lo digan abiertamente, su tristeza es exagerada. Sin embargo, como señala Deborah, para muchas personas el animal con el que han compartido casa y rutinas durante años es uno de los seres más cercanos de su vida.

Esa invalidación no se queda en un mal rato. Según Deborah, obliga a la persona a “sufrir hacia dentro”, “sintiendo culpa o incluso vergüenza por estar devastada”. En lugar de buscar consuelo, aprende a callar, a reprimir las lágrimas delante de los demás y a dudar de si lo que siente es proporcionado.

Ese es, precisamente, el riesgo que señalan las psicólogas: “Un duelo que se esconde, es un duelo que se complica”. Lo que no se comparte ni se expresa no desaparece, sino que se queda dando vueltas, y eso puede convertir una tristeza natural en un proceso más largo y más difícil de sobrellevar.

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Sin funerales ni bajas: cuando faltan los rituales de despedida

Además de no encontrar comprensión, quien pierde a su animal tampoco suele contar con una despedida reconocida socialmente. Deborah lo explica al señalar que “carecemos de rituales colectivos para los animales”, no hay “funerales socialmente integrados ni bajas laborales por su fallecimiento”, algo que, en sus palabras, “invisibiliza por completo el proceso”.

Cuando muere una persona, hay unos días para asimilarlo, una ceremonia y un entorno que acompaña. Los rituales cumplen una función que solemos pasar por alto: marcan que ha ocurrido algo importante, reúnen a los demás alrededor de quien sufre y le dan permiso para parar. Con un animal, en cambio, aunque algunos crematorios ofrezcan salas privadas, la despedida suele reducirse a unos minutos y sin una ceremonia organizada. Y al día siguiente todo sigue como si nada.

Esa ausencia de rituales de despedida no es casual. Inés la relaciona con un sesgo cultura que nos hace “jerarquizar el dolor”, algo que ya sucede entre personas y se acentúa cuando quien se va es de otra especie. El problema de fondo, según explica, es que asumimos “erróneamente” que el valor de un vínculo depende en parte de la biología y no de “la carga afectiva”. Si el afecto es lo que pesa, no hay motivo para que unas despedidas tengan rituales y otras no.

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“Abraza su llanto”: cómo actuar si alguien cercano ha perdido a su animal

Dado que la sociedad todavía no ofrece esos rituales de despedida ni bajas laborales, buena parte del consuelo depende de quienes rodean a la persona que sufre. Y para eso no hace falta buscar las palabras perfectas. Inés propone empezar por algo muy sencillo: “Abraza su llanto, no asumas que se le pasará rápido”. Cada duelo lleva su propio ritmo, y ponerle plazo a la tristeza ajena es otra forma de invalidarla.

La clave, según las psicólogas, está en dos ideas: “humildad y presencia”. Es decir, hay que aceptar que no está en nuestra mano hacer desaparecer el dolor. “No debes arreglar nada, solo estar ahí por si te necesita”, resume Inés. Escuchar sin prisa, dejar que la persona hable de su animal tantas veces como necesite y evitar comentarios que busquen quitar importancia a lo ocurrido o juzgar, así se valida el duelo.

Y si eres tú quien está atravesando esa pérdida, las psicólogas recuerdan: “Tu dolor es real, proporcional al amor que sentías y tienes todo el derecho a llorar su ausencia”.

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