Paula Calvo, experta en antrozoología: “Un perro o un gato no debería tener la responsabilidad de hacernos felices”
Cuando una persona se plantea adoptar un perro o un gato, puede hacerlo con la esperanza de sentirse más acompañada o de mejorar su estado de ánimo en su día a día. Sin embargo, ¿es justo depositar en un animal la responsabilidad de hacernos felices?
Paula Calvo, experta en antrozoología, invita a reflexionar sobre las expectativas que ponemos en este vínculo. “Un perro o un gato no debería tener la responsabilidad de hacernos felices”, defiende en una publicación en Instagram en la que analiza qué dice la ciencia sobre la relación entre los animales de compañía y nuestro bienestar.
La experta no cuestiona que convivir con ellos pueda aportarnos y ayudarnos mucho, sino la idea de que su presencia vaya a resolver por sí misma nuestro malestar emocional. Porque, aunque el vínculo puede ser una fuente de alegría y compañía, que a su vez nos ayude en determinados aspectos o situaciones, adoptar un animal no garantiza que vayamos a sentirnos más felices, y el valor de este vínculo tampoco debería depender de ello.
Por qué Paula Calvo pide revisar las expectativas que ponemos en los animales
Cuando un perro o un gato llega a la familia, es comprensible esperar que su compañía nos aporte alegría. El problema aparece cuando depositamos en esa relación la expectativa de resolver nuestro malestar emocional o de hacernos sentir bien en cualquier circunstancia.
“Si lo incorporamos esperando que resuelva nuestra ansiedad, soledad o tristeza, las expectativas pueden ser difíciles de cumplir”, advierte Calvo. Como recuerda la experta, los animales “no son una solución mágica para nuestro bienestar”.
Esto no significa que no puedan ayudarnos a sentirnos acompañados o que su presencia no pueda contribuir positivamente a nuestra vida. De hecho, en muchísimos casos sí ayudan a sus tutores a sentirse mejor. Lo que significa es que no podemos exigirles que cubran todas nuestras necesidades emocionales ni esperar que la convivencia produzca siempre el mismo efecto positivo.
Además, cada relación es diferente. Las circunstancias personales, las necesidades del animal y la manera en que se desarrolla la convivencia influyen en la experiencia. Por eso, idealizar la vida con perros y gatos puede generar unas expectativas que no siempre se corresponden con la realidad.
Qué ocurre con nuestro bienestar después de adoptar un animal
La relación entre convivir con animales y nuestro bienestar es más compleja de lo que muchas veces pensamos. Como sucede en cualquier relación, también habrá días difíciles, preocupaciones y situaciones que nos generen estrés.
Las responsabilidades del cuidado, los gastos, los cambios de rutina o los problemas de salud y comportamiento pueden afectar a nuestro bienestar. Incluso cuando queremos profundamente a un animal, es posible sentir agotamiento o frustración en determinados momentos. Estas emociones no significan que la adopción haya sido un error ni que el vínculo sea menos valioso.
La reflexión de Paula Calvo va precisamente en esa dirección. La compañía de un perro o un gato puede aportarnos mucho, pero no garantiza que nos sintamos felices en todo momento ni que desaparezcan las preocupaciones que forman parte de nuestra vida.
En su publicación, Calvo pone como ejemplo un estudio de 2025 publicado en Scientific Reports, que analizó cómo evolucionaba el bienestar de las personas después de incorporar un animal a sus vidas. Según explica la experta, la investigación encontró que el aumento inicial de la alegría duró entre uno y cuatro meses y que, posteriormente, se observaron descensos en varias medidas de bienestar. Los resultados no significan que convivir con animales nos haga infelices, pero sí cuestionan la idea de que su llegada mejore nuestro estado de ánimo de forma automática y duradera. El estudio, además, presenta limitaciones, como el reducido número de participantes que incorporaron un animal y el contexto excepcional de la pandemia, por lo que sus resultados deben interpretarse con cautela.
Convivir con un animal también implica responsabilidades y preocupaciones
La llegada de un perro o un gato trae mucha ilusión y alegría, pero también transforma el día a día. Hay que adaptar los horarios, atender sus necesidades, asumir gastos y organizar las vacaciones teniendo en cuenta su bienestar. A esto se pueden sumar dificultades relacionadas con la salud o el comportamiento que requieren tiempo, paciencia y, en ocasiones, ayuda profesional.
Estas circunstancias no significan que la convivencia sea una experiencia negativa. Simplemente recuerdan que cuidar de un animal implica un compromiso que va más allá del amor que sentimos por él y que, en determinados momentos, puede generar preocupación, cansancio o estrés.
Lo importante no es esperar que la relación sea siempre fácil, sino contar con herramientas para afrontar las dificultades y gestionar las emociones que surgen durante la convivencia.
El valor del vínculo con un animal va más allá de cómo nos hace sentir
Paula Calvo invita a cambiar la mirada: un perro o un gato puede hacernos muy felices, pero no necesita mejorar nuestra salud ni resolver nuestros problemas para que la relación tenga valor. «Tu perro no necesita alargar tu vida para que vuestro vínculo sea valioso. Y tu gato no necesita reducir tu estrés para merecer amor y respeto», recuerda la experta.
Querer a un animal también significa aceptar que no siempre nos hará sentir bien, que habrá momentos de preocupación y que cuidar de él requiere tiempo y compromiso. Su compañía puede ayudarnos a sobrellevar etapas difíciles, pero no tiene que cargar con la responsabilidad de resolverlas. Al final, como defiende Calvo, lo importante es construir un vínculo basado en el cuidado y el respeto mutuos, sin medir lo que vale por cuánto mejora nuestra vida.
