Dos hermanas de Oviedo crean un proyecto para cuidar gatos en sus casas cuando sus familias se van: “No sabíamos que hiciera tanta falta”
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Magali y Luciana Belli querían convivir con gatos desde niñas. Aquella afición terminó convirtiéndose, años después, en una actividad con una demanda que ni siquiera ellas habían previsto. Las dos hermanas, de 29 y 25 años, cuidan gatos en sus propios domicilios de Oviedo y alrededores cuando sus responsables tienen que viajar o permanecer fuera de casa.
Los expertos confirman que los gatos “deben estar supervisados incluso los fines de semana si el tutor se va”. Por lo que la dificultad para encontrar trabajo relacionado con esa formación las llevó a ofrecer cuidados a domicilio. Primero publicaron un anuncio, después recurrieron a plataformas especializadas y finalmente abrieron un perfil en redes sociales. La respuesta las sorprendió: “No sabíamos que la gente necesitase tanto un servicio así”, reconocen.
Los gatos prefieren quedarse en un territorio conocido cuando su tutor se marcha
La fórmula tiene una característica particularmente interesante cuando se trata de gatos: permite que el animal permanezca en un territorio conocido. Lejos del tópico que presenta al gato como un animal completamente independiente, que puede estar solo mucho tiempo, necesita atención diaria y un entorno que le proporcione seguridad.
Las guías sobre necesidades ambientales felinas de la AAFP y la ISFM señalan que el bienestar del gato está estrechamente relacionado con su entorno. Los felinos prefieren territorios familiares, donde conocen los recursos y pueden mantener cierto control sobre lo que ocurre. La previsibilidad, la familiaridad y las rutinas contribuyen a su capacidad para afrontar situaciones potencialmente estresantes.
Por eso, cuando las circunstancias lo permiten, contar con una persona que acuda al domicilio puede evitar el traslado a un lugar desconocido. Esto no significa que todos los gatos reaccionen igual ni que una residencia felina adecuada sea necesariamente una mala alternativa. La personalidad, la salud, la edad y las necesidades de cada animal deben tenerse en cuenta.
Las propias hermanas siguen esa filosofía. Antes de aceptar un servicio realizan una visita para conocer al gato, hablar con sus responsables y familiarizarse con sus rutinas. Después acuden los días y durante el tiempo acordado para renovar comida y agua, atender la bandeja sanitaria y ofrecer juego o compañía.
Respetar al gato también significa saber cuándo dejarlo tranquilo
Uno de los principios de Magali y Luciana consiste precisamente en no forzar el contacto. Algunos gatos buscan caricias en cuanto llega el cuidador; otros prefieren observarlo desde cierta distancia o esconderse hasta sentirse seguros, por lo que hay que entender cuando el gato no está cómodo.
"Intentamos respetar siempre la personalidad de cada uno", explican. Con el paso de los días también procuran averiguar qué juguetes despiertan su interés y cuál es la mejor manera de relacionarse con cada animal.
La idea coincide con las recomendaciones veterinarias sobre bienestar felino. Un hogar apropiado debe ofrecer lugares seguros, zonas de descanso, recursos de alimentación e hidratación, bandejas sanitarias, superficies para arañar y oportunidades para jugar y desarrollar conductas naturales.
En gatos particularmente tímidos, la labor del cuidador no debería consistir en obligarlos a interactuar. Mantener horarios previsibles, comprobar que comen, beben y utilizan normalmente el arenero, y detectar cualquier cambio relevante puede ser mucho más importante que conseguir que el animal salga de su escondite.
Los detalles a tener en cuenta antes de contratar a un cuidador de animales
Dejar las llaves de casa y un animal a cargo de otra persona exige confianza. Una entrevista previa permite explicar sus horarios, alimentación, posibles tratamientos, comportamiento y teléfono del veterinario habitual. También resulta recomendable acordar qué debe hacerse ante una urgencia y dejar por escrito las instrucciones importantes.
Magali y Luciana cuentan con formación como auxiliares de veterinaria y aseguran que pueden ocuparse de animales que requieren cuidados específicos. Su experiencia también les ha enseñado a comprobar puertas y ventanas para impedir fugas, especialmente después de una curiosa anécdota: en una vivienda de Trubia encontraron un gato que no era el que debían cuidar. El animal del vecino se había colado accidentalmente antes de que los propietarios salieran de viaje.
La responsabilidad última sobre el bienestar del animal continúa siendo fundamental. La Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales establece que los responsables de animales de compañía deben mantenerlos en condiciones de vida dignas que garanticen su bienestar y desarrollo saludable.
Para Magali y Luciana, mientras tanto, cuidar gatos puerta por puerta podría ser solo el comienzo. Su objetivo futuro es abrir una tienda de alimentación para animales desde la que puedan continuar ofreciendo este servicio. Una profesión nacida de aquella primera gata que llegó a casa en 2008 y que ahora les permite conseguir algo especialmente valioso para muchos felinos: que, aunque sus tutores tengan que marcharse unos días, ellos puedan seguir sintiéndose en casa.
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