La psicología dice que las personas no viven con gatos solo por cariño, sino por no rodearse de gente y sentirse acompañadas
Los seres humanos tenemos personalidades y formas de ser muy diferentes los unos de los otros y, en cierta medida, nuestra manera de pensar y de percibir el mundo que nos rodea guarda relación con nuestras preferencias a la hora de compartir el día a día con un animal en casa. Mientras unos buscan la interacción social constante, otros son más independientes y valoran más la tranquilidad y el espacio personal y esto queda reflejado en la predilección por los perros o los gatos.
Aunque las tendencias no se cumplen necesariamente en todos los casos, estudios recientes en el ámbito de la psicología humana han encontrado diferencias significativas en la personalidad de quienes declarar preferir la compañía felina frente a los amantes de los perros.
Los rasgos de personalidad que distinguen a los amantes de los gatos
Los seres humanos llevamos miles de años conviviendo con perros, gatos y otros animales y la manera en que nos relacionamos con ellos ha suscitado un gran interés científico.
Una de las investigaciones más reconocidas acerca de esta cuestión fue publicada en el año 2010 en la revista Anthrozoös. En este estudio, más de 4.500 participantes completaron un cuestionario que exploraba los cinco grandes rasgos de la personalidad humana: extraversión, responsabilidad, neuroticismo, apertura a la experiencia y amabilidad. A su vez, los participantes fueron divididos en grupos en función de si manifestaban preferir a los perros o si se declaraban amantes de los gatos.
Las respuestas obtenidas en las pruebas de personalidad se analizaron junto con las preferencias individuales de cada participante con el objetivo de poder establecer una relación estadísticamente significativa entre un aspecto y el otro.
Los resultados mostraron que aquellos que se identificaban como amantes de los gatos presentaban, en promedio, niveles más bajos de extraversión, amabilidad y responsabilidad que quienes preferían a los perros, pero obtenían una mayor puntuación en neuroticismo y apertura a la experiencia. Es decir, en términos meramente estadísticos, se llegó a la conclusión de que las personas que escogen convivir con gatos tienden a ser más curiosas e imaginativas, presentan menor tolerancia a la frustración y el estrés y valoran positivamente la independencia y el tiempo a solas.
Por qué los gatos encajan con quienes valoran más su independencia
Una de las conclusiones más llamativas del citado estudio es el hecho de que los amantes de los gatos parecen ser, de media, algo más tímidos, introvertidos o solitarios que aquellos que prefieren la compañía de un perro.
Lo cierto es que un nivel menor de extraversión no equivale necesariamente a permanecer aislado del mundo. Una persona puede, perfectamente, disfrutar de relaciones afectivas profundas y tener una vida social satisfactoria y, aún así, preferir los encuentros íntimos o los grupos de amigos pequeños frente a los ambientes muy concurridos. En este sentido, la preferencia por los gatos podría estar relacionada, en algunos casos, con una mayor afinidad por los entornos tranquilos y por aquellas formas de compañía que permiten mantener cierta independencia.
Precisamente, una de las características que hacen particular la convivencia con los gatos y que resulta tan atractiva para muchos es el hecho de que estos animales ofrecen cariño y compañía sin necesidad de interacción constante. La mayoría de gatos suelen ser más autónomos que los canes y disfrutan de descansar y pasar tiempo junto a sus tutores, pero no suelen ser tan exigentes en cuanto a demandas de atención.
Por tanto, muchas de las personas que prefieren convivir con felinos antes que con canes es porque, aparte del cariño y el vínculo que puedan llegar a tener con ellos, valoran más la independencia, el espacio personal y la compañía sin rodearse de mucha gente.
Ahora bien, no debe confundirse la independencia del gato con una ausencia de necesidades. Los felinos son seres sociales que establecen vínculos estrechos con sus tutores y que necesitan estimulación, cuidados y un entorno adecuado en el que se sientan seguros y cómodos. Debe existir una compatibilidad entre la personalidad y disponibilidad del tutor, las características del animal y las condiciones de vida de ambos. No se trata de que unos animales sean mejores compañeros que otros, sino de que cada relación ofrece experiencias diferentes.
Qué dice la ciencia sobre los gatos y el sentimiento de soledad
Sin lugar a dudas, la compañía de un gato puede aportar un bienestar emocional de valor incalculable para las personas, pero esto no significa necesariamente que eliminen por completo el sentimiento de soledad que pueden sentir algunos tutores. Las relaciones sociales con otros humanos son importantes para las personas y, aunque uno valore la independencia y las actividades autónomas, sigue resultando importante contar con una red de apoyo formada por amigos o familiares.
En este sentido, una revisión publicada en 2022 la revista Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology analizó los estudios disponibles sobre la relación entre tener animales de compañía, el sentimiento de soledad y el aislamiento social. Los autores encontraron resultados heterogéneos, lo que significa que, aunque para la mayoría de tutores sus animales suponen una fuente imprescindible de afecto, no es posible afirmar que el hecho de convivir con un gato o un perro reduzca el sentimiento de soledad y la sensación de aislamiento social en todas las personas. Esto dependerá de un gran número de factores, como pueden ser el vínculo que se tenga con el animal, las circunstancias personales o las responsabilidades que implica su cuidado.
En definitiva, escoger a los gatos sobre los perros no significa necesariamente ser menos sociable o tener dificultades para relacionarse. Algunas personas, simplemente, encuentran en ellos una forma de compañía más compatible con su estilo de vida y sus preferencias personales.
