La realidad de las protectoras en España: cuatro de cada diez funcionan sin trabajadores remunerados

 
Por María Besteiros, ATV y peluquera canina/felina. 7 octubre 2026

La Fundación Affinity es de sobra conocida por su labor en torno a los animales de compañía. Esta entidad sin ánimo de lucro se encarga de estudiar el papel que juegan estos animales en la sociedad y sus vínculos con los seres humanos.

Recientemente, han publicado el estudio Él Nunca Lo Haría, sobre el abandono y la adopción en España durante el año 2025. En este estudio también recogen datos relevantes alrededor de las asociaciones protectoras, entidades desbordadas que, sin apenas recursos, deben gestionar una enorme cantidad de animales.

Más animales y los mismos recursos: el estudio refleja la realidad de las protectoras españolas

Como hemos dicho, la Fundación Affinity es una entidad encargada de observar la relación entre personas y animales de compañía y su papel en la sociedad. Elabora informes que permiten dar a conocer datos muy relevantes, en especial en lo relativo al abandono. Los resultados pueden contribuir a mejorar y optimizar los recursos disponibles, ya que parten de la expresión de las necesidades de las propias entidades de protección.

En concreto, el estudio se ha centrado en la manera en la que las protectoras se enfrentan, día a día, a su trabajo en la recogida y adopción de los animales abandonados. Todas coinciden en pedir más ayuda, voluntariado e implicación de las instituciones. El estudio, además, refleja la problemática de las personas involucradas en estas protectoras, ya que el estrés al que se enfrentan a diario provoca perjuicios a nivel emocional. Los animales no dejan de llegar y los recursos no se multiplican.

Ayudar a los animales también puede pasar factura a quienes trabajan en las protectoras

La Fundación evalúa el estado anímico de las personas involucradas en las entidades de protección animal mediante el modelo ProQOL-Health, una herramienta especialmente diseñada para medir las experiencias positivas y negativas del personal sanitario en situaciones de crisis o dificultades. Este modelo se determina por cinco dimensiones, que son las siguientes:

  • Satisfacción por compasión, que es aquella derivada de comprobar que se está ayudando a otros, que el trabajo personal marca la diferencia y, en consecuencia, supone una gran motivación. Según la Fundación, la mayor recompensa se siente en la adopción, que cifra en el 42,9 % de los perros recogidos y en el 41,9 % de los gatos.
  • Percepción de apoyos al trabajo desempeñado, lo que miden en función del voluntariado, que se calcula en 29,1 personas por cada asociación.
  • Burnout es el síndrome que afecta a trabajadores “quemados”, es decir, aquellos que se encuentran en un estado de agotamiento físico y mental por el estrés que sufren en su entorno laboral, que acaba por impedirles realizar bien su tarea. Hay que tener en cuenta que en España, en el 2025, se recogieron casi 300.000 perros y gatos, lo que da idea del contexto en el que se mueven estas personas, encima sin recursos ni trabajadores suficientes. Esta situación se relaciona, claramente, como figura en el estudio de Affinity, con la percepción de que, por mucho que se haga, nunca será suficiente.
  • Estrés traumático secundario, que es similar al estrés postraumático y que se presenta al exponerse a los traumas de terceros. No puede olvidarse que las personas involucradas en la protección animal están continuamente expuestas a historias de sufrimiento terribles, al punto de que el 16,3 % de los gatos y el 4,8 % de los perros recogidos fallecen. Muchos otros no encuentran hogar y su estancia se prolonga durante meses o años en la entidad, impactando emocionalmente en los cuidadores.
  • Estrés moral, que se refiere al estrés que surge cuando se conoce la opción ética que habría que tomar, pero es imposible hacerlo por múltiples obstáculos en el entorno. Es fácil entender que este tipo de estrés es muy común en la protección animal, pues la carencia de recursos y espacios obliga a tener que priorizar y a no poder ofrecer a los acogidos todo lo que sería necesario.

El 39 % de las protectoras no cuenta con ningún trabajador remunerado

Aunque la Fundación valora el trabajo realizado por el voluntariado, también pone de manifiesto una realidad que podemos considerar precaria, pues casi 4 de cada 10 asociaciones, el 39 %, no disponen de ningún trabajador remunerado, con lo que toda la tarea recae sobre personas que ayudan de forma altruista y en su tiempo libre.

Aún más, aproximadamente la mitad de estas asociaciones no llega a los 10 voluntarios. Como resalta la propia Fundación, esta situación puede repercutir muy negativamente, sobre todo, en las protectoras de tamaño más pequeño, que sentirán menos apoyo, recordemos, uno de los elementos determinantes a la hora de valorar el estado anímico del personal.

La Fundación recomienda reforzar este apoyo, ampliando la red de voluntarios, y valora la situación general como compleja, ya que en las asociaciones protectoras conviven experiencias muy gratificantes con otras que generan un elevado estrés.

En definitiva, la situación real de las protectoras en España nos habla de asociaciones con un porcentaje reducido de personal asalariado e importantes redes de apoyo voluntario, salvo en las más pequeñas. Conocer estos datos es fundamental para mejorar el cuidado de las personas que cuidan, así como la viabilidad de todas estas organizaciones.

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